EL DESDICHADO AMOR DEL FÜHRER – Jean-Noël Orengo

"El desdichado amor del Führer" de Jean-Noël Orengo

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EL DESDICHADO AMOR DEL FÜHRER – Jean-Noël Orengo

EL DESDICHADO AMOR DEL FÜHRER – Jean-Noël Orengo

«–Si pudiera usted convencerse –insiste el guía– de que la guerra no está perdida… podría permanecer en el cargo…
–Usted sabe que no puedo convencerme de tal cosa. La guerra está perdida.
–Si creyera usted que la guerra aún puede ganarse… Si pudiera al menos creerlo, entonces todo estaría bien.
–No puedo, ni aun poniendo todo de mi parte».

Albert Speer nació en Mannheim en 1905, así que la Segunda Guerra Mundial le pilló en mitad de la treintena. Arquitecto por vocación, en cierto modo el Führer se «encaprichó» de él y de sus diseños constructivos. Fue uno de los más jóvenes «hombres de Hitler», si no el que más. Acabó sentado en el banquillo de los acusados en los juicios de Núremberg al finalizar la guerra, y salió tan bien parado de ellos que aún viviría otros treinta y tantos años más.

Speer es uno de los cabecillas nazis que ha generado más literatura (por ejemplo esta obra de Martin Kitchen que se reseñó en Hislibris hace unos cuantos años), y ello se debe seguramente a que él mismo produjo una serie de libros en los que relataba su relación con Hitler y el Tercer Reich, así como su período de reclusión en la prisión de Spandau donde cumplió veinte años de condena. La sinceridad, o la falta de ella, de Speer en sus Memorias ha generado muchos debates. Por otro lado, algunas de sus edificaciones aún siguen en pie, como el monumental complejo urbanístico Zeppelinfeld, construcción monumental inspirada en el altar de la antigua ciudad de Pérgamo, destinada a servir de púlpito a las arengas y discursos de Hitler a la nación alemana y con capacidad para casi un cuarto de millón de personas. Todo ello contribuye sin duda a que la figura de Albert Speer no haya acabado de hundirse en el pozo de olvido y desdén donde se haya el resto de sus colegas nazis.

El escritor francés Jean-Noël Orengo se suma ahora a esa estela que arrastra tras de sí Speer con un libro difícil de clasificar. Lo más cómodo es entenderlo como una novela (así lo ha hecho el jurado de los Goncourt, premios de los que el libro ha sido finalista, y así lo hace la editorial AdN en su edición en castellano); sin embargo, el asunto no es tan sencillo. El desdichado amor del Führer, título que hace referencia al modo en que algunos de los líderes nazis calificaban a Speer, cuenta la vida del arquitecto de Hitler a modo de pinceladas en un cuadro, incluso a veces los párrafos semejan brochazos en una pared, con los que va construyendo el personaje de Speer y su entorno de una forma un tanto particular.

El libro de Orengo no es exactamente una novela histórica ni una biografía, ni tampoco historia ficcionada. Es un relato de la vida de Speer envuelto en reflexiones, una especie de glosa dramatizada de lo que el propio Speer cuenta en sus Memorias, y de su vida posterior. El tono no es íntimo pero tampoco superficial, la información que aporta sobre la época y los hechos que abarca no es detallada pero tampoco escasa, la caracterización de los hombres y mujeres que aparecen (alguna hay) no es profunda pero tampoco insuficiente. El tiempo verbal imperante es el presente, una moda que cada vez cuenta con más adeptos, pero de vez en cuando encontramos un pasado e incluso un futuro. Apenas hay diálogos en sus páginas, pero la lectura fluye con comodidad y ligereza. La época es la comprendida en la vida de Albert Speer desde el momento en que, con apenas veintiocho años, conoció a Hitler. También se emplea un tono retrospectivo, situándose el autor como un lector de las Memorias de Speer y haciendo uso de datos y referencias del presente más reciente. Ese tono a menudo no suena al que emplearía el del narrador de una historia, sino al del individuo que reflexiona sobre ella a toro pasado.

El libro de Orengo cuenta la extraña relación de «amor» y «odio» entre Albert Speer y Hitler, «el guía», como se le llama a lo largo de la obra. El joven arquitecto, individuo de gran carisma (sin duda ese carisma contribuyó a su fama –sí, fama: entrevistas, apariciones en televisión…– una vez salió de la cárcel a los 61 años), se convirtió en el segundo nazi más importante del Reich después del dictador alemán. Quienes conozcan la trayectoria de Speer la encontrarán aquí jalonada con sus hechos más destacados: no sentía especial animadversión contra los judíos y no era tampoco un militar; sucedió como primer arquitecto de Hitler a Paul Troost, y a la muerte del Ministro de Armamentos y Munición del Reich Fritz Todt, Hitler le nombró su sucesor. Y con ese cargo llegó al final de la guerra, a los juicios de Núremberg y la condena en Spandau.

Los lectores de las voluminosas Memorias que Albert Speer publicó a su salida de prisión encontrarán que la obra de Orengo le debe mucho; el autor no lo oculta y con frecuencia las cita. La deuda llega al punto de parafrasear párrafos, escenas y diálogos, como si se tratara de un lector, el propio Orengo, que está leyendo el libro de Speer y reflexionando sobre lo que allí se dice, como jugando a que el narrador está ya a finales de los años 60 y tiene la obra en las manos. La cita que abre esta reseña, sin ir más lejos, puede encontrarse casi idéntica en las páginas escritas por Speer.

Estas reflexiones giran en buena parte de la obra en torno a la relación entre «el guía» y Speer. Pero en su tramo final (y no voy a desvelar nada que no se sepa) se aprecia un cambio: el leit motiv de El desdichado amor del Führer pasa a ser seguramente la cuestión que acompañó al propio Speer desde 1945 hasta su muerte: ¿estaba al corriente del exterminio de los judíos? ¿Sabía Speer que los judíos estaban siendo exterminados en Auschwitz, Treblinka, Sobibor…? ¿Conocía la «Solución Final» de Hitler? En Núremberg Speer asumió la responsabilidad colectiva que le correspondía como líder del gobierno nazi, pero no la individual, alegando su total desconocimiento de las matanzas. Al respecto de ellas se declaró «responsable, pero no culpable». Ello le valió el desprecio de sus colegas nazis y, seguramente, la benevolencia de quienes le juzgaron.

La pregunta de si Speer sabía o no del genocidio judío se adueña de la última parte, y de hecho uno se da cuenta de que lo hace del libro en su totalidad, hasta casi convertirse en la razón por la que Orengo ha escrito estas páginas. La relación de Speer con la periodista Gitta Sereny, quien escribió un libro con las conversaciones que ambos mantuvieron, sirve a Orengo para emitir su veredicto particular sobre el dirigente nazi.

Por momentos morosa y por momentos ágil y fluida, los capítulos son cortos y los párrafos largos alternan con los breves. Se trata, en fin, de una obra interesante y sugerente, Recomendable, en cualquier caso.

 

*****

Jean-Noël Orengo, El desdichado amor del Führer. Traducción de Juan Arranz. Madrid, editorial AdN, 2025, 388 páginas.

 

4 Comentarios

  1. Como de costumbre, Cavi, estupenda reseña. Es curioso que siendo como es Speer un personaje interesante en su doble faceta de gerifalte nazi y arquitecto (temas ambos que me llaman mucho la atención, la arquitectura y el gerifalterío nazi) no me haya acercado un mínimo a su figura. Pero la lectura de tu reseña me ha despertado el interés por el interfecto. Ya me dirás si esta obra en cuestión merece la pena como un primer acercamiento, o es preferible ir directamente a por Kitchen (aunque sospecho que será esto último).

    Otra cosa que me ha llamado poderosamente la atención de tu reseña es el párrafo en el que describes los aspectos formales de la novela y es que me ha recordado en cierta forma a una lectura reciente: «Mesopotamia», de Olivier Guez, también francés, en la que el autor parece jugar, igualmente, en ese entreaguas de lo que es una novela no-novela, biografía no biografía ficcionada… y usando también el presente como tiempo verbal imperante (si que va a ser una moda esto). Diría que puede ser cosa de escritores franceses en busca del Goncourt (y lo mismo beben de el Vuillard de «El orden del día»), aunque entre los autores en español también hay ejemplos, como Lorenzo Silva, que también ha incursionado en el ¿subgénero? con «Recordarán tu nombre». Me suena que has leído la obra de Guez, ¿qué opinas al respecto?

  2. Gracias, equix. No he leído el libro de Kitchen, así que no sabría decirte cuál funcionaría mejor como primer acercamiento; aquel es biografía ensayística, este de Orengo es novela. ¿Quizá el primero?
    Puede ser que los libros de Vuillard hayan marcado tendencia en Francia; habría que leer a unos cuantos para saberlo. El Mesopotamia de Guez es una novela mucho más densa que esta de Orengo, tampoco tiene apenas diálogos y en ella es difícil a veces decidir si se está leyendo una novela o un tratado de geopolítica. Esta en cambio fluye mejor, y la voz narradora de Speer, casi siempre en primera persona, mantiene al lector claramente alejado del tono ensayístico que a veces invade Mesopotamia.
    Vaya con los escritores franceses.

  3. Habiendo leído ambos, definitivamente me quedo con el libro de Kitchen. Prefiero la historia de Speer en modo ensayo biográfico que a una novelada. En todo caso, como siempre la reseña de don Cavilius es sublime.

  4. Gracias, Caín. No he leído el libro de Kitchen, pero no lo descarto si se me pone a tiro.

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