Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson.
Jorge Luis Borges
Para disfrutar de El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde debemos trasladarnos en el tiempo a 1885 e imaginar, aunque sea difícil, que nunca hemos oído hablar de estos personajes cuyos nombres aparecen en el título. Estamos en la Inglaterra Victoriana y los relojes de arena todavía no son un simple artículo de decoración; el Kinetoscopio de Edison es lo más parecido al cine que podemos encontrar, y Verne y Wells están sentando las bases del género literario, la ciencia ficción, que iniciara en la novela moderna una mujer, Mary Shelley. Un día de ese año decimonónico Robert Louis Stevenson redujo a cenizas la única copia de esta novela corta sobre la dualidad humana, justo después de que la glosara, como era habitual, su adorada esposa. Pero debió arrepentirse. Había tardado poco en escribirla, pero tardó menos en reescribirla. En dos o tres días ya tenía elaborado un nuevo borrador y tres o cuatro semanas después había terminado de revisarlo. En cuanto el librito de la versión definitiva salió a la venta, al año siguiente, se convirtió en un gran éxito. No es de extrañar. La novelita es una verdadera joya. Se comprende con este relato por qué a Borges le gustaba la bien elaborada prosa de Stevenson.
Pero la cuestión es: ¿por qué acabó en la hoguera el primer borrador? ¿Qué había en esa primera versión que no le gustó al autor ni a su esposa hasta el punto de tomar la dura decisión para un escritor de volver a escribirla partiendo de cero? ¿La moral victoriana fue la causa? ¿Por qué en una novela sobre la maldad y la degeneración personificada no existe ni una mínima referencia a la sexualidad? ¿Por qué, con la excepción de dos episodios violentos, no se cuenta nada de las andanzas de un desalmado como Mr. Hyde? ¿Por qué una novela con tantas posibilidades apenas tiene poco más de cien páginas? ¿Por qué un escritor tan perfeccionista tardó tan poco en escribirla?
No podemos contestar a estas preguntas. Quizá, siguiendo con las especulaciones, la causa de la destrucción de la primera copia fuese solo de carácter técnico. Pudiera ser, por ejemplo, que se le ocurriera una mejor manera de enfocarla.
Debe reconocerse, sea esta o no la causa, que el enfoque llama la atención. La historia está narrada desde la perspectiva de Mr. Utterson; hombre de carácter áspero pero buena persona: tolerante, legal, capaz de correr peligro por un semejante. El narrador, un buen amigo de Mr. Utterson, nos va relatando las pesquisas que éste lleva a cabo para desentrañar los misterios que envuelven a la figura Mr. Hyde, del que apenas hay referencias directas. En los últimos capítulos, el narrador en tercera persona deja paso a las palabras que contienen una carta y una confesión para culminar la novela de manera impactante.
La carta había sido escrita antes de morir por uno de los amigos comunes del doctor Jekyll y del abogado Gabriel John Utterson. Conocer la verdad, nos aclara este hombre llamado Mr. Lanyon en su carta, le había hecho contraer la enfermedad que finalmente le lleva a la muerte. Por otro lado, el último capítulo es la confesión firmada por el propio Dr. Jekyll.
No cabe duda de que se publicó en la época apropiada. Jack el destripador sembraba el pánico en las calles de Londres, y William Brodi, un respetable carpintero, escocés como Stevenson, había sido descubierto como jefe de una implacable banda de delincuentes. Fue este peligroso individuo condenado a la horca quien inspiró al autor.
La relevancia de Jekyll y Hyde es sorprendente. Esta novelita ha sido el germen de cientos y cientos de páginas; sin embargo, ninguna de las muchas obras que ha inspirado, cuentos, novelas, películas, piezas teatrales (me atrevería a decir que hasta tratados psicológicos y filosóficos), sigue un esquema similar. No sabemos por qué Stevenson hizo una segunda versión, pero en vista del éxito quizás pudiera decirse que acertó al destruir la primera. Aunque así sea, ¿qué lector no gustaría de tener en sus manos el manuscrito desaparecido, por mal que le pareciese a Stevenson?
Una recomendación, a modo de postdata para lectores voraces: no podemos leer la primera versión, pero aprovechen y lean la versión disponible.
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Robert Louis Stevenson, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Londres, Longmans, Green and co., 1886, 141 páginas.
Edición en español: Madrid, Ediciones Cátedra. Letras Universales, 2005, 224 páginas.
Iñigo
Imprescindible novela… y, ahora, imprescindible reseña. Siempre es bueno recuperar a los clásicos. Bravo!
Balbo
Que pena que no hubiéramos conocido ese primer borrador. Tendría que estar muy bien. Me acuerdo de la primera vez que leí este fantástico libro. De una colección de libros de aventuras del periódico El País. Creo que fue el segundo titulo de Stevenson que leí y, aunque no es muy largo, me dejó impresionado ,sobre todo la figura de Hyde (lo bien que se le da moler a la gente a bastonazos). Después de éste, cayeron otros del autor, pero «Doctor Jeckyll y Mr. Hyde», esta gran fabula de la dualidad del ser humano, siempre tendrá un rinconcito en mi corazón de lector. ¡Muy buena reseña, enhorabuena!.
Akane
Es uno de los clásicos que me faltan por leer. No sabía que tenía esa historia detrás; gracias por la reseña. Reconozco que me has picado el gusanillo, y lo cierto es que lo tengo en casa desde hace un montón de años. Ya no tengo excusa!