La península de las casas vacías narra, en clave de realismo mágico, la devastación causadapor la Guerra Civil Española, a través de las historias entrelazadas de una familia de olivareros, un pueblo que parece desmoronarse y una “península” marcada por el abandono y el silencio.
La acción comienza en Jándula, un pueblo ficticio del sur (inspirado en Quesada, Jaén), pero se expande por toda la geografía española, narrando episodios de guerra, posguerra, exilio, miedo, resistencia. El autor crea una multitud de personajes —alrededor de 40— cuyas vidas, ausencias, pérdidas y luchas reflejan la descomposición de una familia, la deshumanización de una comunidad, el vacío dejado por casas abandonadas, el olvido de los muertos, los desplazados, los rostros anónimos.
La novela combina lo real con lo fantástico: soldados que albergan cenizas bajo la piel, maestros que enseñan a “hacerse los muertos”, poetas que cose sombras tras bombardeos, naturaleza teñida por el dolor, narrador omnipresente que introduce sus propias reflexiones o intervenciones.