En una secuencia en el filo de la primera hora de la película La caída del Imperio romano (Anthony Mann, 1964), asistimos a uno de los «soliloquios» de Marco Aurelio: en su estancia privada, el emperador dialoga consigo mismo. Una escena en la que en unos pocos minutos llegamos a «ver» lo que traslucen sus pensamientos, una sucesión de anotaciones, máximas y consejos que el césar escribía para sí ...[Leer más]