«En Egipto tienen todo lo que existe o se fabrica en cualquier lugar del amplio mundo: riquezas, deportes, poder, clima excelente, fama, monumentos, filósofos, oro, jóvenes, un santuario de los dioses hermanos, un rey ilustrado, el Museion, vino… ¡y mujeres!». Herondas, Mimos I 25, siglo III a.C. Digámoslo cuanto antes: el último libro del egiptólogo Toby Wilkinson dedicado a los faraones de la di...[Leer más]
Gertrude está encantada y esperanzada. “Vamos a hacer de Bagdad un próspero centro de civilización árabe, estoy segura. Vamos a devolverle su pasada grandeza”. Mientras tenía lugar la Primera Guerra Mundial, y en realidad desde mucho antes y durante algunos años después, la zona comprendida por las regiones bañadas por los ríos Tigris y Éufrates fue especialmente conflictiva. Los intereses del imp...[Leer más]
Y así, proseguí con mi vida, con todo lo bueno y lo malo: peleas y reconciliaciones, borracheras y amores, duelos y caricias, terribles broncas y soledades no menos crueles. Me pegué y pinté, me reí y maldije a raudales, fui de cama en cama y de calabozo en calabozo. Me granjeé el doble de enemigos que de amigos. Hay novelas que se leen con una mezcla de deleite y asombro: gustan, se disfrutan y a...[Leer más]
En otros lugares, las montañas son solo montañas, los ríos solo ríos, las cuevas solo cuevas; y, en Grecia, sin embargo, cada montaña, cada río, cada cueva, cada rincón de su paisaje es el escenario de un mito, de una de las historias más antiguas de nuestra civilización. Dice Pedro Olalla, y yo le creo, que no hay un solo mito griego que pueda ser narrado sin referencia a una montaña o a una fuen...[Leer más]
Estamos en el amanecer sombrío de la historia, ante la humanidad se abre un inimaginable abismo de tiempo; 8.000, quizá 10.000 millones de años de vida humana en la Tierra… Para esa gente, nosotros, con nuestras guerras, nuestra tuberculosis, nuestro fascismo, nuestras cámaras de gas, seremos unas criaturas tan incomprensibles como lo son para nosotros los trilobites y los amonites del Silúr...[Leer más]
«–Si pudiera usted convencerse –insiste el guía– de que la guerra no está perdida… podría permanecer en el cargo… –Usted sabe que no puedo convencerme de tal cosa. La guerra está perdida. –Si creyera usted que la guerra aún puede ganarse… Si pudiera al menos creerlo, entonces todo estaría bien. –No puedo, ni aun poniendo todo de mi parte». Albert Speer nació en Mannheim en 1905, así que la Segunda...[Leer más]
No quiero hacer un daño irreparable a su vida. Me queda todavía el suficiente entendimiento racional para suplicarle –a despecho de mis deseos, de mi esperanza, de mi sincero amor– que piense antes y después. Si mediante alguna clase de invención se puede hacer satisfactoriamente, de suerte que después pueda usted vivir como quiere, en ese caso, si eso es posible, no es cosa para escribir. No hay ...[Leer más]