LA MEDIDA DE NUESTROS DÍAS – Charlotte Delbo

«Que necesitáramos una voluntad sobrehumana para aguantar y regresar, eso lo entiende todo el mundo. Pero nadie tiene ni idea de la voluntad que necesitamos al volver para revivir».

El subtítulo del libro dice lo siguiente: «Un testimonio imprescindible sobre la vida después de Auschwitz». Seguramente a más de uno de los personajes que aparecen en sus páginas les habría sorprendido y les hubiera llevado a preguntarse «¿acaso hay vida después de Auschwitz?». Porque la reclusión en los campos de concentración planteó a sus víctimas un doble reto: el de ser capaces de sobrevivir dentro de sus muros, y si lograban superar este, el de ser capaces de hacerlo fuera de ellos después. El deterioro físico y, sobre todo, moral y psíquico, fue en muchos casos tan atroz como el sufrimiento vivido durante la reclusión. Ese es el sustrato, el poso, el mensaje de este libro.

La autora de La medida de nuestros días, Charlotte Delbo, sabía de lo que hablaba cuando escribió esta obra. Fue miembro de la Resistencia francesa durante la ocupación nazi hasta que, en enero de 1943, cuando tenía 30 años, fue capturada y enviada al campo de concentración de Auschwitz, junto a 230 mujeres. Permaneció en ese y otros campos más de dos años hasta que fue liberada en abril de 1945, casi al final de la guerra. De las mujeres que entraron con ella en Auschwitz solo 49 sobrevivieron. Las vivencias, y supervivencias, de ese grupo fueron la base para que Delbo comenzara a escribir, apenas dos años después, el primero de sus cuatro libros dedicados a «Auschwitz y después» (así se titula la tetralogía). La medida de nuestros días es el tercero y fue publicado en 1971.

La obra recrea el reencuentro con el mundo de un puñado de mujeres, también algún hombre, que acaban de regresar de Auschwitz o bien ya llevan años viviendo reintegradas en la sociedad. Cada uno de sus breves capítulos reproduce de manera independiente el monólogo interior o las escenas y situaciones vividas por cada una de esas personas, que han sido capaces de sobrevivir a lo peor y ahora se encuentran con que lo que les aguarda no es un jardín de rosas. A veces reciben por parte de los demás un trato condescendiente aunque bienintencionado; a menudo encuentran pura incomprensión. Y se trata de una incomprensión radical, casi esencial: a quienes no han estado en un campo de exterminio les es absolutamente inconcebible hacerse una idea de lo que ello significa, del deterioro físico y mental que han sufrido sus víctimas, del horror vivido. Uno no puede comprender lo inimaginable, y no ayuda el hecho de que muchas veces las supervivientes no quieren, o no pueden, hablar de ello.

Pero el principal obstáculo a la reinserción en el mundo se encuentra dentro de ellas mismas. Delbo es capaz de describir con frases cortas, un estilo muy directo y coloquial, con frecuencia usando palabras y expresiones repetidas, la vaciedad más total y absoluta que sienten las mujeres que han regresado de Auschwitz. Un vacío del que ni siquiera son necesariamente conscientes, un vacío que las acerca a la animalidad, a la inanidad más desoladora. Son seres que han perdido por completo el sentido de lo que significa estar vivos. Una de ellas dice:

«No estoy viva. Estoy encerrada en recuerdos y repeticiones. Duermo mal y el insomnio no me pesa. Por la noche, tengo derecho a no estar viva. Tengo derecho a no fingir».

En efecto, no se sienten vivas aunque lo estén, quizá más por inercia que por voluntad. Son como espectros que se mueven entre el resto de personas, las cuales es imposible que comprendan no solo por lo que han pasado en los años de cautiverio, sino por lo que están pasando tras la liberación. Sus cuerpos y sus almas han sido laceradas hasta lo indecible durante la reclusión. Y la liberación las ha arrojado a un mundo que ya no reconocen y que ya no las reconoce.

Se trata de una obra breve, de poco más de 150 páginas, construida con los recuerdos y vivencias de la propia autora. Cada capítulo tiene como protagonista un personaje, casi siempre una mujer, que acaba de ser liberada, o bien ya hace años que lo fue, o bien (en algún caso) relata cómo ingresó en un campo. Una obra que cala hondo si uno se detiene un instante a reflexionar, si se esfuerza en ser consciente de que las mujeres que allí aparecen son, o han sido, de carne y hueso. No es un libro pesimista simplemente porque el pesimismo se queda demasiado lejos, demasiado atrás.

La medida de nuestros días, vale la pena decirlo, ayudará al lector a tener un acercamiento, en la medida que ello es posible, a lo que verdaderamente representó aquel horror que sacudió el mundo hace apenas ocho décadas. En una época como la nuestra en la que prima lo frívolo, lo superficial, lo hueco y lo carente de mensaje, en la que si algo no es trivial no es digerible, en la que incluso el drama del Holocausto se banaliza y se transforma en objeto de consumo rápido y ligero, viene bien que libros como el de Charlotte Delbo tengan su espacio.

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Charlotte Delbo, La medida de nuestros días, traducción de Palmira Feixas. Barcelona, Libros del Asteroide, 2025, 164 págs.

7 Comentarios

  1. Lo tenía en mi radar para leerlo, aunque todavía tengo que conseguir los dos anteriores para hacerme una visión al compleo de esta trilogía. Gracias por recordármelo, a ver si los pillo un día y me los zampo. ;-)

  2. Gracias Cavi, seguro que merece.

  3. No he leído el resto de libros de Delbo, Balbo, pero me da la impresión de que son independientes. Los une, eso sí, la temática.

    Es un libro estremecedor en muchos momentos, Iñigo. Sobre todo por la capacidad que tiene de transmitir la vaciedad más absoluta del ser humano, tal que ni siquiera se da cuenta de estar vivo.

  4. Espléndido el vídeo que has enlazado de María de Cumbres Clásicas. Y esta novela la apunto.

  5. María Aguilera hace unos videos interesantísimos, normalmente hablando de sus lecturas pero a veces hace también especiales temáticos, como este dedicado a novelas sobre el Holocausto. Hace años que veo sus vídeos.

  6. Gracias por la reseña. Interesante perspectiva.

  7. También la sigo habitualmente. Especialista en literatura del XIX.

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