No quiero hacer un daño irreparable a su vida. Me queda todavía el suficiente entendimiento racional para suplicarle –a despecho de mis deseos, de mi esperanza, de mi sincero amor– que piense antes y después. Si mediante alguna clase de invención se puede hacer satisfactoriamente, de suerte que después pueda usted vivir como quiere, en ese caso, si eso es posible, no es cosa para escribir. No hay ...[Leer más]
«Si he podido aportar algo a las matemáticas es por lo difíciles que me han parecido siempre. Todo lo que leía o lo que me contaban se antojaba imposible de entender. Entonces me preguntaba si no podría simplificarse de algún modo… ¡y la mayoría de las veces así era!». Ya es toda una tradición consolidada en esta casa (me temo que la culpa es de un servidor) la de comentar y reseñar libros ...[Leer más]
Mi pregunta es, por tanto, la siguiente: ¿qué función cumple la violencia en los textos en los que el monoteísmo bíblico relata y rememora su propia formación, así como su victoria? Se advertirá que no pregunto “¿por qué el monoteísmo se impuso de manera tan violenta?”, sino “¿por qué su victoria es presentada y rememorada en el lenguaje de la violencia?” Partimos de la premisa siguiente: ningún t...[Leer más]
Conquisté la ciudad. Abatí a 800 tropas de combate con la espada y les corté la cabeza. Capturé vivos a muchos soldados. Al resto los quemé. Me llevé valiosos tributos. Levanté un montículo de hombres vivos y de cabezas ante su puerta. Empalé en estacas a 700 soldados ante su puerta. Arrasé, destruí y convertí la ciudad en una colina de escombros. Quemé a sus muchachos y muchachas adolescentes. As...[Leer más]
Una vez se hicieron con el control de la ciudad, no tuvieron ninguna consideración con nadie, y mataron a los que destacaban por su riqueza, linaje o reputación, con el fin de quitarse de encima el miedo y de arrebatarles las riquezas. Y en poco tiempo acabaron al menos con 1.500. Aristóteles, Constitución de los atenienses, 35,4. «No mucho después de estos acontecimientos» es la conocida frase co...[Leer más]
Ni siquiera podía permitirse tener miedo. Patch sintió el roce de una mano. Dio un respingo. No estaba solo. Thriller habemus. Pero no, esta novela en realidad no es un thriller. Da igual, dejemos a un lado las etiquetas. De hecho y ya puestos, dejemos a un lado unas cuantas cosas más: preparémonos para suspender los sentidos, ajustar las válvulas lectoras a lo que requiere este tipo de novelas, n...[Leer más]
«Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus opresores, pues he conocido sus sufrimientos. Yo he descendido para librarlos de la mano de los egipcios y para sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y amplia, una tierra que fluye leche y miel, al lugar de los cananeos, heteos, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos». Éxodo 3:8. Esa miste...[Leer más]
Ese es el objetivo de todo este asunto. No saldremos de esta isla. Ninguno de nosotros saldrá de aquí. Este es el final. ¿Me comprenden? ¡El final! Cuando en 1939 publicó Ten Little Niggers, Agatha Mary Clarissa Miller, con 49 años y tras casi veinte dedicados a la escritura, ya era una escritora más que conocida: en el género policíaco el nombre de Agatha Christie se asociaba a cerca de 25 título...[Leer más]