Y NO QUEDÓ NINGUNO – Agatha Christie

"Y no quedó ninguno" de Agatha Christie

Cómpralo ahora
9

P. Hislibris

7.6

P. plebe

Y NO QUEDÓ NINGUNO – Agatha Christie

Y NO QUEDÓ NINGUNO – Agatha Christie

Ese es el objetivo de todo este asunto. No saldremos de esta isla. Ninguno de nosotros saldrá de aquí. Este es el final. ¿Me comprenden? ¡El final!

Cuando en 1939 publicó Ten Little Niggers, Agatha Mary Clarissa Miller, con 49 años y tras casi veinte dedicados a la escritura, ya era una escritora más que conocida: en el género policíaco el nombre de Agatha Christie se asociaba a cerca de 25 títulos que le habían hecho ganar una merecida fama. Quién le iba a decir que la novela que acababa de escribir se convertiría en una de los libros más vendidos (y más leídos) de todos los tiempos, que se traduciría y editaría en todo el mundo, que se harían películas y series basadas en su historia. Con Diez negritos, Agatha Christie entró en el Olimpo de la inmortalidad.

La historia es bien conocida: un grupo de personas son invitadas a viajar, cada una por separado y persuadida con diferentes argumentos, hasta una mansión situada en una pequeñísima isla deshabitada al sur de Inglaterra. Pronto conoceremos que el motivo real por el que esos hombres y mujeres se hallan en aquel islote es que van a morir. Una joven institutriz, un veterano juez jubilado, un joven atolondrado e irresponsable, un médico, un exinspector de policía, una anciana dama chapada a la antigua, un aventurero, un general del ejército ya retirado, y un matrimonio que trabaja como sirvientes en la casa. Se trata de diez individuos aparentemente normales, pero su pasado encierra algún turbio episodio que creen oculto. Este es el menú, estos los platos, aderezados con la dulce cantinela de una vieja canción infantil que cuenta con candor la historia de diez negritos:

Diez negritos se fueron a cenar;
uno se ahogó y quedaron nueve.
Nueve negritos trasnocharon mucho;
uno no se despertó y quedaron ocho.
Ocho negritos viajaron por Devon;
uno se escapó y quedaron siete.
Siete negritos cortaron leña con un hacha;
uno se cortó en dos y quedaron seis.
Seis negritos jugaron con una colmena;
a uno de ellos le picó una abeja y quedaron cinco.
Cinco negritos estudiaron Derecho;
uno de ellos se doctoró y quedaron cuatro.
Cuatro negritos se hicieron a la mar;
un arenque rojo se tragó a uno y quedaron tres.
Tres negritos se pasearon por el zoo;
un oso los atacó y quedaron dos.
Dos negritos estaban sentados al sol;
uno de ellos se quemó y quedó uno.
Un negrito se encontraba solo;
y se ahorcó, y no quedó ¡ninguno!

Así es la historia, el misterio, y este es el reto para el lector: ser capaz de descubrir, a medida que va leyendo, qué diablos está sucediendo en esa isla en la que cada vez van quedando menos personas vivas. La primera vez que leí la novela, hará como 3 o 4 décadas, me pareció una historia sublime, majestuosa, redonda. La segunda, quizá diez años atrás, y ya alejado de las distorsiones de juicio propias de la adolescencia, vi en ella un magnífico entretenimiento, una gran lectura de evasión. La tercera, hace muy poco, la he leído ya como un clásico. Y una vez que una novela entra en esa categoría, ya trasciende cierto tipo de enjuiciamientos y de valoraciones. Un clásico es un clásico, y aunque se puede opinar a favor o en contra acerca de la complejidad de la trama, de lo trabajado del estilo, de la calidad literaria, de la caracterización de los personajes, etc., lo mejor que uno puede hacer es dejarse llevar. Eso quiere decir: olvidar esos párrafos increíblemente cortos (que no son un invento de los tiempos actuales, a la vista está), esos diálogos que ahora que somos tan inteligentes y tan avanzados nos parecen triviales, esos personajes arquetípicos tan acartonados, esos recursos literarios tan sencillos, y disfrutar de la extraordinaria trama, de la historia, de la originalidad (algo es original cuando se copia una y mil veces), y aceptar el juego de detectives que nos propone.

La novela nos traslada a la época en la que fue escrita, un mundo que ya ha desaparecido y que aún podemos rememorar a través de otras novelas o de películas. Un mundo en el que era posible estar absolutamente incomunicado en un islote a escasos kilómetros de la costa inglesa; en el que el monstruo del lago Ness aún era noticia; en el que las clases sociales, la relación entre los señores y el servicio, definían toda una forma de vida; en el que las damas histéricas agradecían un bofetón para entrar en razón; o en el que era bastante habitual comer lengua de vaca y tomar el té a las cinco. Todo esto podemos verlo a través de una historia que, aunque da la sensación de durar mucho más, no se extiende por más de tres o cuatro días.

La novela ha sido publicada en todo el mundo, y en concreto en España han sido numerosas las editoriales que la han editado, comenzando por la legendaria editorial Molino allá por los años 40 del siglo pasado. La edición que ha publicado hace poco la editorial Espasa es francamente original: bajo el forro color rojo sangre, la cubierta es completamente negra: en la parte frontal aparecen de arriba abajo los versos de la canción de los diez negritos, y en la trasera una calavera y dos huesos cruzados. Además, los cantos de las páginas son también oscuros y están salpicados de rojo. Pero lo más destacado son dos elementos: por una parte, el último capítulo aparece en su integridad editado de manera independiente en un cuadernillo y metido en un sobre enganchado al final del libro, debidamente precintado. No es para menos, esas últimas páginas contienen la clave del misterio, la resolución del enigma; se evita así la tentación en la que todos caemos de echar un vistazo rápido al final y destripar entonces la historia. Y por otra parte, el título ha cambiado. Ya no es el tradicional Diez negritos, sino Y no quedó ninguno. ¿A qué se debe esto? El cambio, que ya viene de la edición de 2022, emula el que se llevó a cabo en los años 80 en Estados Unidos y con posterioridad en otros lugares del mundo. Para evitar caer en lo políticamente incorrecto y esquivar acusaciones de tipo racista, se sustituyó en el texto de la novela la palabra «negro» o «negrito» por «soldado»: la isla del Negro, nombre original del islote, pasó a llamarse isla del Soldado, y los «negritos» de la canción infantil fueron sustituidos por «soldaditos». Y el título fue cambiado, al parecer a propuesta de la propia autora, por And Then There Were None, en castellano Y no quedó ninguno.

Hay que decir que la traducción, según consta en la edición de Espasa, corre a cargo de Orestes Llorens, que fue el primer traductor de la novela al castellano en 1946. Sin embargo, cotejadas una y otra ediciones, la de entonces y la de ahora, e incluso alguna otra de principios del siglo XXI en la que también aparece como traductor Orestes Llorens, son todas ellas diferentes. ¿Cómo es posible? ¿Ha sido la traducción inicial revisada, tal vez adaptada a los tiempos? Entonces ¿por qué se mantiene como nombre del traductor el inicial sin indicar esa revisión o adaptación? ¿Hay alguna otra explicación? ¿Qué misterio encierra todo esto? He aquí el argumento para una nueva novela, si Agatha Christie pudiera escribirla.

Es muy posible que Agatha Christie haya escrito otras novelas más redondas (El asesinato de Roger Ackroyd, Asesinato en el Orient Express, Matar es fácil…), pero Y no quedó ninguno es sin duda la más emblemática por méritos propios. ¿Hay alguien que aún no la haya leído?

*****

Agatha Christie, Y no quedó ninguno. Traducción de Orestes Llorens. Barcelona, Espasa, 2025,240 páginas.

2 Comentarios

  1. Recuerdo la primera vez que la leí, hará unos treinta y tantos años, cogida en préstamo bibliotecario. Esos personajes, su procedencia (me fijé en el que el general retirado y otro personaje hablaban de sus tiempos en Natal, Sudáfrica, y me picó la curiosidad), la descripción sucinta de la isla, los acontecimientos día a día y la resolución de todo por parte de… y hasta ahí puedo leer. Y quedar maravillado por el intrincado puzle que había creado Christie. Recuerdo que nada más terminarla, volví a leerla, fijándome en otros detalles, y así hasta un par de veces más. Años después la volví a leer con otros ojos y, claro, le ves las costuras, pero eso no empañaba el placer de volver a adentrarme en aquella trama.

    Un clásico, sí, señor.

  2. Diez negritos fue la primera novela de Agatha Christie que me lei e igualmente me enganchó para leer otras suyas, las cuales tengo ganas de volver a releer. Uno de esos libros que cuando lo empiezas cuesta desprenderse de él. Lo dicho, para el que quiera iniciarse en la lectura de Agatha Christie éste es ideal (aunque no aparezca Poirot ni Miss Marple).

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

*

Lost Password

Ir a la barra de herramientas