
Leer a Kurt Vonnegut es como recibir un mazazo envuelto en terciopelo: te ríes mientras te dejan medio deprimido sobre la especie humana, y luego te preguntas si deberías llorar, reír o ambas cosas a la vez. Matadero 5 (1969) y Hocus Pocus (1990) lo demuestran: Billy Pilgrim y Eugene Debs Hartke son veteranos que no odian a los soldados, sino al horror de la guerra y a cómo convierte a los hombres en autómatas sin voluntad obligados a matar y morir en nombre de hombres ricos y sin escrúpulos. Ambos protagonistas son caraduras, mujeriegos y cínicos, capaces de contar sus hazañas sexuales o bélicas mientras uno se pregunta cómo sobrevivieron sin convertirse en psicópatas… o quizá convirtiéndose solo un poquito. En Matadero 5, Billy es abducido por los Tralfamadorianos, extraterrestres que perciben el tiempo como un todo simultáneo: pasado, presente y futuro coexisten y nada puede cambiarse. Son los primos cósmicos de los alienígenas de La llegada: la vida no es lineal, y el libre albedrío es relativo. En Hocus Pocus, los Tralfamadorianos aparecen solo en un artículo que el protagonista lee en una revista sobre como esos extraterrestres podían haber creado la vida en la Tierra por curiosidad, como jardineros espaciales, pero la idea es la misma: el universo es un todo absurdo y cruelmente coherente.
Si en Matadero 5 el trauma de los bombardeos de Dresde marca a Billy, también lo hace la sociedad estadounidense de las décadas de 1950 y 1960. El autor utiliza a Billy para satirizar el “sueño americano”: hogares perfectos donde las mujeres son decorativas, los matrimonios vacíos, la prosperidad material que oculta infelicidad, y el capitalismo que premia la obediencia y la rutina por encima de la ética. El accidente (¿o abducción?) que separa a Billy de su tiempo funciona como catalizador: lo hace ver la vida desde fuera, comprender sus errores y el daño hecho a otros, mientras nos invita a reflexionar sobre el sinsentido cotidiano de una sociedad que se jacta de la felicidad y el éxito.
Y es que el autor conocía de primera mano el horror de la guerra. Veterano de la Segunda Guerra Mundial, fue capturado y hecho prisionero en Dresde, donde sobrevivió a los bombardeos que arrasaron la ciudad. El propio Vonnegut se permite incluso un pequeño cameo en Matadero 5, apareciendo fugazmente en el mismo campo de prisioneros junto a un amigo suyo, en un guiño cómplice al lector.
Ese amigo protagoniza, además, dos de los momentos más significativos del prólogo, cuando Vonnegut nos relata la gestación de la novela. El primero tiene lugar cuando ambos regresan años después a Alemania y traban amistad con un taxista alemán que había combatido en el ejército del Reich y que, tiempo más tarde, les envía una amable postal navideña deseándoles volver a encontrarse algún día en un mundo que siga en paz. El segundo sucede cuando Vonnegut visita la casa de su amigo para intentar reconstruir recuerdos de la guerra y percibe que la esposa de este comienza a tratarlo con frialdad, casi con hostilidad. Al preguntarle, ella le confiesa que no tiene nada contra él, sino contra lo que está haciendo: escribir una novela sobre la guerra que, teme, llenará la cabeza de los jóvenes de historias de honor y gloria, empujándolos a morir en la próxima, y que además dejará viudas a muchas mujeres, como algún día podría ocurrirle a su propia hija. Vonnegut, lejos de ofenderse, rio al escucharla y le aseguró que no debía preocuparse: su intención era exactamente la contraria, escribir un libro que hiciera que la guerra se viera con otros ojos. Ella le respondió con un gran abrazo.
Hocus Pocus lleva la crítica social aún más lejos, centrándose en la política, la economía y la educación. Hartke navega en forma de ucronía por la América de la década de 1980, cuando los EEUU han terminado agotados por la Guerra Fría: deuda estatal inasumible, corporaciones y militares manejando el país, servicios públicos vendidos al mejor postor… un Estado que parece fallido y que tiene demasiadas peligrosas semejanzas con el presente. El escritor no deja títere con cabeza: la educación privada, que acoge a los hijos más “torpes” de padres adinerados, les facilita todo para que consigan sus títulos gracias al dinero de papá, mientras que la educación pública ya casi no existe. Es un país donde todo se compra, hasta la ilusión de meritocracia y las mujeres siguen siendo en gran parte figuras decorativas, pero la ironía del autor hace evidente la ridiculez de esta sociedad y nos golpea continuamente con humor negro y sarcasmo.
En cuanto a los protagonistas, Billy es más víctima de los Tralfamadorianos y de sus traumas; Hartke es actor y crítico de su propio mundo, un antihéroe que observa la estupidez y la corrupción con cínica perspicacia y, al final, poniéndose manos a la obra. Ambos cuestionan la moral de sus actos, aunque el enfoque de Vonnegut en Hocus Pocus es más político, más preocupado por la relación entre la sociedad y la economía, y por la decadencia de instituciones clave como la educación mientras que en Matadero 5 es más personal, el viaje ético del protagonista donde el humor es indispensable: reír mientras te golpea la evidencia de la guerra, la desigualdad, la corrupción y la burocracia del mundo estadounidense de los 50s a los 80s. Filosofía, el absurdo, la sátira y la ciencia ficción se entrelazan: los Tralfamadorianos nos observan y nosotros, como los protagonistas, nos preguntamos cuántas vidas hemos tocado, cuántas veces hemos sido estafados por la realidad y cuántos sinsentidos hemos aceptado como normales.
En definitiva, leer Matadero 5 y Hocus Pocus es mezclar humor con ética, absurdo con historia, ciencia ficción con crítica social. Dos novelas que divierten y remueven conciencias, demostrando que el autor sabía que la risa es obligatoria, aunque la tristeza y la indignación estén incluidas en el menú que tenemos que tragarnos día a día, nos guste o no. Y más nos vale que nos guste porque no hay otro
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Kurt Vonnegut, Matadero 5, traducción de Miguel Temprano García. Bacerlona, Blackie Books, 2021, 216 páginas.
Kurt Vonnegut, Hocus Pocus, traducción de Ariel Dilon. Buenos Aires, La Bestia Equilátera, 2019, 352 páginas.