LA PATRULLA DEL TIEMPO – Poul Anderson

Lo mejor: Combina aventuras de viajes en el tiempo con historia real y dilemas morales de forma muy entretenida.

Lo peor: Algunos relatos y personajes secundarios se sienten algo desiguales, y el papel de las mujeres resulta bastante anticuado.

Nota: 7

La novela que aquí paso a reseñar tiene como protagonista a un militar del pasado que es reclutado por una organización secreta que trata de mantener el Tiempo, la Historia, inalterados y proteger nuestro universo de malhechores espacio-temporales. Y no, ese militar no es Alonso de Entrerríos ni esa organización es el Ministerio del Tiempo. Nuestro protagonista es un soldado veterano, pero no de los Tercios españoles sino de las tropas americanas de la Segunda Guerra Mundial. Su nombre: Manse Everard, protagonista de Anderson, no es Alonso ni pretende serlo. Everard es un veterano de la Segunda Guerra Mundial, reclutado por una misteriosa agencia que vela por el pasado y el futuro. Aquí no hay protocolos simpáticos ni guiños televisivos: es un agente libre, curtido en la guerra, con margen de maniobra y autoridad natural. Las decisiones son suyas, las paradojas temporales su campo de batalla y los dilemas éticos, su terreno.

Como he dicho, Everard pertenece a las Patrullas Danielianas, organizaciones secretas encargadas de proteger la historia frente a los “terroristas del tiempo”: individuos o grupos que quieren alterar el pasado y el futuro para su beneficio. Los Danielianos son el futuro de la historia humana tras miles y miles de años, expertos en historia, ciencia y estrategia, y actúan con precisión quirúrgica cuando es necesario. Lo fascinante es que Everard, pese a formar parte de esta estructura, se mueve con autonomía y es un veterano que improvisa y actúa con eficacia.

La obra se divide en varios episodios que combinan historia, aventuras y paradojas. Uno de los capítulos más memorables narra la saga de los godos: Anderson sigue su migración desde Escandinavia hacia el Danubio, mostrando cómo estas tribus modelaron la Europa de la Antigüedad tardía. Aquí, Everard debe intervenir para corregir cambios en la línea temporal sin alterar demasiado la historia conocida, equilibrando acción y estrategia. Otro capítulo, centrado en la rebelión de los batavos, mezcla traición, intriga y lealtad, donde Everard y su equipo descubren que la historia no es solo fechas y nombres, sino decisiones humanas que generan efectos duraderos.

En Oriente, la novela nos lleva a Persia y su compleja interacción con los imperios vecinos. Anderson nos recuerda que la historia no ocurre en un vacío: la geopolítica, los recursos y las ambiciones personales son cruciales, y la intervención de Everard debe ser quirúrgica. En otro episodio impactante, la Patrulla debe destruir un universo paralelo creado por actividad terrorista: aquí la escala del peligro temporal se amplía a límites casi cósmicos, y el lector se da cuenta de que la historia puede ser frágil y que cada acción tiene consecuencias que van más allá de un solo siglo o continente. Hay relatos cortos sobre paradojas temporales y donde vemos cómo Manse es capaz de obviar las reglas de su organización, o hacer la vista gorda, si eso permite salvar a un compañero.

Everard no solo cumple misiones; observa y reflexiona. Anderson aprovecha estos momentos para cuestionar ideas de superioridad cultural: tenemos otro capítulo donde un agente descendiente de pueblos indígenas hace que Everard revise sus prejuicios sobre la supuesta superioridad anglosajona con respecto a los españoles en América al decirle que, al menos, él es descendiente de los indígenas que los españoles encontraron en América, pero ¿cómo les fue a los nativos de Norteamérica? Además, el libro muestra cómo ciertos religiosos, pese a la violencia de la conquista española, salvaron parte del arte y la cultura de los pueblos mesoamericanos. La historia se vuelve así un ejercicio de matices y dilemas morales. Aunque Manse nos regala su opinión, sus pensamientos, quizá extremadamente liberales en lo político y demasiado americanos en su visión del mundo, el propio autor se encarga de darle alguna bofetada de realidad aquí y allá. Así, nada es completamente blanco o negro, y cada intervención temporal tiene implicaciones éticas que Everard debe sopesar.

El ritmo es trepidante, pero Anderson también permite momentos de reflexión y análisis. Hay diálogos que funcionan como lecciones de historia sin aburrir, escenas de acción pura donde la estrategia y la improvisación se mezclan, y episodios que obligan a pensar sobre cómo las acciones humanas se entrelazan a lo largo de los siglos. Que sean varias historias más o menos largas ayudan en la lectura de un libro de casi 800 páginas ya que cada misión es un caso autoconcluso.

Entre los aciertos, destaco la construcción del universo temporal, la coherencia de la Patrulla Danieliana y la tensión constante que mantiene al lector pegado a la página. La comparación con Alonso de Entrerríos sirve al principio como anzuelo, pero pronto queda claro que Everard opera en un registro más adulto y arriesgado, y menos como una mezcla de héroe de acción y alivio cómico. Sin embargo, ambos se enfrentarán al dilema de qué hacer cuando el universo se reescribe en una nueva línea temporal y qué pasará si consiguen arreglar el desvío con los millones de vidas que allí existen. Manse, más reflexivo que Entrerríos, incluso se llega a plantear si los Danielianos no son el producto de algún desvío temporal y cómo es posible saberlo, pero, como buen soldado, decide seguir sin hacerse muchas más preguntas sobre cuestiones que no puede conocer.

Entre los defectos, hay que señalar el tratamiento de las mujeres: muchas veces aparecen como figuras en apuros o secundarias, mientras los hombres de la Patrulla llevan la acción y las decisiones clave. Un punto que hoy se siente algo anticuado, aunque no empaña la fuerza de la obra.

En definitiva, La patrulla del tiempo funciona a varios niveles: aventuras, paradojas temporales, reflexión histórica y dilemas éticos. Anderson demuestra que la ciencia ficción puede entretener, hacer pensar y cuestionar la historia al mismo tiempo. Everard es un protagonista que, como Alonso de Entrerríos, viene de otra época, pero que en manos de Anderson se convierte en un agente histórico capaz de hacernos viajar por siglos y continentes, reírnos de sus meteduras de pata y reflexionar sobre la moralidad de los hombres y las culturas que la historia suele simplificar.

Poul Anderson, La patrulla del tiempo, traducción de Pedro Jorge Romero. Barcelona, Nova, 2016, 736 páginas.

7 Comentarios

  1. Me está apeteciendo como lectura veraniega. Desde mi época de lectora compulsiva de Connie Willis y su serie de Historiadores de Oxford, que tan, tan bien me lo hicieron pasar, no he vuelto a leer nada sobre viajes temporales. Gracias por la referencia, Vori. Tomo nota.

  2. Estupenda reseña, Vori, como estupenda es la obra reseñada que leí justo el verano pasado y a la que en mis notas le di una puntuación de sobresaliente. El capítulo dedicado a los godos y su «odisea» me impactó particularmente. Lectura muy recomendable, Valeria. No lo dudes. Anderson siempre será un valor seguro.

  3. Gracias chicos. Una muy buena novela de aventuras que quizás peca de algo irregular pues son muchos relatos por lo que al final se me hizo algo de bola pero en general me gustó y creo que más cuando pienso en ella. Notable para mí.

  4. He leído algunas obras de Anderson, pero de SF pura, sin contaminación histórica. Y tu comentario, Vorimir, me ha llamado mucho la atención. Lo buscaré. No obstante, el ambiente que comentas me recuerda El Fin de la Eternidad de Isaac Asimov, con policía temporal incluida. Pero eso ya me lo hizo también El Ministerio del Tiempo.

  5. Un libro estupendo como todos los de Pol Anderson. Y una magnífica reseña, muy acertada.
    Si no conocéis al autor, tiene obras notables, no solo de CiFi. La espada rota es una novela de fantasía al estilo de las sagas nórdicas más que recomendable. Lo tengo entre mis favoritos del género.

  6. La espada rota es TOP de fantasía. Este quizás es demasiado diverso/largo y tardé en acabarlo pero también es un buen libro, me gustó mucho.

  7. A mí me gustó bastante, también «La nave de un millón de años» que tiene temática similar, y criticas negativas en algunos sitios.
    Recomiendo : A través del tiempo, libro del gran Richard Matheson, con película que no está nada mal.

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