Hay muchas maneras de narrar la historia de la antigua Roma, especialmente en la divulgación. Puedes empezar por los mitos fundacionales (Eneas, Rómulo y Remo, el rapto de las sabinas, Tarpeya…), que avanzan bien entrada la República o digamos que se combinan con aquellos que se fraguan para consolidar el nuevo régimen: Lucrecia, el viejo Bruto, Porsenna, Coriolano, Cincinato, Camilo…, y luego pasar a ese complejo período de la «crisis» republicana y la transición al Principado en el que la noción de «libertad», a tenor de algún satírico, se trocaba por «pan y circo», para luego ya meterse en los vericuetos del período imperial. Un régimen republicano como espejo de los siglos posteriores y de una libertas que probablemente no significaba lo mismo para quienes formaron parte de la élite que para el atribulado pueblo, y que con el tiempo se forja como mucho más que un símbolo de la añorada libera res publica. También puede hacerse a través de las mujeres –recordemos, la mitad de la población romana–, o de la plebe y su evolución a lo largo del tiempo. Cómo no, puede hacerse a través de las grandes contiendas que jalonaron la historia romana, sus grandes triunfos y sus debacles, que fueron unas cuantas; de las legiones o de la guardia pretoriana, o también a través de la literatura o de los romanos «corrientes». O de lo que uno quiera. ¿Por qué no hacerlo también a través de las monedas?
Y eso es lo que se ha propuesto con su libro, «una historia de la Roma antigua en doce monedas», y que de la mano de Ediciones Deusto –le pega como editorial dedicada a la economía y la historia económica– publicó hace unos meses. Harney es alguien ducho en el tema, al que se aficionó ya desde que era un niño, es joven y se mueve bien en el proceloso mundo de las redes sociales con su alias @OptimoPrincipi. Y tanto interés y conocimiento tiene en las monedas romanas, que se dijo que por qué no utilizarlas como vehículo para explicar la historia de Roma. Pero no solo la historia romana, sino también de las propias monedas romanas: cuándo surgen y cómo son en un principio (de bronce, ya lo anticipamos); cuándo se crea la moneda que será, junto al sestercio, más reconocida del ámbito romano (el denario de plata) y en qué circunstancias tiene lugar tal «revolución» monetaria (la Segunda Guerra Púnica); cuándo surgen los áureos de oro y después otras monedas de ese metal precioso: cómo se fabricaban las monedas, qué diseños aparecen en anverso y reverso, y en qué momento se ponen los rostros de políticos-comandantes militares y después de los emperadores; cuál era el problema de la devaluación o la depauperación del metal precioso; cómo se han conservado y llegado a nosotros… y así un largo etcétera.
Y todo esto, la intrahistoria monetaria, se inserta en esos doce capítulos, uno para cada moneda, que contextualizan la historia romana desde (antes de) su fundación y hasta la «caída» del Imperio. En cada uno de esos capítulos hay varias monedas que sirven para explicar tal historia o tal detalle, incluso cuando esas mismas monedas no son necesariamente coetáneas del período que se tratan. Pues, las monedas con los niños gemelos, la loba o Roma como deidad como imágenes en anverso o reverso se acuñan con (incluso varios siglos de) posterioridad, pero los romanos, muy apegados a su idea del pasado, las emiten tiempo después recordando a quienes las tienen ese momento en sus manos (y son muy pequeñas) lo que simbolizan y lo que cuentan sobre la «historia» de Roma. En eso el libro tiene su principal acierto: que las monedas «cuentan» la historia de Roma según los símbolos que la hacen importante y las lecciones que tratan de enseñar al pueblo romano no solo sobre su pasado, sino también de su presente. Y quizá sea ese su mejor baza, pues no solo te cuenta la historia de Roma –que para los más avezados en la materia ya resultará conocida–, sino que lo hace integrando las monedas, que son un perfecto vehículo para su contextualización y a varios niveles. Y no te destripo esos niveles, lector: acude al libro si esta reseña te picó la curiosidad.
Resulta este libro, por tanto, una obra ideal para quienes quieran acercarse a esa historia romana a menudo tan tópica y hacerlo de una manera algo diferente a lo habitual. Cuando Harney se pone a hablar de monedas, su significado y el contexto en el que se acuñan, encontramos lo mejor del libro, que se nutre de un buen aparato de ilustraciones en color y en blanco y negro. Y lo que realmente justifica un libro de estas características. No lo dudes, lector, si es lo que buscas.
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Gareth Harney, Moneta: una historia de la Roma antigua en doce monedas, traducción de Diego Trejo Bejarano. Barcelona, Ediciones Deusto, 2026, 408 páginas.