«Dos manos salieron del agua y tantearon los bordes del anguloso agujero. Los dedos, valuadores, tardaron unos segundos en escalar las altas paredes de la abertura, que recordaban a los riscos de un cañón en miniatura, y alcanzar la superficie. Una vez sobre el borde, se clavaron en la nieve y tiraron hacia arriba. Apareció la cabeza. El nadador abrió los ojos y miró al frente, hacia la extensión ...[Leer más]