Se ha dicho a menudo que la guerra son horas de tedio seguidas por minutos de locura destructiva, que los soldados ven pasar los días en sus posiciones sin que suceda nada, hasta que sus mandos se fijan en su trinchera o su búnker y deciden que de allí partirá la próxima gran ofensiva, tan importante o más que las anteriores. Es entonces y solo entonces cuando “el frente” –lugar anodino en el que ...[Leer más]