EL MITO DE ESPARTA. UN ITINERARIO POR LA CULTURA OCCIDENTAL – César Fornis

"El mito de Esparta. Un itinerario por la cultura occidental" de César Fornis

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EL MITO DE ESPARTA. UN ITINERARIO POR LA CULTURA OCCIDENTAL – César Fornis

EL MITO DE ESPARTA. UN ITINERARIO POR LA CULTURA OCCIDENTAL – César Fornis

Aquellas cuatro victorias hermanas, bellas como ninguna otra que haya visto el sol, de Salamina, Platea, Mícale, Sicilia [se refiere a la batalla de Hímera], no osarían nunca oponer su gloria conjunta a la gloria de la derrota del rey Leónidas y los suyos en el paso de las Termópilas.
Michel de Montaigne, Sobre los caníbales.

¿Cuántos lugares del mundo, cuántas ciudades, pueden presumir de lo mismo que Esparta? De tener una fama milenaria, una cultura que perdura a través de los siglos, un modo de vida que ha provocado admiración (en el buen o el mal sentido), inspirado comportamientos a escala individual y social, y ha sido origen a topónimos; lo espartano se ha colado desde en la cultura de masas hasta en la alta política. Como dice Paul Cartledge y César Fornis recoge, «para bien o para mal, Esparta es una marca registrada (a brand), no sólo un nombre».

Ya para los antiguos griegos Esparta era una polis axiólogos (ciudad memorable, digna de ser recordada). Y, de nuevo citando a Cartledge a través de Fornis, de no ser por los espartanos la gloria de Grecia «o bien en gran medida no habría tenido lugar en absoluto, o bien habría sido olvidada por la posteridad». Para quien no lo sepa, Cartledge es una de las máximas autoridades mundiales en asuntos espartanos (Los espartanos, Térmópilas. La batalla que cambió el mundo), con el permiso de César Fornis. Por ello es inevitable que su nombre aparezca, y varias veces, en el libro que este último acaba de reeditar siete años después: El mito de Esparta. Un itinerario por la cultura occidental. Esta nueva edición supone una revisión de la anterior, ampliando y actualizando algunas partes e incorporando un extenso capítulo final dedicado a la presencia del mito espartano en España e Hispanoamérica entre los siglos XVI y XIX. En total unas ciento cincuenta páginas más con respecto al libro de 2019.

Antes de seguir, y respondiendo a la pregunta que abre la reseña, hay que decir que no es Esparta la única ciudad que posee un mito que se ha sostenido a lo largo de los siglos. Atenas también tiene el suyo: la ciudad de la democracia, de la luz y la razón, la salvadora de los griegos frente a los bárbaros. Luciano Canfora se encargó de desmontar sin demasiado esfuerzo ese mito en El mundo de Atenas. En cuanto al desmantelamiento del mito espartano, como acercamiento puede ojearse el relato del declive de Esparta que Philip Matyszak lleva a cabo en Esparta. La derrota del guerrero. El libro de Fornis sobre Esparta no pretende desmontar el mito espartano, sino describir su recorrido desde los tiempos de los propios griegos antiguos hasta la actualidad, y mostrar la impronta que ha tenido en las diferentes sociedades que lo han considerado y, en numerosas ocasiones, malinterpretado. ¿Y en qué consiste ese mito? En detalles formales y en apariencia de calado meramente estético, como llevar el cabello largo, vestir ropas austeras, hacer comidas frugales, hablar poco y comportarse en general de modo sobrio y moderado. Pero practicar un fraseo corto, dejarse crecer el pelo o tomar sopa elaborada con vísceras de cerdo, sangre, vinagre, sal y extrañas hierbas aromáticas, no basta para comulgar con el mito espartano; este entraña algo que va mucho más allá de la simple estética: una forma de educar, una forma de gobernar, un modo de entender el mundo, un modo de vivir. El laconismo espartano no es una simple economía de palabras, sino que encierra una sabiduría ancestral que además se enfrenta a la proverbial elocuencia de los griegos, en especial los atenienses.

El germen que encarnó el mito espartano fue el legendario Licurgo. Autores como Platón, Tucídides o Aristóteles ni siquiera le mencionan en sus obras, pero toda consideración de lo que suponía el modo de vida espartano, al menos en la Antigüedad, acababa recayendo en última instancia en el legislador, a quien Plutarco dedicó una de sus Vidas paralelas a pesar de tal vez no haber existido jamás. De hecho, Plutarco dedicó otras cuatro vidas a espartanos ilustres, en un evidente interés por preservar el papel de Esparta en la herencia de Grecia. En este viaje en el tiempo que nos propone Fornis vemos que Roma, sin renunciar un ápice a su primer puesto en el podio de ciudades gloriosas, enalteció con cierta condescendencia a los espartanos, cuya ciudad era por aquellos tiempos apenas una ridícula ciudad de provincias, una especie de parque temático de un pasado en muchos casos imaginario.

El lector asiste a un fascinante desfile de autores, políticos, filósofos y movimientos que vieron en Esparta aquello que necesitaban ver. La Edad Media relegó a Esparta al mismo olvido que al resto de la Antigüedad clásica, y hubo que esperar al Renacimiento para que los antiguos griegos regresaran al centro del debate intelectual. Entonces figuras como Maquiavelo, uno de los primeros que en la modernidad se sirvió de la Antigüedad como arma política e ideológica, recuperaron el ejemplo espartano y lo utilizaron como instrumento de reflexión política e ideológica, llegando a comparar la constitución de Venecia con la de la polis lacedemonia. No resulta extraño que Montaigne, cuyas palabras abren esta reseña, otorgara a Esparta el honor de representar el mejor régimen político jamás conocido en Occidente. Tampoco sorprende encontrar ecos del ideal espartano en autores tan diversos como Jonathan Swift, quien introdujo en sus Viajes de Gulliver elementos claramente inspirados por la admiración hacia la austeridad y la virtud cívica de los lacedemonios. Durante el siglo XVIII el filolaconismo alcanzó cotas extraordinarias. La Europa ilustrada veía en los espartiatas un ejemplo de obediencia a las leyes, moderación y patriotismo. La Revolución Francesa llevó todavía más lejos esta apropiación del pasado espartano. Los jacobinos convirtieron Esparta en un modelo político y moral, exaltando el sacrificio colectivo y la subordinación del individuo a la comunidad.

Al otro lado del Atlántico el joven Estado norteamericano incorporaba igualmente referencias espartanas a sus debates políticos. Fornis muestra con especial interés cómo, a medida que crecían las tensiones entre el norte y el sur de Estados Unidos, Atenas y Esparta terminaron funcionando como símbolos contrapuestos de dos modelos sociales irreconciliables. Los estados del Norte y los del Sur eran dos antagonistas condenados, según John Adams, a repetir otra guerra del Peloponeso. Sin embargo, durante el curso del siglo XIX se produjo un cierto desplazamiento del interés hacia Atenas, cuya asociación con la democracia y las libertades modernas resultaba más atractiva para las sensibilidades liberales. El péndulo volvió a oscilar durante el siglo XX, cuando algunos regímenes totalitarios (nazismo, estalinismo) recuperaron los aspectos más sombríos del imaginario espartano. La exaltación de la disciplina, la educación estatal, el militarismo o la idea de una élite racial dirigente encontraron inquietantes paralelismos en el sistema político de la antigua Esparta, aunque buscaran legitimarse mediante ella. El modelo espartano, donde una minoría guerrera y racialmente superior de 6.000 familias tenían sometidos a 350.000 hilotas, les inspiraba. En el panorama mundial esta tendencia ha llevado a asociar, siquiera de modo inconsciente, al bloque comunista (la Unión Soviética en su momento, Rusia en la actualidad) con Esparta, y al capitalista (Estados Unidos) con Atenas.

Naturalmente, el recorrido desemboca en la cultura popular contemporánea. Películas, novelas, cómics, videojuegos, equipos deportivos e incluso topónimos mantienen viva la memoria de Esparta en formas que habrían resultado inimaginables para los antiguos griegos. Fornis dedica páginas especialmente interesantes a este aspecto. Un caso llamativo es, sin duda, el del cómic 300 y todo el fenómeno cultural generado a su alrededor. A partir del cómic de Frank Miller y de su adaptación cinematográfica, los espartanos se convirtieron en campeones de la libertad, la democracia y la civilización frente a unos persas afeminados, presentados como la encarnación de la tiranía y la barbarie. Y es que, como dice Paul Cartledge, «el mito de Esparta se forjó decisivamente en el yunque de las Termópilas». En última instancia, toda la construcción mítica termina regresando a Leónidas y sus trescientos. Desde Heródoto hasta nuestros días, pasando por Montaigne, para quien aquella derrota valía más que las grandes victorias griegas sobre Persia, las Termópilas han proporcionado a Occidente uno de sus relatos ejemplares más poderosos: el sacrificio heroico de unos pocos frente a la inmensidad del enemigo. El análisis que Fornis realiza de la pervivencia de este episodio, llegando incluso a la política del siglo XXI, constituye uno de los momentos más brillantes del libro.

La principal novedad de esta segunda edición se encuentra en el extenso capítulo final dedicado a las lecturas hispanas del mito espartano. Desde el siglo XVI hasta el XIX, desfilan por las páginas de El mito de Esparta escritores, poetas, políticos e intelectuales españoles e hispanoamericanos que recurrieron a Licurgo, Leónidas o la constitución espartana para defender sus propias ideas. El resultado es una investigación tan exhaustiva como reveladora, que demuestra hasta qué punto el influjo de Esparta también forma parte de nuestra tradición cultural.

El mito de Esparta no es, obviamente, una historia sobre la ciudad de Esparta. Es la historia de cómo una comunidad relativamente pequeña del Peloponeso terminó convirtiéndose en un espejo donde generaciones enteras proyectaron sus ideales, sus temores y sus obsesiones. El trabajo de Fornis en esta obra es colosal. Plagado de citas y referencias, el libro es erudito sin resultar en absoluto inaccesible, ambicioso pero siempre ameno. El mito de Esparta se confirma como una obra de referencia para comprender no solo a los espartanos, sino también y sobre todo, a todos aquellos que, durante más de dos mil años, creyeron encontrar en ellos la respuesta a las preguntas de su propio tiempo.

*****

César Fornis, El mito de Esparta. Un itinerario por la cultura occidental. Madrid, Alianza Editorial, 2026, 534 págs.

4 Comentarios

  1. Este libro lo leí hace algún año, me gustó mucho, y ahora que el autor ha publicado una actualización que responde a casi doscientas páginas más, lo voy a revisar en breve. Entiendo que resulta más jugoso que su primera edición. Bienvenido sea.

  2. Esta segunda edición es una versión «long play» de la primera, en algunos capítulos y sobre todo con la incorporación de ese capítulo final. Si te gustó la edición anterior, esta no te defraudará.

  3. Un libro estupendo, buenísimo. Supongo que leí la versión anterior pero era esa misma portada, en 2017. Cómo sacar jugo a las fuentes y ponerlo todo en perspectiva.

  4. Mmm, no sé si entonces la edición que tengo es con el cuadro decimonónico de Leonidas. Debe serlo porque me lo leí para 2017 o 2019 .

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