La novela reconstruye la vida del emperador Juliano (331–363 d. C.), conocido como el Apóstata por intentar restaurar la religión pagana frente al creciente poder del cristianismo.
La historia se narra mediante las memorias ficticias de Juliano, complementadas con comentarios irónicos de dos de sus contemporáneos, los eruditos Libanio y Prisco, lo que crea un interesante juego de perspectivas. El libro recorre su juventud, su formación filosófica, sus campañas militares, su ascenso al trono y su esfuerzo final por revertir el rumbo religioso del Imperio.