Estaba en mi isla, lejos de los vicios del mundo y al abrigo de todas sus tentaciones. Nada envidiaba, porque tenía todo lo que podía desear: era el señor de aquel territorio; no tenía que llamarme rey o emperador de aquellos contornos; carecía de rival y de competidor que me disputase la soberanía o la dividiese conmigo… En el Pacífico Sur, frente a las costas de Chile hallamos nos encontramos co...[Leer más]