Estamos en el amanecer sombrío de la historia, ante la humanidad se abre un inimaginable abismo de tiempo; 8.000, quizá 10.000 millones de años de vida humana en la Tierra… Para esa gente, nosotros, con nuestras guerras, nuestra tuberculosis, nuestro fascismo, nuestras cámaras de gas, seremos unas criaturas tan incomprensibles como lo son para nosotros los trilobites y los amonites del Silúrico…
Impedimenta ha publicado al fin la tercera parte de la trilogía Tiempo no perdido del autor polaco Stanisław Lem, escrita entre 1948 y 1950. Con El regreso Lem cierra el ciclo de novelas en torno a una serie de personajes que deambulan por el escenario de caos que se instaló en Polonia al finalizar la Segunda Guerra Mundial, cuando la opresión y el terror del régimen nazi se vieron reemplazados por el clima de inseguridad y miedo del régimen comunista tutelado desde Moscú por Stalin.
Escrito cada volumen con un año de diferencia y no publicados hasta 1955, Lem nunca se sintió orgulloso de esta trilogía y solo defendió la primera entrega, El hospital de la transfiguración. Los otros dos libros fueron al parecer resultado de la presión de la censura comunista, que demandaba al escritor una historia aceptable desde el punto de vista ideológico. Pese a ello, la posteridad ha sabido reconocer el valor literario y testimonial de esas dos novelas, Entre los muertos y El regreso, y ese estilo que podría definirse como realismo histórico, tan alejado (o quizá no tanto) del género de la ciencia ficción que Lem cultivaría con éxito durante el resto de su carrera.
El regreso comienza en Varsovia y acaba en Cracovia, ciudades que encarnan el testimonio de un país absolutamente devastado por la guerra y que trata de recuperarse de una destrucción tanto material como intelectual y moral. La novela recupera personajes de las obras anteriores, lo cual permite dar así una sensación de continuidad. Destacan el joven médico Stefan Trzyniecki, superviviente del horror de los campos de concentración de Bełżec y Auschwitz, donde fue encerrado injustamente (¿acaso alguien estuvo allí justamente?) y ahora doctor en un paritorio de la ciudad. Y Bugoslaw Wieleniecki, intelectual que a duras penas puede resistir en la superficie ideológica en un mar en el que todos tratan de mantenerse a flote hundiendo a quien resulta mínimamente sospechoso de algo. Como trasfondo a sus historias y a las del resto de personas que pululan por la novela se sitúa la ominosa figura del Partido, ente político que vela de un modo siniestro y desde la distancia por el orden, la seguridad y la paz.
La ciudad ha sobrevivido a los alemanes y al fascismo y en ella se ha impuesto el comunismo más desatado, dependiente de las directrices de los soviéticos. Ello no impide en absoluto que los judíos sigan teniendo mala imagen (nunca la tuvieron buena, en realidad), y cualquiera que tenga un pasado político o religioso dudoso es puesto bajo observación. La reconstrucción y el deseo de supervivencia se asientan en el miedo, y sin embargo los numerosos seres que desfilan por la novela parecen convivir con la inseguridad con naturalidad, incluso en algún momento con frivolidad. De vez en cuando Lem pone en boca de uno u otro escenas que estremecen al lector pero no a quien las relata, quizá ya cauterizado por la convivencia con el horror. Puede que el mejor calificativo para El regreso sea que se trata de una novela de supervivencia: sus protagonistas son antiguos resistentes, burócratas del partido, oportunistas, supervivientes que tratan de organizar sus vidas en un país asolado por la guerra.
En la novela hay también lugar para sentimientos tan atemporales como el amor: la relación entre Halina y Stefan, descrita de modo algo intempestivo, se nos muestra gracias a eso cercana y actual, y tan cruel y descarnada como puede llegar a ser ese sentimiento. Lem también deja, como en sus anteriores novelas, abundantes muestras de su formación médica (en esto y en otros aspectos Stefan se revela como el alter ego del propio autor) en las páginas que dedica a las intervenciones en la unidad de obstetricia del hospital donde Stefan trabaja y se sacrifica por traer niños a un mundo que le ha dado pocas alegrías. También, aquí y allá, encontramos reflexiones del autor puestas en boca de otros personajes, sobre temas que después se revelaron recurrentes en la producción novelística de Lem: la ciencia, la filosofía, el futuro…
El regreso es una novela viva, dinámica, de diálogos ágiles y descripciones profundas. Se aprecia una capa subterránea de pesimismo instalada en todos los personajes y en el ambiente en el que estos están obligados a vivir, que contrasta con un tono a veces fresco e incluso aderezado con una pizca de humor. Es, sin embargo y a poco que uno entre en la historia, una novela oscura, triste, fiel reflejo del mundo en que fue gestada.
Bienvenida sea pues esta obra de Stanisław Lem, una novela interesantísima, intensa y que nos recuerda que en muchos lugares el horror y el miedo no concluyeron con el fin de la Segunda Guerra Mundial.
*****
Stanisław Lem, El regreso. Tiempo no perdido, 3. Traducción de Abdel Murcia y Katarzyna Moloniewicz. Madrid, Editorial Impedimenta, 2026, 352 págs.
hahael
El hospital de la transfiguración es una excelente primera novela. Lem, de haberlo permitido el régimen, hubiera sido un novelista de primera fila. Gracias por la reseña, Cavilius.
cavilius
A ti por leerla, hahael.
Lem fue un brillante novelista de ciencia ficción. Quién sabe lo que se le pasaba por la cabeza, relacionado con sus años bajo el régimen, cuando escribía esas novelas.