Mi relación con la ciudad de Venecia siempre ha jugado en el universo de la contradicción. Dos veces la he visitado, una durante tres día completos y otra, en una estancia relámpago de apenas doce horas. En ambas ocasiones, más en la segunda de ellas, despedía la ciudad con cierta sensación de ahogo y espanto por lo abigarrado de su turismo y por no haber sido capaz de disfrutar al cien por cien d...[Leer más]