“(…) Por las noches oímos la radio y las pobres viejas rezan el rosario. Al fin doña María, la más viejecita, que es la que dice los misterios, enjareta una ingenua oración: -Señor, que no se mate a nadie más, que se estropeen todos los aviones y no puedan volar, y se moje la pólvora, y tengan todos juicio y no sean brutos. Amén”. Elena Fortún, Celia en la revolución, cap. XIII. Mucho antes ...[Leer más]