PERDICIÓN – Jack Ketchum

Lo bueno:

  1. Es una novela fácil de leer, con una historia incómoda a la vez que atrayente
  2. Literatura de terror diferente que combina lo psicológico con el mal gusto

Lo menos bueno:

  1. Está claro que no es un tipo de literatura para todos los públicos

Nota: 9

Hace varios años un amigo personal me recomendó visitar en la feria del libro la caseta de la editorial La Biblioteca de Carfax. Estos compañeros editores se han especializado en literatura de terror y, sinceramente, darse una vuelta por su catálogo es una delicia. Haciendo caso a mi amigo, que sabe de estos temas, me pasé por allí y me llevé Perdición (2022), novela del autor tristemente fallecido Jack Ketchum (1946-2018). Para que os hagáis una idea, de él el maestro Stephen King dijo que «es el tipo que da más miedo de América». Y la verdad es que puede que tenga mucha razón. Estamos ante una novela que combina ese género de terror con un aliño de lo grotesco mezclado a su vez con un ambiente pulp tardío enmarcado en la década de los sesenta. Perdición es una historia que se cocina como un buen guiso. Al principio un fogonazo para que los elementos suelten su jugo, luego el «chup, chup» en el que todo se prepara con lentitud y finalmente un desenlace que se sirve frío, obsesivo y sangriento.

Como en otras ocasiones y sin querer destripar la trama de la obra, porque quiero que los lectores de esta reseña, hislibreños o no, la disfruten en casa, la historia comienza en el verano de 1965. Tres amigos (Ray, Tim y Jennifer) pasan un día agradable en el lago Turner. Allí, Ray, que es un pájaro de mucho cuidado, decide matar a tiros a dos jóvenes para saber que se siente al quitarle la vida a un ser humano. Las víctimas de tal majadería son dos chicas que, al igual que los tres colegas, estaban simplemente disfrutando de un apacible día estival. A partir de esta premisa, que corresponde con el primer capítulo de la obra, se va desarrollando todo lo que ocurre alrededor de este macabro hecho. Por un lado, tendremos las historias individuales de estos tres jóvenes y por otro, el de un policía que no sabe lo que ocurrió exactamente, pero está decidido a averiguarlo hasta las últimas consecuencias.

Esta parte inicial de la novela es el «fogonazo» del que hablaba al principio. La narración es intensa a más no poder con unos sucesos que ya nos mantienen atentos a las páginas, pegados porque queremos saber cómo acaba todo. También esa primera parte de la historia nos muestra qué tipo de relato vamos a leer y, sobre todo, la forma de escribir de Ketchum. A grandes rasgos, estamos ante un autor que no mira hacia otro lado cuando tiene que describir escenas lúgubres o grotescas que llegan a veces a lo gore. Cuando otro autor echa el freno porque piensa que se ha pasado de gráfico, Ketchum pisa el acelerador y los adelanta. La verdad es que me sorprendió para bien que el autor no se corte. Eso le da a toda la novela un halo distinto a lo que otros libros del género de terror pueden llegar a ofrecer.

Después de ese «fogonazo» pasamos al «chup, chup», la parte central de la historia donde descubrimos mucho más de la relación que mantienen los tres amigos, tanto de manera individual como con el entorno que les rodea. Por supuesto aparecen más personajes que complementan el paisaje del típico pueblo estadounidense donde todos se conocen. Así, durante los sucesivos capítulos la historia parece relajarse. Hay escenas costumbristas tradicionales de la vida estadounidense y conversaciones mundanas del día a día que a priori no dan ninguna pista de lo que va a suceder con posterioridad. Sin embargo, el autor no da puntada sin hilo. Mientras uno lee se da cuenta que detrás de todas esas escenas se halla el terrible suceso que ha desencadenado la historia, siempre está presente y se volverá cada vez más presente a medida que la narración continúa hacia un horizonte insospechado.

Todos los personajes que aparecen están bien desarrollados y descritos. Por supuesto, una de las piezas centrales es Ray, líder de la pandilla y que siempre está rozando lo delictivo con sus acciones, aunque, como buen macarra, sabe ingeniárselas para librarse (por ahora). Chulo, agresivo, petulante, peligroso, acomplejado e inestable son algunos de los adjetivos que bien podrían definir a este protagonista. Dependiendo de la página conoceremos a un Ray que va de una actitud a otra con suma facilidad, cosa que ya da miedo de por sí. Puesto que lo que subyace debajo de esa habilidad de aparentar, que a veces incluso nos parecerá divertido o amable y nos hace olvidar lo que hizo en el verano de 1965, es una personalidad psicótica y enfermiza. Este podría ser un buen hilo conductor de la parte central del libro. Cómo después del terrorífico evento al lado del lago la narración se encamina hacia un final que se entrevé aún peor, lo que ya es decir.

¿Qué es lo que ocurre cuando alguien –aunque quiera hacer el bien– arrincona a una persona como la descritas antes? Está claro que nada bueno. Este es el punto donde la historia se precipita. El policía que investigaba el caso halla nuevos indicios y decide «apretar» al culpable para que caiga por el propio peso de sus mentiras. Ahora bien, las cosas no van como a él le gustaría. Ketchum es experto en mostrarnos en la narración esa tensión, cómo se ejerce la presión que al final produce un estallido psicológico que lleva la novela a su cierre. El final es abrumador, malsano y con un gusto terrorífico. Cuando uno ha leído mucho de este género se puede intuir un poco el destripe (nunca mejor dicho), pero hay que reconocer que Ketchum es un artista en dar giros y vueltas que te dejan enganchado a la vez que mareado. En definitiva, te va a dejar mal cuerpo. Ya lo he adelantado antes: el autor no se corta. Allá donde algunos dicen «me he pasado», Ketchum replica: «espera, que todavía hay más».

Perdición es una novela de terror magnífica. Empieza con ese suceso en el lago que ya nos deja helados, mantiene la tensión durante toda la historia y al final se vuelve obsesiva porque uno no levantará los ojos del papel hasta que la termine. Es una historia que tiende a volverse cada vez más incómoda y tétrica, pero tengo que dejar claro: todo tiene un sentido. Ketchum no es desagradable por que sí y ya está. No, todo en la novela tiene un por qué y eso es lo que mete más miedo, porque está bien desarrollado. No se llega a las escenas más violentas por el mero destino, sino que responden a ese movimiento de un delincuente que quiere librarse y un policía que hace lo que sea por atraparlo.

Para terminar, el libro está muy bien editado. Carfax hace un trabajo maravilloso. La traducción, en este caso de María Pérez de San Román, es genial, transmite a la perfección lo que Ketchum quería decirnos en su idioma. La tipografía es buena, siempre para no dejarnos los ojos, y, para acabar, la cubierta es arte: creada por Rafael Martín Coronel ilustra muy bien el centro de la historia y el rollo pulp que mencionaba. Que decir que es mucho mejor que cualquiera de las cubiertas que se le pusieron a la obra cuando apareció en 2001. Así que, sin más, enhorabuena a Carfax por la edición y felicidades por traer esta obra que me ha descubierto a un autor de estilo original, intenso y soberbio.

*****

Jack Ketchum. Perdición, traducción de María Pérez de San Román. Madrid, La Biblioteca de Carfax, 2022, 413 páginas.

2 Comentarios

  1. Bueno, reconozco que es el tipo de libro que -confío- no leeré jamás, por lo que te agradezco la reseña para mantenerme bien lejos de este autor, jeje. Tengo muy poco estómago y con los años cada vez menos; nunca me ha gustado el género del terror, y nunca he dejado de preguntarme qué puede atraer a los apasionados del género leer sobre matanzas y truculencias varias. En todo caso, cuestión de gustos, claro. Un abrazo.

  2. Gracias por la reseña.
    Lei su obra anterior «La chica de al lado» y me dejo muy mal cuerpo.
    A Stephen King regreso bastante.
    Saludos.

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