«Recorrió los Alpes para comprobar la ruta de Aníbal y demostró que ciertas ciudades no podían verse desde los lugares citados anteriormente, demostró un sinfín de datos sobre cómo se fabricaban y utilizaban las espadas y las sillas de montar; su método consistía en recrear la realidad lo más fielmente posible. Su reconstrucción de la silla de montar romana fue revolucionaria y demostró que era posible montar a caballo y hacer la guerra sin estribos».
Ed Fordham, Obituario: El historiador que dio vida a la antigüedad. Publicado el 13 de junio de 2012 en el Spalding Guardian.
Mal comenzaríamos una reseña en un blog dedicado a las letras y los libros, si citáramos el manido tópico de que una imagen vale más que mil palabras. Y peor continuaríamos si siguiéramos tirando de tópicos, aunque fuera el de que el autor de la obra que motiva estas líneas ha hecho brotar en buena parte del público lector el amor por la historia y el interés por el pasado, por no hablar de que ha despertado unas cuantas vocaciones profesionales. Así que mejor dejar a un lado los tópicos y empezar de otra manera.
Tampoco enderezaríamos el asunto si escogiéramos el camino de las comparaciones odiosas. Podríamos citar fantásticos ilustradores de historia antigua españoles, anglosajones y franceses, y añadir que ellos siguen la estela del autor objeto de esta reseña, pero no haríamos más que meternos en un jardín que nadie nos ha obligado a transitar. Quizá enmendaríamos el entuerto si optáramos por la vía sentimental y dijéramos que muchos tienen (tenemos) una especial predilección por sus ilustraciones, que en cuanto las vimos por primera vez quedamos encandilados por su calidad, su detallismo, su precisión… Y al menos en este último aspecto diríamos la verdad y nadie podría discutírnoslo, porque el reseñador que escribe estas líneas da fe de que cuando conoció los dibujos de Peter Connolly hace ya décadas, tuvo la impresión de haber encontrado no a un ilustrador más, sino al Ilustrador por excelencia.
Peter William Connolly, ilustrador, autor, arqueólogo experimental e historiador (todo eso reza en la placa situada donde residió los últimos 25 años de su vida) nació en 1935 en Londres y murió en 2012 una semana antes de cumplir 77 años. Fue algo más, bastante más, que un ilustrador: fue un destacado historiador e investigador de la antigüedad, experto en equipamiento militar griego y romano; asistió a congresos internacionales (en uno de ellos coincidió con un joven Fernando Quesada, con quien discutió acerca del origen del gladius hispaniensis) y puso su portentosa capacidad artística al servicio de su trabajo como historiador. En 1985, en medio del éxito de sus libros ilustrados, fue nombrado honorary research fellow por la University College de Londres. Quizá, es una sospecha, su virtuosismo como ilustrador eclipsara su faceta como investigador de la antigüedad militar, y tal vez por eso tuvo un reconocimiento tardío y fue considerado más un divulgador gracias a sus ilustraciones, que un historiador gracias a sus textos.
Seguramente una ilustración tenga más capacidad divulgativa que un texto, y quizá por eso los primeros trabajos conocidos de Connolly fueron divulgativos, limitándose a ocuparse del aparato gráfico. En el librito Griegos traducido por la editorial Molino a finales de los años 70, Connolly se encargaba de la parte gráfica pero no de los textos, con unas ilustraciones que elevaban la categoría de una obra en principio dirigida a un público joven y poco exigente. Sí fue de su completa autoría el siguiente trabajo, Las legiones romanas, una maravilla publicada en nuestro país a principios de los 80, publicitado con frases como «El libro sobre las legiones romanas con las más rigurosas ilustraciones para el lector medio». Aquí Connolly ya se mostró no solo como ilustrador, sino como experto en armamento militar romano.
A Las legiones romanas siguieron las traducciones de libros como Los ejércitos griegos, Aníbal y los enemigos de Roma, La vida en tiempos de Jesús de Nazaret o Pompeya. Su obra The Legend of Odysseus recibió en 1986 el premio Times Education Supplement Senior Information Book Award, y por supuesto también fue traducido y publicado en España (La leyenda de Ulises). Estábamos en la segunda mitad de los años 80 y Peter Connolly ya era un autor más que conocido entre los lectores del género. Esos mismos lectores, sin embargo, se hacían cruces porque sabían de la existencia de la por entonces magnum opus de Connolly, y esta no estaba disponible en nuestro país. Se trataba de Greece and Rome at war, de 1981, obra que se apoyaba sustancialmente en el texto y las imágenes de sus tres primeros libros. La pregunta era: ¿para cuándo la publicación de este libro en castellano?
Connolly siguió trabajando en el texto y las ilustraciones de muchos otros libros que no fueron volcados a la lengua de Cervantes. Es llamativo que la afamada editorial británica Osprey Publishing, especializada en historia militar y cuyo punto fuerte son precisamente las ilustraciones, no contara nunca (corríjaseme si me equivoco) con Peter Connolly entre sus autores. Sin embargo, en Osprey tuvieron el detalle de publicar en su blog un obituario que uno de sus ilustradores escribió por la muerte de Connolly. Ese breve texto puede servir de botón de muestra de la enorme importancia e influencia del trabajo de Connolly, en tanto que investigador de la historia militar antigua:
El primer libro de Peter Connolly, The Roman Army, fue toda una revelación en 1975. Presentaba a los soldados de una forma muy bien documentada y totalmente convincente. Poco después de conseguir mi ejemplar, me encargaron ilustrar un libro de R. J. Unstead, entonces un famoso autor de libros de historia para niños, que incluía el desembarco de César en las playas de Dover. Unstead rechazó mis romanos de Connolly con sus camisas de malla, con una nota en la que describía la lorica segmentata que, en su opinión, debían llevar, tal era el estado general de ignorancia incluso entre los historiadores antes de que la influencia de Peter se extendiera entre nosotros. R.J. cedió ante lo inevitable cuando se enfrentó a la erudición de Connolly.
En 1998 la editorial Acento recuperó a Connolly para el público ibérico: tradujo y publicó, en una magnífica e impecable edición en tapa dura y gran formato, The Ancient City, Life in Classical Athens & Rome. En La ciudad antigua. La vida en la Atenas y Roma clásicas Connolly compartía textos con la profesora de arqueología Hazel Dodge; las clarificadoras ilustraciones de objetos, vestimentas, viviendas, mapas, reconstrucciones de edificios y un largo etcétera, hicieron que el libro se convirtiera en la joya de la corona de los trabajos de Connolly publicados en nuestro país. Mejor que esto ya no puede haber nada, pensábamos algunos, mientras quedábamos a la espera de que la traducción de Greece and Rome at war llegara algún día.
Y ese día llegó 35 años después de su aparición en inglés: en 2016 la editorial Desperta Ferro publicó al fin La guerra en Grecia y Roma, traduciendo la edición inglesa publicada y revisada cuatro años antes, el mismo de la muerte de Connolly. El verano de aquel 2016 Desperta Ferro sacó dos ediciones casi seguidas, en las que se incluía un aparato crítico que aportaba actualizaciones al contenido del libro, el cual, no lo olvidemos, tenía ya 35 años de edad. Y ahora, transcurridos nueve años, ve la luz la tercera edición, que incorpora en sus primeras páginas un prólogo de Alberto Pérez Rubio y otro de Fernando Quesada, (autor que tiene en su haber una obra similar, a la altura de la de Connolly: Armas de Grecia y Roma, con las magníficas ilustraciones de Carlos Fernández del Castillo).
Abundemos en ello: La guerra en Grecia y Roma es un trabajo de primera categoría, tanto en su aparato gráfico como en los textos que lo acompañan. En estos la erudición de Connolly se percibe en cada página, describiendo al detalle con una precisión quirúrgica que huye de vaguedades y generalizaciones:
La sítula de Certosa muestra un peculiar casco fabricado a base de grandes discos. En la antigua Yugoslavia se han encontrado algunos ejemplares de este tipo de cascos, que constarían de una estructura de mimbre cubierta con discos de bronce, entre los cuales se añadirían tachones de bronce para tapar los huecos.
En cuanto a las ilustraciones, son detallistas hasta el extremo. A menudo proporcionan más luz de la que un texto lograría jamás. Sus diagramas y réplicas no son meras reproducciones sino que revelan un profundo estudio de los restos que han llegado hasta nosotros. Connolly se esfuerza por reproducir la realidad con la mayor fidelidad posible, esfuerzo que a menudo desemboca en revelaciones, conocimientos e ideas que para otros pasan desapercibidos. Sus imágenes no solo recrean escenarios, batallas e individuos con indumentaria militar, sino que muchas de las ilustraciones de espadas, lanzas, puntas de flecha, etc. semejan un pormenorizado catálogo de hallazgos arqueológicos. La ilustración que describe la formación y movimientos tácticos de las moras y enomotias del ejército espartano; o la que recrea una syntagma macedonia con las sarisas en alto en diferente ángulo en función de la fila en que se encuentren; o la que muestra gráficamente en qué consiste la táctica manipular de una legión romana; o la conocidísima que representa la evolución del casco griego desde el modelo Kegel pasando por el ilirio, el corintio y el tracio; esas imágenes, que ya tienen la categoría de clásicas y han sido usadas repetidamente por Connolly en diversos trabajos, han sido también copiadas hasta la saciedad por otros autores, e incluso reproducidas sin indicar su autoría. Sin embargo, el lector aficionado a la historia militar antigua las reconoce de inmediato.
La obra traza un recorrido por la historia militar de los griegos y los romanos desde el siglo VIII a.C., tiempo en el que ya se puede hablar con propiedad de la falange griega, hasta el siglo V d.C., momento en que el imperio romano puso punto final a su andadura. Movimientos de las tropas en campaña, en la batalla, composición de los ejércitos, tácticas de combate… Y por supuesto, descripción pormenorizada y evolución del armamento y las panoplias a lo largo de esos trece siglos. Capítulo aparte merece, tras la descripción de la fuerza militar griega hasta el siglo IV a.C., el ejército de Macedonia, creado por Filipo, perfeccionado por su hijo Alejandro y sometido a una cierta evolución en época helenística. En cuanto a los romanos, el viaje en el tiempo nos lleva desde los tiempos de Rómulo, el ascenso de Roma en la península itálica, su lucha contra enemigos exteriores, en especial contra Cartago (muchas páginas dedicadas a las guerras púnicas), hasta llegar a la época imperial, primero, y tardoimperial, después. Cuatro apéndices cierran el libro: la guerra en el mar (crucial para la supervivencia de los griegos y también muy importante entre los romanos), las fortificaciones y la guerra de asedio, la evolución del uniforme militar romano en sus distintos rangos (con magníficas ilustraciones a toda página) y las notas que la edición española incorpora al libro de Connolly, que actualizan su contenido con los avances de la investigación en historia militar griega y romana de las últimas décadas.
La guerra en Grecia y Roma es ya una obra clásica, imprescindible incluso, de las que se disfrutan doblemente por sus textos de altísimo nivel y por su aparato gráfico insuperable. No solo es un libro de consulta sino también una fuente de inspiración y de deleite, tan accesible para neófitos como apasionante para el lector avezado. Es sin duda una obra única, de las que perviven en la memoria y resisten el paso del tiempo.
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Peter Connolly, La guerra en Grecia y Roma, traducción de Jorge García Cardiel y David Serrano Lozano. Madrid, Ediciones Desperta Ferro, 2025, 336 páginas.





Farsalia
Librazo imprescindible… Eso sí, no es para leer en el autobús.
Javi_LR
Si acaso, en un taxi.
Manuel Gutiérrez Ramón
Creo que este libro, teniendo en cuenta a su autor, será delicioso para lectores con deseo de rigor en una materia que, como sucede con otras relativas a la historia, lo exige. Sean bienvenidos los puntillosos, los que buscan, con toda razón, hechos respaldados por la arqueología, no por fantasías donde nunca deben aceptarse, excepto con un fin lúdico, y no es este el caso. A deleitarse toca, pues esto no es óbice para ello, que el placer de la curiosidad se incluye en el lote, no está reñido con un trabajo meticuloso. Un abrazo, cavilius.
Javi_LR
Igualmente, Manuel. Sí, el libro es una joya se lo mire como se lo mire. Y además, y haciendo honor al tema que aborda y en perfecta compenetración con él, funciona perfectamente como arma arrojadiza.
Manuel Gutiérrez Ramón
En que esa arma arrojadiza dé en el blanco del conocimiento, basta… Connolly nos ha enseñado cómo usarla y ha afinar la puntería. Muy buena observación, cavilius.
Leo
Tu comentario refleja justamente ese equilibrio entre rigor y disfrute que tanto valoramos quienes buscamos comprender la historia sin adornos innecesarios. Coincido plenamente contigo: la arqueología y la investigación seria son las que nos permiten saborear la verdad con gusto, sin renunciar al placer de la curiosidad.
Un fuerte abrazo, y a seguir disfrutando del viaje.
Manuel Gutiérrez Ramón
Muchas gracias, Leo. Ese es el camino. No resulta difícil desviarse de él, pero se ha de tener la determinación de elegirlo y recorrerlo porque algo nos dice que por ahí vamos bien. No podemos ir mejor. También tú lo has expresado de maravilla. Un afectuoso saludo, amigo.
Javi_LR
Libro imprescindible de un autor clásico. Tanto que para mí, dos libros de la biblioteca del colegio despertaron mi curiosidad por el mundo romano: uno de Isaac Asimov y otro de Connolly (aunque no este, era uno sobre las Guerras púnicas). Desde entonces es para mí un autor muy especial y este libro tiene que estar en cualquier biblioteca de amante de la Historia y del Mundo antiguo.