ESQUILO, POETA DE LA GUERRA – Marta González González

Puntuación: 7.5
Lo bueno: Volvemos a los clásicos; eso siempre está bien.
Lo menos bueno: se acerca a lo que sería una lectura especializada

«En un libro reciente sobre la tragedia griega* se dice, citando a Anne Carson, que la tragedia existe porque estamos llenos de rabia. ¿Por qué esa rabia? Dice Carson que porque estamos llenos de dolor. Y el autor se pregunta entonces, ¿por qué ese dolor? Y la respuesta que propone es “porque estamos llenos de guerra y se está matando a gente”. Si esto es así, los tiempos que estamos viviendo parecen muy apropiados para volver sobre la tragedia y, muy en concreto, sobre la tragedia de Esquilo».
*Simon Critchley, La tragedia, los griegos y nosotros. Madrid, Turner, 2020.

Al comentario de Marta González a la cita de Critchley en relación a lo que dice la poeta y profesora de literatura clásica Anne Carson, habría que añadir: no solo los tiempos que ahora vivimos son apropiados para volver sobre la tragedia: para su desgracia, el ser humano siempre ha hecho la guerra y siempre ha matado gente. Así que cualquier tiempo ha sido bueno para acudir a la tragedia.

Sobre Esquilo, corríjaseme si me equivoco, lo cual es más que probable, apenas existen monografías en castellano (y no sabría decir si tampoco demasiadas en el mercado anglosajón, a tenor de la bibliografía que acompaña la obra objeto de esta reseña, en la que abundan artículos, capítulos de libros e introducciones a las obras de Esquilo). Sucede lo mismo con sus compañeros de profesión Sófocles y Eurípides: tenemos traducciones de los clásicos El mundo trágico de Sófocles de Charles Segal, el Sófocles de Karl Reinhardt, el Eurípides de Gilbert Murray, y poco más. Para Esquilo contamos con la obra homónima de nuevo de Gilbert Murray, con Esquilo: el gran perdedor de Ismaíl Kadaré (que no es exactamente una biografía), con el poco conocido Lonjas del banquete de Homero de Librán Moreno… Y ahora a esa escueta lista se incorpora Esquilo, poeta de la guerra de la catedrática de filología griega Marta González González, un breve pero interesante ensayo dedicado a la obra del autor ateniense.

Esquilo es, de la tríada de trágicos de quienes conservamos obras completas, el más antiguo y por ello el más cercano al origen de la tragedia como género. Quizá también sea el más arcaico en cuanto al estilo, pero no en la profundidad de sus temas ni en el tratamiento de sus personajes. Nacido en Eleusis, junto a Atenas, en el 525 a.C., vivió de lleno la época de las Guerras Médicas, en algunas de cuyas batallas decisivas tenemos constancia que participó: Maratón en el 490 a.C. y Salamina en el 480 a.C. Esquilo escribió al menos 82 tragedias de las que solo se conservan siete, y obtuvo la victoria en los certámenes dramáticos que se celebraban en Atenas en trece ocasiones. Es conocida la leyenda sobre la causa de su muerte, ya octogenario: un ave arrojó sobre su cráneo una tortuga. Y también es famoso el epitafio que se grabó en su tumba, en el que no se mencionaba su fama como dramaturgo sino su presencia en la batalla de Maratón. Tal hecho siempre se ha tomado como un rasgo de modestia respecto de su obra, y un signo de amor a su ciudad, Atenas, al dejar constancia de su lucha contra el enemigo persa. En un mundo griego donde lo habitual eran los conflictos bélicos y la continua movilización militar en defensa de la ciudad, tiene cierto sentido que Esquilo quisiera ser recordado por lo más destacado que hizo en ese ámbito comunitario, obviando la fama personal de la que gozó ya en vida.

Encaja a la perfección ese epitafio con la temática escogida por la autora de Esquilo, poeta de la guerra. Tanto Esquilo, dice Marta González, como quienes asistían a la representación de sus tragedias, sabían muy bien de qué se hablaba cuando se hablaba de la guerra. El público que se sentaba en las gradas del teatro de Dioniso, en la falda de la acrópolis de Atenas, eran los hombres que habían combatido junto a Esquilo en Maratón, en Salamina, tal vez también en Platea. Todos ellos convivían en una ciudad amenazada por el peligro persa, en una ciudad en ruinas por obra del rey persa Jerjes desde el 480 a.C. Por ello, es un lugar común contemplar las obras de Esquilo desde la perspectiva de un autor inserto en una ciudad que ha padecido los desastres de la guerra, que pese a ello ha crecido y evolucionado, que ha cambiado el régimen tiránico (los pisistrátidas, cuyo gobierno Esquilo conoció en su infancia) por el democrático.

La autora se decanta pues por este camino, pero abre el campo de acción a otros temas. Va viajando de una a otra tragedia en busca de conceptos, ideas y matices que la filóloga malagueña considera relevantes tanto en la obra de Esquilo como en el contexto de la condición humana en la Antigüedad griega. Así, analiza por ejemplo el concepto de orientalismo y su presencia, o su ausencia, en las tragedias de Esquilo. El orientalismo es esa manera de entender el oriente (es decir: aquellas civilizaciones que quedan al este de la nuestra) en la que se cae en la condescendencia, el desprecio y la barbarización y minusvaloración de sus gentes y cultura. Dice González que en la tragedia Persas Esquilo se halla en las antípodas del orientalismo. Tal vez fue a partir de la obra de Heródoto, que fue dada a conocer a mediados del siglo V a.C., cuando los persas comenzaron a ser vistos como bárbaros terribles, parlantes de idioma ininteligible, afeminados y con costumbres depravadas (y esto a pesar de que en la primera parte de sus Historias Heródoto presenta a los persas casi más civilizados que los propios griegos).

Persas fue representada ocho años después de la derrota persa en Salamina, y esa batalla (más bien la reacción de la corte persa al conocer el resultado) es el argumento de la obra. Pero no se trata ni de una exaltación patriótica por la victoria ni de una humillación del enemigo vencido: los protagonistas de la tragedia son la pena y el dolor que sienten el rey, la reina y la corte persas, por la muerte de quienes han caído en la batalla. Lo que pretende mostrar Esquilo es el horror de la guerra, y para ello no escoge el bando vencedor sino el perdedor. No barbariza a los persas sino que los humaniza. Persas es casi un canto al pacifismo, completamente ajeno a la idea de ridiculizar o degradar al enemigo. En otra de las tragedias de Esquilo, Los siete contra Tebas, en la que los griegos de Argos combaten contra los griegos de Tebas por el trono tebano, los argivos parecen más bárbaros que los persas de Persas. Por otro lado, ¿hay orientalismo en la tragedia Suplicantes, donde las hijas egipcias de Dánao huyen de su país y piden refugio en la ciudad griega de Argos? El democrático pueblo argivo y su rey Pelasgo deberán decidir si acoger la súplica de las huidas o arriesgarse a una guerra con Egipto.

El trabajo de Marta González se mueve de ese modo por las distintas tragedias del poeta ateniense, tomando como hilo conductor ideas como la autoctonía, el papel de las mujeres en la guerra, la hýbris (la arrogancia, el orgullo excesivo), la astucia, la persuasión, la violencia… No es, por lo tanto, un análisis exhaustivo de las obras de Esquilo: lo que le importa a la autora es la preocupación del poeta por la condición humana en los asuntos bélicos. Por otro lado, huye explícitamente de la etiqueta de misógino, que tan a la ligera e injustamente se aplica a menudo tanto a Esquilo como al resto de autores de la Antigüedad. Conviene indicar que ya en Entre Ares y Afrodita, obra que Marta González escribió mano a mano con Ana Iriarte, se abordaban algunos de los aspectos sobre Esquilo que aparecen mencionados en el presente ensayo.

Podría parecer que Esquilo, poeta de la guerra va dirigido a un público especializado, tanto por la profusión de referencias a otros autores que han escrito sobre Esquilo, como por el evidente conocimiento que se ha de tener, al menos superficial, de las siete tragedias de Esquilo. Y esto último es siempre recomendable. Pero hay que decir que la lectura no es ni farragosa ni densa, y que no requiere más esfuerzo que el que se le supone a cualquier persona interesada en las obras clásicas. En pocas palabras: bien por la aparición de esta monografía.

*****

Marta González González, Esquilo, poeta de la guerra. Madrid, Alianza Editorial, 2026, 302 págs.

 

 

2 Comentarios

  1. A la espera estoy de que lo traigan a la biblio. Me asustaba un poco que su lectura fuera excesivamente especializada pero como dices que no es farragosa ni superficial sino asequible (me fio de ti) cuando esté disponible en la biblio lo cogeré. Gracias por su lectura… ¡me están volviendo a dar ganas de leer Los Persas otra vez! Enhorabuena por la reseña ;-)

  2. Gran reseña Cavi sobre un libro de quién fue mi profesora y directora de TFM, precisamente sobre cuestiones de identidad y ciudadanía en Esquilo. Muy buena docente, tengo otro libro suyo pendiente de terminar y reseñar.

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