SOLDADOS DE SALAMINA – Javier Cercas

"Soldados de Salamina" de Javier Cercas

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SOLDADOS DE SALAMINA – Javier Cercas

SOLDADOS DE SALAMINA – Javier Cercas

Soldados de Salamina es uno de esos libros que casi todo el mundo «ha leído», aunque no todos lo hayan leído del mismo modo. Para algunos es una gran novela; para otros, un ejercicio de equidistancia moral; para muchos, el punto de inflexión de la narrativa española contemporánea sobre la Guerra Civil. Y probablemente sea un poco de todo eso… y alguna cosa más.

Cercas escribió una novela breve, engañosamente sencilla, que juega a ser investigación histórica, relato autobiográfico y reflexión moral sin terminar de instalarse del todo en ninguno de esos territorios. Y ahí está su principal virtud… y también su principal riesgo.

El punto de partida es conocido: Rafael Sánchez Mazas, falangista, escritor y futuro ideólogo del franquismo, escapa milagrosamente de un fusilamiento en los últimos días de la guerra gracias a un soldado republicano que, pudiendo matarlo, decide no hacerlo. A partir de ese hecho mínimo, casi anecdótico, Cercas construye una novela sobre la búsqueda del héroe, o mejor dicho, sobre la dificultad de definir qué demonios es un héroe en una guerra civil.

El autor se coloca a sí mismo como personaje —Javier Cercas, escritor en crisis— y asume sin disimulo la subjetividad del relato. No estamos ante una novela histórica al uso, sino ante una reflexión sobre cómo se construye la memoria, qué recordamos, qué olvidamos y por qué.

Y aquí es donde el libro suele levantar ampollas. Soldados de Salamina huye del maniqueísmo clásico y se centra en el gesto individual, en la ética personal frente a la lógica del bando. El soldado republicano que perdona la vida a Sánchez Mazas no lo hace por ideología, sino por humanidad. Y Cercas se agarra a ese gesto para lanzar su pregunta central: ¿puede haber héroes anónimos en una guerra dominada por criminales con uniforme?

A algunos lectores esta aproximación les parece necesaria y honesta; a otros, peligrosamente indulgente con figuras del bando vencedor. La novela no absuelve a Sánchez Mazas, pero tampoco lo convierte en demonio absoluto. Y eso, en España, sigue siendo dinamita literaria.

Desde el punto de vista narrativo, Soldados de Salamina es eficaz hasta el extremo. Prosa limpia, capítulos cortos, ritmo ágil y una estructura que engancha sin necesidad de artificios. Se lee rápido, casi sin darse cuenta, pero invita a la relectura y a la discusión posterior, algo que no todas las novelas consiguen.

Quizá su mayor debilidad esté en el tramo final, cuando la carga simbólica se vuelve demasiado evidente y el mensaje se subraya más de lo necesario. Cercas confía poco en el silencio, y eso le resta algo de ambigüedad a un planteamiento que pedía más sombras.

Soldados de Salamina no es una novela definitiva sobre la Guerra Civil —ni pretende serlo—, pero sí una obra clave para entender cómo la literatura española ha intentado abordar el pasado traumático desde finales del s. xx. Es un libro incómodo, discutible, imperfecto… y precisamente por eso, necesario.

No convencerá a todos, ni falta que le hace. Lo importante es que sigue provocando debate, que no es poca cosa en una novela tan breve.

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