Es una novela monumental, compleja y de gran ambición literaria que sigue la vida de Adrià Ardèvol, un niño prodigio catalán, desde su infancia marcada por exigencias intelectuales hasta su madurez. A través de él se exploran temas como:
el mal y su presencia en la historia,
la culpa,
la identidad,
la herencia moral,
la relación con los objetos que arrastran historia (especialmente un violín con pasado oscuro).
La narración salta entre siglos, voceros, tiempos verbales y puntos de vista sin avisar, una marca característica de Cabré.