ARTHUR SCHOPENHAUER. UNA BIOGRAFÍA – Luis Fernando Moreno Claros

"Arthur Schopenhauer. Una biografía" de Luis Fernando Moreno Claros

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ARTHUR SCHOPENHAUER. UNA BIOGRAFÍA – Luis Fernando Moreno Claros

ARTHUR SCHOPENHAUER. UNA BIOGRAFÍA – Luis Fernando Moreno Claros

«Te suplico no obstante que no te imagines que la vida del verdadero estudioso es fascinante, porque en el presente yo la conozco de cerca, querido Arthur, y es ardua, fatigosa y llena de trabajo, sólo la pasión por el estudio le otorga algún encanto. Por lo demás, esa vida jamás te hará rico, el escritor consigue con muchísimo esfuerzo solo lo necesario para no morir de hambre».

Siguiendo la estela de Nietzsche, Schopenhauer es seguramente uno de los filósofos más populares fuera de los círculos filosóficos. Esto es así desde hace unas décadas, gracias sin duda a recientes publicaciones de algunas de sus obras menores, que han gozado del favor popular por su atractivo temático. Pero existen historias de la filosofía en las que Schopenhauer aparece apenas de refilón, y en algunas casi mejor que no lo hiciera. La magistral Historia de la filosofía de Felipe Martínez Marzoa le dedica 4 escuetas páginas que se inician con la frase «Si los ataques de Schopenhauer a Schelling y Hegel no son precisamente muy luminosos (porque no hay luz alguna en ‘cháchara’, ‘bufonada’, etc.), no salen mucho mejor parados los pensadores a los cuales Schopenhauer ensalza, porque, a todas luces, los malentiende». Schopenhauer no fue para algunos un gran filósofo, o no lo fue en absoluto. Para otros, en cambio, sí. Tanto en uno como en otro caso, vale la pena conocer al individuo, al personaje que vivió en una de las épocas intelectuales más brillantes de Alemania.

La cita que abre esta reseña aparece en el libro de Luis Fernando Moreno Claros Arthur Schopenhauer. Una biografía, publicado recientemente por Acantilado. Está tomada de una carta que le escribió la madre de Schopenhauer a su hijo cuando este manifestaba su deseo de dedicarse a la «carrera de erudito» en lugar de seguir en el próspero negocio de comerciante de su padre. Porque el joven Arthur tuvo desde jovencito muy claro lo que quería ser, pese a que escribir, en general, y filosofar, en particular, no eran (ni son) quehaceres que reporten riqueza en absoluto. El trabajo de Moreno Claros con esta biografía se apoya en la copiosa correspondencia de Schopenhauer así como en otros textos autobiográficos con formato de diarios personales, de viajes o currículos que el autor alemán escribió a lo largo de su vida (así es la vida: si nuestra existencia podrá reconstruirse en el futuro –si es que nuestros descendientes piensan que vale la pena– con todo el material audiovisual personal que vamos dejando por todas partes, la de nuestros antecesores se nutre de cartas y diarios). Con todo ese material documental el autor lleva a cabo un monumental trabajo de reconstrucción de la vida de Arthur Schopenhauer desde su más tierna infancia hasta el momento de su muerte. Y la imagen que podemos inferir del pensador tras la lectura del libro es cuando menos singular.

Hijo de un acaudalado comerciante y una mujer de carácter independiente, Schopenhauer cultivó desde pequeño un carácter hosco, orgulloso y altivo, despreciativo hacia todo y hacia todos. Él mismo dice que de su padre heredó la voluntad y de su madre el interés intelectual. La muerte de su padre, accidental o por suicidio, cuando el joven Arthur tenía 17 años, le libró de un destino ligado al negocio familiar para el que «jamás existió nadie menos apto que yo». Heredó un tercio de la fortuna paterna, que recibió a los 21 años con la mayoría de edad (eso le garantizó una vida con cierta holgura aunque sin alharacas), y dedicó entonces su vida a lo que más le gustaba: la lectura y el estudio de los clásicos. Aprendió latín y griego, se matriculó en la carrera de Filosofía (tras un breve paso por la de Medicina), se licenció con la calificación de Magna cum laude y viajó por diversas ciudades de Alemania y de Europa.

El libro de Moreno Claros presenta un magnífico cuadro de la Europa de la época, y en especial de las ciudades en las que estuvo Schopenhauer: Dánzig, Weimar, Dresde, Fráncfort… En la época de su juventud Napoleón Bonaparte amenazaba y atacaba con sus ejércitos las ciudades prusianas, las cuales también padecieron la amenaza de epidemias como la del cólera. Descubrimos asimismo la relación peculiar que mantuvo el pensador con su madre, Johanna, quien deseaba su bien pero jamás quiso convivir con él (aunque hubo de hacerlo por algún tiempo), dado el carácter desdeñoso, prepotente y desabrido de su primogénito. Johanna influyó sin duda en su hijo, pero se preocupó por vivir distanciado de él. En cuanto a la personalidad de Schopenhauer, Moreno Claros, en una de las ocasiones más benévolas en que habla de ello, dice lo siguiente:

Era franco y desenvuelto, un tanto primitivo en sus gestos y maneras –algo que también casaba bien con cierta tosquedad de su figura, más bien corpulenta y robusta–, y solía mostrarse áspero y violento cuando le llevaban la contraria. Decía lo que pensaba y manifestaba sus opiniones con seguridad, sin dar pie a apelaciones de ningún tipo. Era aguafiestas y sarcástico, de mordaz agudeza en sus críticas (…) Las discusiones en las que se enzarzaba cobraron fama de virulentas, por lo que sus conocidos lo apodaron «Júpiter tronante».

Schopenhauer fue un tipo insoportable, de carácter discutidor, agresivo, gruñón y quejoso. ¿Acaso son así los genios? No necesariamente. Tuvo sus más y sus menos con otro genio de talla mundial, Johann Wolfgang von Goethe: al principio el joven Schopenhauer admiraba al ya anciano (se llevaban 39 años) y afamado Goethe, de quien gustaba usar su frase «dejad a los necios seguir siendo necios como merecen»; pero Goethe siempre le desdeñó y ninguneó, no respondiendo a sus cartas, y en especial en cuanto descubrió su carácter presuntuoso y soberbio. Schopenhauer también conoció a su admirado Fichte, y al hacerlo le pareció que su discurso era un galimatías ininteligible y cambió su admiración por decepción; con Schleiermacher le sucedió lo mismo. También conoció a Hegel, quien estuvo en el tribunal que debía evaluarle para admitirlo como profesor de filosofía en la Universidad de Berlín. En dicha universidad Schopenhauer sorprendió por su arrogancia y vanidad fuera de lo común, por su ejercicio de autobombo y petulancia. Nunca soportó a Hegel («filosofastro», «maestro del absurdo», «bufón»…), quien aglutinaba todas las miradas del mundo filosófico: las clases de Schopenhauer contaban con 5 alumnos y en las de Hegel se contaban por cientos.

Moreno Claros insiste una y otra vez en la antipatía inherente a la personalidad de Arthur Schopenhauer: su carácter huraño y su desdén para cuantas personas no consideraba a su altura, su empeño en tener siempre la razón y su incapacidad para callar delante de cualquiera. Schopenhauer sintió desde su juventud una fuerte inclinación a juzgar, sentenciar, censurar y, en definitiva, a moralizar sobre el mundo, la vida y las acciones ajenas. Sentía, dice el autor, un desprecio total y absoluto por sus semejantes, «criaturas a las que solamente la circunstancia de que caminan con dos piernas les da el derecho de creerse mis iguales», escribió Schopenhauer en su diario. Con semejante opinión de los seres humanos, no es de extrañar que estuviera harto de la sociedad y permaneciera, melancólico, desengañado y solitario toda su vida.

El trabajo de Moreno Claros no defrauda en absoluto: es lo que promete, una biografía, no un recorrido por el pensamiento del filósofo alemán. Pero es obvio que este también aparece en sus páginas, pues forma parte de su vida. En ese sentido, Schopenhauer tenía las ideas muy claras. En una carta a Goethe hizo profesión de fe del filósofo:

Cuando no se encuentra la verdad no es solo porque no se la haya buscado, sino sobre todo porque casi siempre se busca confirmar una opinión preconcebida, o al menos no desmentir una idea estimada, la cual obliga a urdir toda clase de subterfugios contra los demás y contra uno mismo con tal de eludir la verdad. El coraje de no guardarse en el corazón ninguna pregunta es lo que hace al filósofo.

La obra principal de Schopenhauer comenzó a pensarla con 25 años y la publicó cinco años después: El mundo como voluntad y representación. El libro fue un fracaso monumental hasta la última década de vida de Schopenhauer, cuando se reeditó dos veces y se convirtió en un éxito de ventas. Es esta obra la que lo define como el filósofo pesimista por antonomasia: «toda vida es sufrimiento», al ser humano más le valdría no haber nacido puesto que la vida no es ni buena ni amable sino fuente de dolores sin cuento. Existir significa padecer. El sufrimiento domina la existencia. En suma, Schopenhauer concluía en su obra que este mundo es «el peor de los posibles», y la obra de un demonio (en contraposición a lo que del mundo y de la vida pensaba el también filósofo alemán Leibniz). Resalta una vez más Moreno Claros el engreimiento intelectual sin límites de Schopenhauer al pretender, mientras fue profesor en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Berlín, exponer a sus alumnos el sistema filosófico creado por él mismo, que iba a hacer obsoletos e innecesarios todos los sistemas filosóficos precedentes.

Schopenhauer no gozó de la fama que siempre anheló, a lo cual contribuyó no poco su antipatía hacia la raza humana en general. No fue hasta los 61 años, con la publicación de Parerga y Paralipomena, un compendio de pensamientos secundarios y dispersos, cuando se convirtió en el filósofo de moda en Europa. Ese texto y otros de menor enjundia, que no fueron pensados como libros pero que resultaron especialmente interesantes en los círculos populares (y que se han publicado en castellano con los llamativos títulos de El arte de insultar, El arte de tener razón o El arte de hacerse respetar), le granjearon un reconocimiento que le acompañó, como su mal carácter, hasta la muerte.

El magnífico libro de Moreno Claros también destaca cualidades positivas de la figura de Schopenhauer. Por ejemplo, que estuvo especialmente dotado para los idiomas: además de alemán, dominaba el latín, griego, inglés, francés, italiano y español (sentía una profunda admiración por Baltasar Gracián y su Oráculo manual y arte de prudencia); varias veces se ofreció como traductor en esas lenguas. O que el estilo de Schopenhauer es claro, directo, de lectura ágil y accesible; de ahí su popularidad en el mundo actual, que busca lo fácil y accesible. O su interés por los textos sagrados hindúes, como el Upaniṣad (en sus últimos años se conocía a Schopenhauer como «el buda de Fráncfort»), el cual trasluce en algunos capítulos de sus obras.

Luis Fernando Moreno Claros, cuya tesis doctoral hace ya varias décadas se centró precisamente en la figura de Schopenhauer, es un auténtico experto en el pensador alemán. Ha publicado en Acantilado varios libros que lo tienen como eje central (Correspondencia escogida, Conversaciones con Arthur Schopenhauer, El arte de tener razón). Existen otras biografías a las que el lector interesado podría acudir, como la de Rudiger Safranski Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía o la clásica de Patrick Gardiner Schopenhauer, más centradas en el pensamiento del filósofo que en su vida, más en la obra que en el hombre. El libro que nos ofrece Moreno Claros, en cambio, nos presenta sobre todo a la persona que fue Arthur Schopenhauer, y lo hace de una manera clara y atractiva para todos los lectores. Por poner algún pero, tal vez podría decirse que la biografía está un tanto descompensada ya que dedica muchas más páginas al Schopenhauer joven que al ya entrado en años. Pero esto no mengua el interés de una obra que merece ser muy tenida en cuenta.

 

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Luis Fernando Moreno Claros,  Arthur Schopenhauer. Una biografía. Barcelona, editorial Acantilado, 2024, 495 páginas.

4 Comentarios

  1. Interesante biografía, sin duda. Merece una lectura te guste o no Schopenhauer, porque ampliar conocimientos sobre su vida no quita que tengas una opinión formada sobre el filósofo, te falten sobre la persona que fue y leyendo el libro refuerces esa opinión o la matices. Yo creo que podría resumirse la trayectoria vital de este pensador malhumorado con su parábola del erizo. Nunca se acercó a los seres humanos, si hay que imaginarlos con púas, para librarse del frío de sus vicios, sino que prefirió soportar las bajas temperaturas morales de su entorno social, sin pincharse, y buscar el calor en un abrigo fabricado con el tejido de su orgullo.

  2. Creo recordar que el autor menciona la parábola en el libro (que no tiene nada que ver con aquello de que el zorro conoce muchos trucos y el erizo solo uno pero muy bueno; eso era de Arquíloco de Paros, otro individuo muy curioso).
    Es una biografía interesantísima.

  3. Muy interesante biografía y excelente reseña. El mismo autor publicó hace una década «Schopenhauer.
    Una biografía», en la editorial Trotta. ¿Sabéis si este de Acantilado es el mismo libro, una edición actualizada, o algo totalmente diferente?

  4. El índice en Trotta y en Acantilado es exactamente el mismo, Jabel.

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