“Las calles están concurridas, haga frío o no. Pasean hasta las seis, mirando escaparates, y ante una buena tienda admiran largo rato un suéter negro. De pronto él decide comprárselo. Entran. Cuesta cuarenta francos. Es más de lo que pensaba. La vendeuse aguarda, con cara inexpresiva. Se diría que todo el mundo está escuchando. El suéter cuelga laxo, con una bonita etiqueta brillando dentro de su ...[Leer más]