Francisco Casavella, autor de la aclamada novela El día del Watusi, fue galardonado con el Premio Nadal por esta novela que hoy reseño. Era el año 2008 y en el mes de diciembre de aquel mismo año fallecía de un ataque al corazón a la edad de 45 años. Se iba una de las voces más audaces y reconocibles del panorama literario español de aquellos años. Pues bien, la editorial Anagrama decidió hace unos meses editar esta voluminosa novela localizada en el último cuarto del siglo XVIII, en plena época plena de ilustración, revoluciones y el decaimiento del absolutismo, bajo el prisma y la mirada de su protagonista, conocido entre otros nombres, como Martín de Viloalle.
Francisco Casavella realiza una bellísima y gran pintura de aquella Europa, aportando un punto de vista lleno de picaresca, humanidad y sentimiento. Y para ello utiliza un lenguaje rotundamente trabajado, en ocasiones retórico, en el que las metáforas, la filosofía, el solvente uso del vocabulario y las descripciones, conforman un gran cuadro pictórico, especialmente agudo de lo que sucede en el entramado social de aquella sociedad. Para ello crea el personaje de Martín, como si se tratara de un Lazarillo localizado en el siglo XIX, para formar parte de un grupo de personajes que mediante la fantasía, el engaño o la fascinación por lo artístico y lo oculto, se aprovechan de las oportunidades que el fascinante mundo de la ilustración, los nuevos conocimientos y la curiosidad de quienes mandaban en un mundo de palacios y cortes, les ofrece. Por cierto, una realidad que, si no cambia o evoluciona con los nuevos pensamientos y los libertarios ideales, poco a poco se desmorona, como termina por suceder. Ese camino por Europa le lleva a Francia, y es aquí donde el autor muestra y desarrolla ante el lector, las consecuencias de la revolución. En esos meses parisinos de ferviente vorágine y cambios de posturas idealistas e intereses políticos, Martín deambula, golpeado de aquí para ya, mostrándose como testigo de unos hechos que le llevan, por obra y arte de Francisco Casavella, a reencontrarse con otros protagonistas de la novela, desaparecidos páginas atrás, en una imprevisible y hermosa promesa de esperanza y reconciliación.
El camino hasta aquí ha sido largo para el lector, en ocasiones incluso arduo, pero siempre modélico en la literatura del autor, rica y esplendorosa narrativamente hablando, y poderosa en la historia contada, una historia que termina en tierras del Nuevo Mundo, dejando atrás un viaje de conocimiento, mucha picaresca y no pocos ideales y amigos perdidos. Golosa novela, sin duda, muy golosa.
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Francisco Casavella, Lo que sé de los vampiros. Barcelona, Editorial Anagrama, 2024, 552 páginas.
Urogallo
Ciertamente, la calidad literaria de la novela es sorprendente y destaca en la media actual, pero la trama acaso sea complicada en exceso y tienda a perderse en constantes vericuetos. Muy adecuada la comparación con la picaresca y la multiplicación de escenas y episodios.
Iñigo
Una novela diferente y fuera de su tiempo. De esas donde la calidad de su literatura y sus tramas exigen cierto esfuerzo. Qué no pasa nada, oiga 😉.
Urogallo
Fuera de nuestro tiempo, pero dentro de otro. Levanto mi cerveza de patata en honor del viejo Fritz.
Iñigo
Gran libro, en definitiva.