TIERRA DE EMPUSAS – Olga Tokarczuk

"Tierra de Empusas" de Olga Tokarczuk

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TIERRA DE EMPUSAS – Olga Tokarczuk

TIERRA DE EMPUSAS – Olga Tokarczuk

Los inmundos demonios llamados Empusas, hijas de Hécate, tienen ancas de asno y llevan zapatillas de bronce, a menos que, como declaran algunos, tengan una pata de asno y otra pata de latón. Acostumbran asustar a los viajeros, pero se las puede ahuyentar con palabras insultantes, al oír las cuales huyen chillando. Las Empusas se disfrazan de perras, vacas o doncellas hermosas, y en la última forma se acuestan con los hombres por la noche o durante la siesta (efialtes), y les chupan sus fuerzas vitales hasta que mueren. (Robert Graves, Los mitos griegos).

En el campo de la Literatura, con mayúsculas, el mundo de los balnearios o sanatorios para enfermos ha dado mucho juego a los escritores y a los lectores que tienen la oportunidad de entrar en un universo cerrado, estanco, donde se suelen desatar todo tipo de relaciones y emociones primarias entre sus ilustres visitantes. Así, a bote pronto, me asaltan varios títulos a la memoria como el homónimo de Carmen Martín Gaite; el alocado y sexual de Battle Creek, escrito por T.C. Boyle; aquellos que bucean por el submundo del crimen como es el de Manuel Vázquez Montalbán con su obra Los crímenes del balneario; el de Herman Hesse titula En el balneario; e incluso las referencias historias acerca de las termas británicas de Bath que aparecen en la saga de Bernard Cornwell de Sajones, vikingos y normandos. Como ven, el tema da mucho de sí, pero si han seguido la lectura hasta este punto observarán que no he referenciado todavía el sanatorio más famoso de la literatura contemporánea –no se me impacienten- pues es este quien más ha influenciado en el libro que procedo a reseñarles: Tierra de empusas (Anagrama, 2025), escrito por la escritora y ensayista polaca Olga Tokarczuk.

Pues sí, ahora sí que sí, les puedo indicar que la obra literaria de la que más ha bebido nuestra escritora es, sin lugar a dudas, La montaña mágica del inmortal Thomas Mann. Pero el lector que quiera acercarse a Tierra de empusas y piense que se va a encontrar con una novela que fusila o revisa de arriba abajo la del escritor alemán, ha de saber que esta lo hace desde otra óptica, desde otro punto de vista más alejado y novedoso. Mientras que en la novela de Mann nos encontramos de primeras con la figura Hans Castorp desembarcando en las imponentes montañas de Davos, aquí, en el libro que nos atañe, la acción se desarrolla en el pueblo de Göbersdorf situado en la Baja Silesia, verdadero corazón de Europa, entre la zona bisagra de Polonia, Chequia, Alemania y Austria. Allí, en dicho pueblo, sobre un valle rodeado de montañas se encuentra un sanatorio para tuberculosos al cual un buen día de 1913 llega en tren nuestro protagonista, Mieczyslaw Wojnic. Desde el principio no sabemos muy bien cuál es su supuesta enfermedad (paranoia, manía persecutoria, tuberculosis, algo oculto…) pero su hipersensibilidad, como si fuera un súper poder, ya le empieza a dar toques de atención indicándole que se adentra en un lugar distinto y peligroso. Se hospeda en la Pensión de Caballeros regentado por Wilhelm Opitz, al principio de forma temporal, a la espera de poder ingresar de forma definitiva en la kurhaus (casa de curas) del propio sanatorio, y mientras tanto se dedica a conocer y confraternizar con los diversos y enigmáticos personajes que habitan dicha pensión, o andar por los lugares establecidos por el equipo médico del lugar. La pensión, el bosque, el pueblo, el sanatorio o la montaña, todo ello es el microcosmos que va a conocer Mieczys Wojnic y este -desde el principio-  se va a dar cuenta de que se halla en un sitio donde nada es lo que parece y nada encaja, con un aire tóxico que lo envuelve todo, un arcano  y espeso manto cuajado de muertes sin sentido y miradas enigmáticas y amenazadoras que lo hacen mantenerse alerta en todo momento, como si estuviera narcotizado desde que hubiera puesto los pies en el andén de la estación.

Y hace bien en tenerle miedo al susodicho microcosmos donde se halla el Göbersdorf pues sin saberlo acaba de adentrarse en un mundo regido en distintos niveles. Nada más bajarse del tren tiene la sensación de que todo lo que le rodea pareciera de mentira, como si los edificios, arboles, casas, jardines o personas fueran meramente decorados falsos. Incluso llega a tocarlo con los dedos para comprobarlo (esto me ha recordado a la escena final de El show de Truman cuando el barco del protagonista hinca la proa en el decorado del plató de televisión). Los niveles  del lugar estarían compuestos en el centro por el sanatorio / balneario, el cual tiene un lago subterráneo de aguas calientes (el inframundo), y por un lado la tierra de los vivos, las montañas que filtran el aire puro, y por otro lado el bosque, misterioso, mágico y arcano en donde viven las famosas empusas que para seguir manteniendo el ciclo de vida y muerte, el equilibrio entre lo masculino y lo femenino, necesitan realizar sacrificios humanos una vez al año. Éstas siempre están vigilantes y se desplazan por la zona para comprobar el perfecto funcionamiento, desplazándose sinuosas, en las sombras, desde una curiosa óptica, de abajo hacia arriba, de los pies a la cabeza. Una persona cualquiera no podría observar estos detalles ocultos pero nuestro protagonista, debido a su hipersensibilidad, es capaz de superar esas barreras e ir más allá de las esferas de lo visible y lo invisible. Mieczyslaw Wojnic se siente intoxicado incluso cuando se sienta a la mesa con sus compañeros de pensión y asiste como un espectador borracho a una multiplicidad de conversaciones que tratan sobre si habrá o no una futura guerra –acuérdense que Wojnic ha llegado cuando está punto de comenzar la Primera Guerra Mundial–, acerca de las teorías del señor Darwin; sobre las llamativas costumbres que hay en torno al Göbersdorf… Y por encima de todo, estos burgueses de principios de siglo trufan dichos diálogos, casi siempre, con temas acerca de la mujer y lo femenino, sobre sus condiciones fisiológicas en general y sobre los sentimientos en particular. Este elemento, el femenino, es clave para comprender todo el entramado en el que se mueve ese ciclo de vida y muerte.

En la zona del Göbersdorf nada es casual y todo es alegórico. Por ejemplo sus habitantes: los carboneros huraños son elementos fronterizos entre la montaña y el bosque, una especie de guardianes. También en el bosque aparecen por doquier agujeros en el suelo, casualmente llamados “bocas de bruja”; las mujeres ancianas que se sientan en tríos, a la fresca, mientras desgranan habas (muy pitagórico el asunto) remiten claramente a las Parcas; o la extraña separación existente entre las silenciosas y laboriosas mujeres y los caballeros que desean curarse en el kurhaus. Por no hablar de las comidas que toman o la escopeta del impoluto doctor, las bebidas espirituosas que ingieren… Hay en verdad todo un derroche de simbolismo en cada línea del libro. En Tierra de empusas, Olga Tokarczuk introduce en una coctelera temas de distinta índole, desde filosóficos (reminiscencia de La montaña mágica), policíacos, históricos, terroríficos, hasta sexuales, temas en los que la muerte y el destino siempre están presentes, al acecho de llevarle a uno a las bocas hambrientas de las empusas.

La autora nos presenta un libro multidisciplinar, un auténtico rompecabezas que el lector debe ir montando página a página mientras se deleita no solo con la peculiar historia del sanatorio sino también con la maravillosa y precisa construcción del lenguaje que utiliza y que nos trasporta desde el principio a una esfera distinta y embriagadora, especial y mágica a la vez.

*****

Olga Tokarczuk, Tierra de empusas, traducción de Abel Murcia y Katarzyna Moloniewicz. Barcelona, Anagrama, 2025, 344 páginas.

4 Comentarios

  1. Novela que tengo pendiente de leer, esperando su momento en mi bliblioteca.

  2. Lo mismo digo. Tengo la novela, tengo las ganas, pero no tengo el momento idóneo para ponerme. Todo llegará. Si se aproxima mínimamente al nivel de Los libros de Jacob, ya valdrá la pena.

  3. Ufff, «Los libros de Jacob» me trae malos recuerdos… No pude con él. Sin embargo «Sobre los huesos de los muertos» me encantó…

  4. Pasará a futuribles lecturas. Los libros de Jacob es extraordinario y si este le llega a la altura del betún ya me daré por satisfecho.

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