La novela histórica pasa por un momento dulce, pero al mismo tiempo con signos de agotamiento. Quizá sea recurrente decirlo, pues siempre (y el adverbio aquí es relativo) parece que un género literario no tiene límites en cuanto a su plena aceptación social y puede, no obstante, que (hace tiempo que) haya tocado techo, se haya adocenado o directamente haya muerto (de éxito, claro está). Los que ll...[Leer más]