Durante años he sido un profundo admirador y seguidor de la obra de Antonio Muñoz Molina. Le descubrí con Beltenebros y El invierno en Lisboa, me convenció de pleno con El jinete polaco y no dejé de leer cada una de sus novelas o cuentos según aparecían, hasta que, por esas cosas de la veleidad lectora o por la desgracia de leer alguna de sus obras menos afortunadas, dejé de hacerlo. Alguien me re...[Leer más]
La portada de un libro, su edición, el olor de sus páginas, puede ser una buena presentación del mismo o hacer que el lector huya despavorido ante él. Uno se enfrenta a un libro, y más un libro de considerable grosor como este, y antes de lanzarse a su lectura hojea, y ojea, sopesa su forma antes de entrar en su fondo. Este lector ve una bonita portada, una cuidada encuadernación, una buena elecci...[Leer más]
Cuando uno consigue descifrar el lenguaje escondido de un libro, su ritmo, su cadencia, es cuando de verdad entra en él y puede decir, realmente, si le ha gustado o no. Este libro encierra en su interior un secreto, pero no es un secreto sobre los iluminati, los cátaros o cualquier maldición misteriosa. Este libro guarda en su interior palabras que no están escritas en él, palabras que no necesita...[Leer más]
¿Se puede escribir con belleza sobre el mal? ¿Sobre el dolor? Sí, se puede. Zofia Nalkowska lo hace en este pequeño libro, en este pequeño estuche de joyas llamado Medallones. En sus retratos, en sus relatos sobre personas que sufrieron el horror nazi o lo vivieron como testigos, consigue la poesía del dolor, la música callada de la desesperación. Paso a paso, capítulo a capítulo nos transmite el ...[Leer más]
El País de los Cuentacuentos no tiene leyes ni fronteras; no hay aduanas en las que declarar lo que transportamos; el guardia de tráfico no podrá sancionarnos por dar un giro indebido, por circular demasiado deprisa o detenernos a contemplar el paisaje. El País de los Cuentacuentos es el país de la infancia, de la infancia de Dario Fo, pero también de la nuestra. Ese lugar que nos abrió la mente a...[Leer más]
La División Azul, La Blaue Division, como la llamaban los alemanes, o la División de Infantería 250 en el organigrama de la Wehrmacht; éste es el escenario en el que nos sitúa Ignacio del Valle en esta incursión en la novela negro-militar. Desde el año 1941 y hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, esta división combatió en Rusia primero y sus restos acabaron luchando entre las ruinas de Berl...[Leer más]
El autor: Angel Wagenstein nació en 1922 en una familia sefardí de Plovdiv, Bulgaria, y pasó su infancia exiliado en París debido a la militancia de su familia. Regresó a su país y siendo un adolescente entró a formar parte de una organización antifascista clandestina. Durante la Segunda Guerra Mundial participó en diversos actos de sabotaje por lo que fue internado en un campo de trabajo del que ...[Leer más]