DE TROYA A ROMA. LA HISTORIA TRAS EL MITO – Néstor F. Marqués & Pablo Aparicio

DE TROYA A ROMA. LA HISTORIA TRAS EL MITO –  Néstor F. Marqués & Pablo Aparicio

Sufridos descendientes de Dárdano,
la tierra primera en ver brotar la estirpe de vuestros ascendientes
será la que os acoja en su fecundo seno a vuestra vuelta.
Id a buscar a vuestra antigua madre.
Allí el solar de Eneas ha de señorear el orbe entero,
lo mismo que los hijos de sus hijos y los que de sus hijos nacerán.
Virgilio, Eneida III 93-98.

Así hablan los dioses. Así habla Apolo desde su santuario en la sagrada isla de Delos, al visitante Eneas, huido de Troya con su padre, su esposa y su hijo. Él le pregunta acerca de aquello que todos querríamos saber pero que solo unos cuantos elegidos tienen la suerte de conocer: su destino. Eneas ha salvado la vida escapando de una guerra y sabe que los dioses tienen planeado convertirle en fundador de una estirpe que dominará el mundo: la del pueblo romano.

Fueron un buen puñado los autores latinos que se preocuparon de contar el origen de la ciudad de Roma y su dominio sobre el resto de pueblos del mundo. Pero el mito fundacional que se impuso casi desde el primer momento fue el que plasmó en el siglo I a.C. el poeta Virgilio en la Eneida. El poema relataba la huida del troyano Eneas de la debacle de su ciudad, atacada por los aqueos, y cómo siguiendo los designios de los dioses comenzó un periplo hasta llegar a un «lugar al que llamar vuestro, y así lo harán los hijos de vuestros hijos». La Eneida es una obra deudora de la Odisea de Homero en muchos aspectos, con episodios muy similares y una misma estructura argumental, aunque transitada en sentido contrario: Si Odiseo, vencedor de Troya, recorre el mar para recuperar su antigua patria, Eneas, vencido y con su patria destruida, lo hace para encontrar una patria futura. Esa patria será Roma.

La odisea de Eneas bien merecía una obra como la que acaba de publicar Desperta Ferro Ediciones, elaborada por las mismas manos que en 2024 nos deleitaron con el memorable La Roma de Constantino: Néstor F. Marqués y Pablo Aparicio. El objetivo de De Troya a Roma. La historia tras el mito es conducir al lector a través de las brumas del mito fundacional de Roma, y sin dejar de lado lo que la arqueología tiene que decir al respecto. En palabras de los autores:

Queremos seguir el rastro de los orígenes de Roma allí donde todavía se confunden memoria, leyenda e historia. Para hacerlo, nos apoyaremos en las fuentes de las que disponemos: la arqueología y la historia serán nuestras herramientas principales, pero el mito también tendrá un lugar fundamental entre las páginas.

Y en efecto, el libro se construye con el relato alternado de mito e historia, leyenda y arqueología, memoria y actualidad. Pero Marqués y Aparicio dejan claro desde el primer momento que «las narraciones que los romanos elaboraron en torno a su estirpe más antigua serán, por tanto, el hilo conductor de nuestro recorrido».

Así, tiene todo el sentido que la obra comience en los orígenes del mito: la huida del héroe troyano Eneas de su ciudad asediada por los aqueos, no por cobardía sino porque así se lo dictan los dioses. Con su padre Anquises, su hijo Ascanio y su esposa Creúsa, y portando los dioses Penates, símbolos y protectores de la ciudad, Eneas abandona Troya en llamas y se hace a la mar. Como él, cientos de troyanos, tal vez miles, debieron huir de la destrucción, iniciando así una diáspora por un mundo que, al igual que las murallas de Troya, se estaba desmoronando. Aprovecha aquí el texto de De Troya a Roma –y demuestra así que, dejando atrás el mito, el rigor es divisa que sus páginas siguen a rajatabla– para traer a colación lo que la arqueología tiene que aportar sobre el papel de Troya en el contexto histórico de aquel tiempo, finales de la Edad del Bronce. Los hallazgos realizados en Hattusa, capital del imperio hitita, así como en ciudades micénicas como Pilos, permiten conectar al rey troyano Alaksandu con el hitita Muwatalli II y a los hititas con los ahhiyawa, nombre que recibían los micénicos en las tablillas halladas en el corazón del imperio hitita. También se profundiza en el contexto cultural troyano: dioses como Apaliuna, Dingir Lamma, Kuwarsa… Y casi de pasada, aparece en una de las páginas del libro la imagen de un pequeño objeto cuyo significado fue profundamente revolucionario en aquel ya legendario libro de Joachim Latacz Troya y Homero: un sello convexo con inscripciones en idioma luvita, el único rastro de escritura jamás hallado en Troya.

Conviene no avanzar más sin mencionar ya el aparato gráfico de que se nutre esta obra y que constituye, pese a los magníficos textos, el principal aliciente de este libro. Nunca se había visto la Troya homérica como en este libro, con un realismo visual impresionante, con imágenes tridimensionales y reconstrucciones que semejan fotografías a vista de pájaro de lo que debió de ser la imponente ciudad de Troya, muy en consonancia con los hallazgos arqueológicos que hizo Manfred Korfmann a lo largo de casi dos décadas. Esa calidad visual, sobra decirlo, se mantiene a lo largo de todo el libro, al representar escenarios, personajes, objetos, etc. que acompañan el relato de la fundación de Roma. Esa fidelidad a la actualidad arqueológica e historiográfica se percibe también, como es obvio, en ese mismo relato, por ejemplo al hacerse eco de la teoría de la «tormenta perfecta» de Eric H. Cline –compartida ya por la mayoría de investigadores– como explicación para el desastre a escala mundial que se produjo en el final de la edad del Bronce, y del que la destrucción de Troya fue con toda probabilidad un episodio más.

Eneas, símbolo del éxodo de los héroes tras la guerra de Troya, como lo fue Odiseo y otros muchos, recorrió el Mediterráneo, vivió mil aventuras y arribó finalmente a tierras itálicas. Y de la unión de los troyanos con los aborígenes del Lacio surgiría el pueblo latino. ¿Por qué el relato fundacional de Roma escogió precisamente a Eneas, un héroe huido y derrotado, como simiente de su estirpe? La respuesta es fácil: porque en la universalmente conocida Ilíada y en un menos conocido himno a Afrodita, Homero cantó la profecía que los dioses anunciaron sobre Eneas, que reinaría sobre los troyanos y que también lo harían los hijos de sus hijos.

Y así sucedió: Eneas fundó la ciudad de Lavinium, y su hijo Ascanio y sus descendientes reinaron hasta el advenimiento de los hermanos Rómulo y Remo. Fue Rómulo quien, el 21 de abril del año 753 a.C., tomó un arado y señaló con un surco perimetral en el monte Palatino, la muralla de la que sería su ciudad: Roma. El mito de Rómulo y Remo recibe un tratamiento especialmente detallado en las páginas del libro: fueron los hermanos amamantados por la famosa loba en el monte Capitolio, o lo hizo una lupa (prostituta)? ¿Existió realmente Remo? ¿Existieron de hecho alguno de los dos hermanos? ¿No sería la fundación de Roma un logro del propio Eneas? El análisis de los diferentes mitos, así como el detallado relato arqueológico en cuestiones como el trazado de la ciudad de Roma, los restos de Lavinium, el recorrido de la muralla, la supuesta casa de Rómulo, etc., ocupan el último tercio del libro, en unas páginas jalonadas, cómo no, de magníficas imágenes.

De Troya a Roma es un viaje apasionante hasta los orígenes más remotos del pasado romano, valiéndose para ello, por un lado, del diálogo entre historia, leyenda y arqueología, y por otro, de un aparato visual como pocas veces se ha visto en una obra histórica. Un libro que se disfruta tanto por lo uno como por lo otro, y que merece todos los elogios que se le puedan hacer. Un magnífico trabajo.

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Néstor F. Marqués & Pablo Aparicio, De Troya a Roma. La historia tras el mito. Madrid, Desperta Ferro Ediciones, 2026, 222 págs.

 

 

1 comentario

  1. Tiene buena pinta. ¿Sabes, cavilius, lo que a veces deseo, imagino, sueño cuando leo algo de Troya o del mito fundacional de Roma? Pues que estoy allí, que llego al lugar, al mismo siglo y soy testigo de los hechos. Luego hago la crónica como reportero, aunque no a un periódico, sino en un libro de forma independiente, libre, para saborear la verdad —al menos, hasta donde es humanamente posible— y compartirla. Por el momento, deberé conformarme con leer De Troya a Roma. La historia tras el mito para ensanchar la imaginación, ampliar conocimientos de indudable interés, agradecer tu reseña y, por supuesto, seguir soñando.

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