Umberto Eco utiliza como pretexto a un pícaro personaje, agraciado con el don de la palabra, para recorrer una Europa medieval más imaginaria que real. Es aconsejable leer con detenimiento y tener a mano una buena enciclopedia, acceso a Internet o estar suscrito a una IA para sacarle todo el partido a los juegos intelectuales (dobles sentidos y significados múltiples) de los textos de Baudolino. Desde luego, hubiera venido bien que el autor lo hubiera glosado con unas apostillas (por desgracia, ya no será posible). Así el lector podría comprender en toda su riqueza las ideas e imágenes del siglo XII y el gran sentido del humor que este erudito autor presenta en su fantástico libro. Y es que Baudolino encanta, hechiza con sus ocurrencias. Donde quiera que esté encuentra a alguien dispuesto a escucharle, a seguirle en sus locas aventuras. Dos de los personajes más afamados de la época, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Federico I, Barbarroja, y un gran historiador bizantino, Nicetas Choniates, flipan con su verborrea.
El emperador adora a Baudolino hasta tal punto que lo acoge como a un hijo. Ve en el piamontés tanto potencial que no duda en enviarlo a estudiar a París. En la primera parte de la novela, Baudolino interpreta la vida plagada de luchas e intrigas de este káiser campechano que realmente vivió rodeado por doquier de súbditos que le contradecían, que le desafiaban, que le ridiculizaban. Es la parte menos mítica de la novela pues la mayoría de los acontecimientos que se relatan son históricos, o por lo menos legendarios. La simbólica coronación de Federico como rey de Roma, sus desavenencias con el papa Alejandro III, el disgusto que le provocó la fundación de Alejandría (precisamente la ciudad donde nacieron Baudolino y Umberto Eco), las complicadas y desastrosas campañas militares en el norte de Italia.
Umberto Eco aprovecha las dudas que plantea a los historiadores las circunstancias de la muerte de este rey germánico para crear uno de los sucesos clave de la novela. Quienes no abandonen su lectura, tendrán que esperar al final para encontrar una explicación razonable a este enigmático fallecimiento.
La perspectiva cabal de la narración nos la ofrece el historiador Nicetas Choniates. Dos siglos y medio antes de que cambiara su nombre por Estambul, Constantinopla fue saqueada por los cruzados. Baudolino salva la vida del reputado bizantino en la batalla y, a cambio, a este intelectual no le queda más remedio que escuchar la historia de su insólita existencia. Después, el historiador Nicetas, aunque llega a dudarlo, decidirá no mencionar nada de lo relatado por Baudolino en sus escritos sobre esta oscura parte de la historia europea. Quizás para evitar una de las ideas que se transmiten en la novela y que nos recuerda la manera de pensar del perverso Goebbels: una historia, por muy falsa que sea, para convertirse en cierta con el tiempo solo necesita que alguien la escriba. Sin embargo, Nicetas sí hablará en sus escritos de los emperadores bizantinos, unos tipos con una cruel obsesión por sacar los ojos de sus rivales en el poder. En la novela se comprueba que no tenían nada que envidiar al propio Goebbels.
Pero el relato no es crónica ficcionada de personajes reales, es más bien una narración fantástica centrada en el imaginario medieval. Visitamos una época en la que las credulidades, bien divulgadas, tienen muchas posibilidades de convertirse en dogma. Baudolino, asesorado por Umberto Eco, sabe sacarle partido a este argumento y es tan elocuente en sus mentiras que hasta él mismo llegará a creerlas.
Varios tópicos de la época son revisados con sentido del humor en la novela; el tráfico de reliquias, por ejemplo. No resultaba muy difícil preparar la cabeza de San Juan Bautista si se disponía de una cosa que abunda en nuestro mundo: cadáveres. No es extraño que hoy en día exista esta reliquia en dos lugares distintos, la ciudad vieja de Damasco y la Capilla de San Silvestro en Roma. Uno de los acompañantes de Baudolino es experto en falsificarlas. Viajarán con seis de estos cráneos y el Santo Grial haciéndose pasar por los doce reyes magos a la búsqueda del Preste Juan. ¿Llegarán al reino de este mítico personaje? Sí podemos decir que entrarán en Pndapetzim. Esta ciudad es paso obligado para alcanzar el reino del Preste y está poblada por seres antropomorfos del bestiario medieval: los esciápodos, criaturas de un solo pie que usan como sombrilla; los blemias, seres sin cabeza; los panocios, que tienen unas orejas tan grandes que las utilizan como abrigo; gigantes, sátiros, hipatias, hunos blancos y otros personajes de fantasía.
Una advertencia: no se desanimen y continúen leyendo si no consiguen comprender el primer capítulo. Es idioma inventado. No hay semiótico que lo entienda.
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Umberto Eco, Baudolino. Traducción de Helena Lozano Miralles. Barcelona. Editorial Lumen, 2001, 650 páginas.