BARTLEBY Y COMPAÑÍA – Enrique Vila-Matas

"Bartleby y compañía" de Enrique Vila-Matas

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BARTLEBY Y COMPAÑÍA – Enrique Vila-Matas

BARTLEBY Y COMPAÑÍA – Enrique Vila-Matas

Las musas son impertinentes, caprichosas y tan irreverentes que te abandonan cuando menos lo esperas. Han existido muchos escritores que no fueron capaces de disciplinarlas, o que prefirieron no hacerlo. Enrique Vila-Matas ha escrito un libro sobre otros libros, una novela que podría encuadrarse en la literatura de no ficción; lo que la convierte en novela es el propio narrador, el único contenido de invención en el libro, salvo alguna que otra excepción anecdótica de la que no podemos estar seguros, por lo menos yo. Bartleby y compañía es una novela para los que aman los libros en general y la literatura en particular. Una visión de los libros no escritos. El argumento es sencillo. El narrador es un escritor que lleva veinticinco años sin publicar. De hecho, solo escribió en su juventud una novelita porque un episodio familiar lo bloqueó. Inspirándose en sí mismo, decide investigar sobre la sombra de Bartleby en la literatura.

Bartleby es el personaje de un recomendable relato escrito por Herman Melville y publicado en 1853, Bartleby, el escribiente. «Preferiría no hacerlo» era la frase que utilizaba este empleado cuando su perplejo jefe le encargaba una tarea. Un hombre sin determinación, que pasaba horas en estado contemplativo (casi vegetativo), con un fuerte impulso a no hacer nada. Melville, el gran escritor estadounidense, el autor de Moby Dick, convierte en pesadilla el sueño americano con este relato.

Como Bartleby, muchos escritores prefirieron no hacerlo, no volver a escribir pese a tener a su disposición los recursos intelectuales y la posibilidad de convertirse en capítulos trascendentales de la historia de la literatura.

Notas al pie de página de un texto invisible constituyen la estructura de Bartleby y compañía. Nos cuenta Vila-Matas por boca de este narrador, coleccionista de vidas de escritores poco productivos, que ha recogido la ocurrencia del italiano Bobi Bazlen que solo preparaba notas a pie de página puesto que opinaba que la mayoría de lo escrito así debe considerarse. Con esta original idea como sistema, la novela recopila las visiones, citas y anécdotas de los escritores poco prolíficos de la historia y analiza sus motivos a lo largo de 86 notas al pie que podrían incluirse en un manual de literatura, tampoco escrito.

Se habla de los libros que leyera Alonso Quijano, de la biblioteca submarina del capitán Nemo y de la triste pérdida que para el mundo supuso la destrucción de la biblioteca de Alejandría.

Pero sobre todo se habla de escritores poco prolíficos, de los escritores del no. De sus excusas para no escribir, de los que no fueron capaces de superar la incomprensión o el desencanto en este duro oficio, e incluso, colmo de los colmos, de algunos escritores que nunca escribieron. A estos últimos los denomina autores ágrafos porque han sido considerados como escritores, aunque nunca garabatearon ni una sola letra o, por lo menos, nunca publicaron. Se cita a Sócrates y a Pepín Bello como los más célebres ágrafos que en mundo han sido. En verdad, en verdad os digo, yo pondría en el primer puesto a Jesucristo.

Juan Rulfo pasó a la historia de la literatura con honores. Si hubiera escrito sin freno, cualquier editor se hubiera decidido a publicarle sin dudarlo porque muchos lectores hubieran comprado sus obras. Pero no quiso volver a escribir después de publicar una novela y un libro de cuentos. Por desgracia, murió la persona que le inspiraba sus mágicas narraciones.

Nos habla también de Rimbaud que escribió dos magníficos libros antes de cumplir veinte años, pero que después no volvió a componer ni un solo poema en toda su vida; de Robert Walser que pasó una buena parte de su vida en un manicomio dando largos paseos en lugar de coger la pluma; de Augusto Monterroso, cuyas obras completas ocupan un libro poco voluminoso y su cuento más célebre, apenas una línea; de Marie-Henri Beyle, más conocido por el pseudónimo con el que escondía su identidad, Stendhal, que estuvo diez años sin escribir a la espera de que apareciera la inspiración, las malditas musas. En cuanto a Marcelo Chiriboga, el escritor ecuatoriano, no busquen sus obras, su existencia es inventada.

En cualquier caso, como nos da a entender Vila-Matas, nada que reprocharles: el 99 por ciento de la humanidad somos bartlebys de la literatura. Entre los escritores, quizá el porcentaje sea más alto.

 

*****

Enrique Vila-Matas. Bartleby y compañía. Barcelona. Seix Barral, 2000. 184 páginas.

1 comentario

  1. Qué libro tan interesante y qué curiosa elección del tema. Me ha picado mucho la curiosidad; además me gusta esta temática meta literaria. Gracias por la reseña!

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