Reconozco que cuando empiezo la lectura de una novela del escocés Robert Louis Stevenson lo hago desde el cariño que me inspiran las andanzas de un joven en una isla que esconde un tesoro, o desde el desgarro moral de un médico torturado por sus vicios en el Londres victoriano: aventuras y terror psicológico. Pero Stevenson cultivó también otros géneros literarios en su corta vida marcada por la tuberculosis: ensayo, poesía, cuento, libros de viajes y novela histórica. A este último pertenece el título que nos ocupa, La flecha negra, ambientada en la Inglaterra de la llamada Guerra de las Dos Rosas, un conflicto civil que enfrentó de forma intermitente a las Casas de Lancaster (con el emblema de una rosa roja) y York (rosa blanca) entre 1455 y 1487, y que tuvo como resultado el fin de la dinastía Plantagenet para ser reemplazada en el trono por los Tudor. Se considera que esta contienda señala formalmente el fin de la Edad Media inglesa y el comienzo del Renacimiento, y que inspiró desde varias obras de Shakespeare hasta la saga de Juego de tronos.
La novela está protagonizada por Dick Shelton, un muchacho huérfano de padre que ha sido criado por sir Daniel Brackley, al que sirve como escudero con lealtad y agradecimiento. Pero su tutor es un caballero que ha hecho fortuna arrebatando sus bienes a los lugareños. Para ello pervierte la ley a su antojo o usa la fuerza de las armas directamente. Y además, si es necesario, cambia de bando sin escrúpulo alguno para adaptarse a los vaivenes de la guerra civil que está viviendo el país y conservar así su posición y riquezas. Estos abusos han alimentado durante años una nómina de hombres arruinados que forman la hermandad secreta conocida como La Flecha Negra, una banda clandestina cuyo objetivo es acabar con sir Daniel y sus lugartenientes. Para ello los acosan desde las sombras de los bosques donde se ocultan y aprovechan cualquier ocasión para ensartarlos con una flecha de color negro. Esta situación recuerda al mito de Robin Hood, aunque en este caso no se trata de robar a los ricos para favorecer a los necesitados, sino de sembrar el terror entre sus enemigos y consumar una venganza letal.
Dick Shelton trata en un principio de defender a su tutor, pero poco a poco va cayendo el velo que le cubre los ojos hasta comprender que sir Daniel no solo es un tirano, sino que además es muy probable que fuera el asesino de su padre. Es destacable el arco de la evolución del protagonista, que a lo largo de los cinco libros en los que está estructurada la novela vivirá aventuras y desventuras tanto bélicas como románticas, pasando por escaramuzas a punta de espada o filo de hacha, fugas y persecuciones por los bosques nevados —la nieve es un personaje más de la novela—, misiones de rescate de su amada e incluso una defensa épica, bajo una lluvia de saetas, de una villa frente al ataque de un ejército numeroso, todo ello sazonado con equívocos, traiciones y engaños, con damas travestidas de muchachos y un villano camuflado de ciego leproso, nada menos, y sin olvidar la aparición de cierto personaje verídico llamado a ocupar en el futuro el trono de Inglaterra. Hay que tener en cuenta que La flecha negra fue publicada originalmente por entregas en 1888, firmada con el pseudónimo de Capitán George North, lo que implicaba que todos los folletos debían mantener el interés de los lectores para asegurar que compraran el número siguiente. Quizá sea esta la razón, aparte de la maestría de Stevenson, de que no haya apenas una página aburrida.
El conjunto de peripecias vividas por el protagonista le harán pasar de ser un joven confiado y de ideas fijas a adquirir una visión madura del mundo en que vive, asumiendo por el camino que sus actos —tanto aciertos como errores— generan consecuencias no siempre deseables en su propia existencia y la de terceras personas, llegando incluso a provocar la pérdida de vidas y haciendas. Al final de la novela, un Dick Shelton más maduro no solo comprenderá el poder sanador del perdón, sino que hará lo posible por reparar el daño causado por su mano, evitando así convertirse en una copia del que fuera su tutor.
Un clásico de aventuras que no decepcionará a los amantes del género, ni a ningún lector en realidad, y que fue adaptado desde los años cuarenta del siglo pasado a diversas producciones para el cine y la televisión.
*******
Robert Louis Stevenson, La flecha negra, traducción de Marisol Dorao Orduña. Madrid, Alianza Editorial, 2021, 344 páginas.
Valeria
¡Maravillosa reseña! Las novelas de aventuras de siempre, las que nos hicieron lectores felices en la infancia y que parecía que se habían quedado en el cajón de los recuerdos, en la portada de Hislibris. ¡Bravo! Siempre me he preguntado (y más tras la experiencia escolar de mis hijos) por qué en los colegios se olvidan siempre de obras como La isla del tesoro, La flecha negra, Cinco semanas en globo, Los tres mosqueteros o Miguel Strogoff cuando se hacen planes lectores; pero se proponen libros horrorosos que pretenden ser muy didácticos y educativos pero quitan las ganas de leer. Así que mis felicitaciones al reseñador por hacerle este hueco a Stevenson.
Farsalia
Los clásicos siempre en Hislibris. ¡Bravo!
Vorimir
Una de mis novelas históricas y de aventuras favorita. Gran acierto reseñarla, Mr Gado.
Balbo
Buena reseña. Este es el típico libro que uno tiene en la estantería y que jura y perjura que se leerá en breve y después de un tiempo, aunque te haya hecho ojitos todo el rato, lo coges y tras degustarlo piensas… «por qué no lo he leído antes». Es un gran libro, aunque el pobre tenga la tara de estar oculto detrás de la gran sombra de La isla del tesoro. Es bueno recordar que también existe.
IÑIGO
Olé Mr. Gado. Bravo!
Antigono el Tuerto
Un clásico entre los clásicos, y además de Robert L. Stephenson, autor del clásico de aventuras por excelencia, La Isla del Tesoro. Una de esas lecturas imprescindibles en las infancias de muchos, que nos hicieron soñar y aficionarnos a la lectura en general, y al género histórico en particular…aunque algunos pondrían alguna que otra pega a la etiqueta de «histórica», no debemos olvidar que es una novela de su época, el siglo XIX, con sus clichés, tramas y gustos. Balbo, si todavía no la has leído te recomiendo que lo hagas, no lo lamentarás.
Mr. Gado
Agradezco el entusiasmo con que ha sido recibida esta mi primera reseña. Pretendí hacer algo sencillo, sin alardes. Me alegro de que haya completado un hueco en la Papri.