EL EMPERADOR DE LOS MARES. KUBLAI KAN Y LA FORJA DE CHINA – Jack Weatherford

Puntuación: 7
Lo bueno:
-Muestra igualmente, de manera particular y global, el entorno geográfico, socieconómico y bélico del Imperio de Kublai Kan.
-No te pierdes en su lectura.
Lo menos bueno:
-No incide más profundamente en la conquista del territorio de la dinastía Song del sur de China, y sí lo hace en las operaciones de los mongoles en Vietnam y Japón, por aquello del perfil marítimo del ensayo.

Continuación inevitable de su anterior libro, Gengis Kan y la creación del mundo moderno, Jack Weatherford dedica el ensayo que aquí reseño a Kublai Kan, nieto del primer Gan Kan del Imperio mongol, a sus conquistas, su administración, sus derrotas, que también las tuvo y, sobre todo, a su obcecación por traspasar sus dominios terrestres y convertir su imperio en una gran potencia naval, con todo lo que conlleva en cuanto a expansión militar, comercio, relaciones internacionales y revolución técnica y económica implicada. Gracias al autor y su guía, a lo largo de trescientas cincuenta páginas y casi un siglo de historia, prácticamente todo el siglo XIII d.C., el lector puede hacerse a la idea de la gran transformación geopolítica que sufrió el Imperio mongol en base a los esfuerzos realizados por anexionarse y unificar China y controlar el comercio marítimo de su entorno

El hecho de ser hijo y sobrino de los herederos de Gengis Kan le marcó en su infancia y juventud, tocándole educarse a cargo de su madre en el incorporado territorio de la dinastía Jin al imperio mongol, al norte del Yang-Tsé. Esta situación le marcó profundamente, ya que absorbió el funcionamiento de la administración china, los cimientos de la filosofía confuciana, los tratados comerciales y especialmente la vida sedentaria, diferente y lejana a la sociedad mongola, siempre en continuo movimiento. Fallecido Gengis Kan, sus territorios quedaron bajo el poder de los kanes predecesores a Kublai Kan, pero puntualmente separados en diferentes territorios, que de alguna manera dificultaron en determinados momentos la continuidad de la Ruta de la Seda. Por destinos de la vida y variadas situaciones familiares, Kublai Kan nunca dejó de tener un contacto más o menos directo con el Iljanato mongol, localizado en el extremo occidental del Imperio, enlace de comunicación con los territorios de Europa oriental, el mar Mediterráneo y la sociedad musulmana de la época, conexiones importantes en sus posteriores conquistas comerciales marítimas.

El territorio de sur de China, gobernado por la dinastía Song, se puso a su alcance tras obtener en 1260 el título de Gran Kan. Tras pacificar a los mongoles de las estepas al norte, su mirada comenzó a dirigirse hacia el mar que rodeaba China. Todo evolucionó a favor de Kublai cuando sus tropas cruzaron el Yang-Tse y se creó la primera gran flota naval fluvial mongola. En 1271 cambió su nombre por Da Yuan y se convirtió en el primer emperador de la dinastía Yuan, y conquistó toda China a lo largo de los años 1275 y 1279. Su mirada se dirigió definitivamente hacia el mar. En su camino sufrió terribles derrotas en su afán por conquistar Japón, la actual Vietnam y las islas de Java, territorios inalcanzables militarmente. Sin embargo, sus esfuerzos armamentísticos, tecnológicos y geoeconómicos le llevaron a controlar comercialmente los mares que rodeaban las costas chinas, gracias en gran parte a su control de Corea y al conocimiento naval de sus marinos. Su intención de crear un Imperio naval inmenso le llevó unir más aún sus relaciones con el Iljanato, siempre fiel aliado, ofreciendo la mano de su hija al heredero que aquellas tierras, instaurando una ruta marítima desde China hasta la lejana corte persa. El imperio de Kublai no tenía límites y su comercio implicó el mayor intercambio de bienes entre ambos mundos realizados hasta la fecha.

Tras su muerte solo Temür, su nieto, mantuvo vivo y boyante el comercio marítimo en su continuidad con las políticas diplomáticas de Kublai, abriendo nuevas rutas, inaugurando puertos y convirtiendo la moneda china en el estándar de tasación de todo el imperio. El autor dedica los últimos capítulos del libro a mostrar los vaivenes y el posterior declive de aquel control marítimo, acompañado de la consiguiente crisis dinástica de los herederos de Temür, ya a finales del siglo XIV y, años después, como causa de la llegada de los navegantes y comerciantes europeos y estadounidenses.

Weatherford nos presenta, en definitiva, un Kublai Kan solitario rodeado de un universo de cortesanos, pero dentro de un contexto histórico renovador en cuanto a su visión de conquistas, más allá de la tierra firme. Sin embargo, este crecimiento comercial internacional, entonces tan enriquecedor para China, terminó por quebrarse ante la presencia del naciente capitalismo occidental, convirtiendo aquella China altamente aperturista y expansionista, en un gigante rodeado de una muralla y cerrada al exterior. Pero esa es otra historia.

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Jack Weatheford, El emperador de los mares. Kublai Kan y la forja de China. Traducción de Joan Eloi Roca. Barcelona, Ático de los Libros, 2025, 408 págs.

 

 

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