Gran novela

"Aníbal" de Gisbert Haefs

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9.4

P. Hislibris

8.2

P. plebe

Gran novela

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Gran novela

Hay nombres que dejan un indeleble recuerdo en la memoria colectiva. Nombres que siempre nos suenan de algo, que siempre asociamos a algo pese a no saber muy bien, quizás, quienes los hicieron imborrables. Nombres como Alejandro, César o Constantino. Nombres como Aníbal. A él nos dedicaremos hoy. De la mano de Gisbert Haefs viajaremos con Aníbal Barca de un extremo al otro del Mediterráneo, desde su Cartago natal a Bitinia, último puerto para un púnico que, como todos los de su raza, no supo renunciar a su mar, nuestro mar. Es un viaje largo, aviso, y dilatado en el tiempo. Veremos muchas cosas en muchos países distintos, desde el Golfo de Guinea hasta el lejano Mar del Norte. Y más allá. Así que pónganse cómodos en esta nuestra común nave, relájense y déjense llevar. Y abríguense, que se empieza a hacer relente y esta noche va a ser fría.

 

Si yo quisiera hacerles un comentario rápido y simple sobre la novela les diría lo siguiente: Aníbal es una novela histórica basada en las andanzas del famoso caudillo púnico, hijo del no menos famoso Amílcar Barca. El narrador es Antígono, un meteco griego que vive en Cartago, banquero y comerciante, amigo de Amílcar primero y de sus hijos después. A través de sus palabras sabremos del desenlace de la Primera Guerra Púnica y no comeremos entera la Segunda, pues el mismo Antígono acompaña a Aníbal durante su desarrollo, desde la victoria de Sagunto y la marcha hacia los Alpes a la derrota en la llanura de Zama. Él nos hablará de las reformas emprendidas por Aníbal en Cartago, de su exilio huyendo de la persecución romana y de su muerte en Bitinia.

Si yo quisiera hacer un comentario histórico y formal, alabaría el buen hacer de Hafes, la magnífica preparación de la novela, lo acertado de respetar la terminología clásica allí donde ha sido posible sin que esto represente en absoluto un escollo para la lectura del libro. Criticaría dos o tres detalles como más o menos escandalosas –excursión a los Andes incluida-, pero haría una valoración sin duda muy positiva, tanto por la acertadísima ambientación como por la prosa, la presentación y el desarrollo de los personajes. No nos encontraremos con la relativa pesadez de algunos de los pasajes de Troya -la novela se lee de un tirón-. Además, la decisión de poner al final de cada capítulo una carta entre alguno de los protagonistas me parece acertadísima, pues no solo complementa lo que acabamos de leer, si no que además desarrolla ciertos aspectos cotidianos, humanos, dándonos la sensación de estar leyendo algo vivo, algo inmediato.

Todo esto es lo que yo podría haber dicho de haberme querido limitar a hacer un comentario formal. Pero no quiero. Aníbal es más que una biografía novelada, más incluso que una novela histórica. La obra que nos ofrece Haefs es un monumento al mundo mediterráneo del siglo III aC. A su historia, claro, pero también a sus gentes y a sus relaciones. Es un cuadro magnífico que nos cuenta una historia fantástica dentro de un marco maravilloso. Todo lo que podemos mentalmente, sentimentalmente, asociar con el mediterráneo de las Guerras Púnicas lo vamos a encontrar aquí: las miserias de los gobernantes helenísticos, la orgullosa rapacidad romana, la estupidez congénita y vergonzante de los gobernantes púnicos, la avidez de los comerciantes de una u otra de las orillas del mar; y la presencia cotidiana, normal, de los simples artesanos, pescadores o taberneros de cualquiera de las ciudades de sus costas. No soy capaz de ver esta obra como una simple novela histórica. Representa algo más. La veo como una compleja sinfonía compuesta por y para un mar, por y para unas gentes concretas, con sus odios, sus afinidades y sus pequeñas –o enormes- miserias y grandezas, todos diferentes entre sí pero igualados, hermanados, por ese mar en torno al cual viven. Nos hablan ahora de la globalización, de la aldea global y de no sé cuantas otras zarandajas. Y un cuerno. No creo que nunca en la historia del mundo se haya alcanzado un sentimiento de comunidad, una sinergia cultural tan completa, una sintonía tan absoluta de gentes increíblemente distintas como se alcanzó en el Mediterráneo entre la muerte de Alejandro y la caída del imperio de occidente. Ni Antigono ni Aníbal son capaces, en la novela, de renunciar a ese mar, a su mar. Yo tampoco. Quizás porque nos muestra lo que fue, lo que en el fondo siempre ha sido, y lo que podría volver a ser. Si le dejaran.

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