Hay novelas que uno no lee: las atraviesa. Ben-Hur es una de ellas. No tanto por su densidad literaria —que la tiene— como por su condición de artefacto cultural total, de esos que acaban siendo más grandes que su autor, que su época y, en cierto modo, que sus propias páginas. Leer hoy Ben-Hur supone enfrentarse a una obra que ha sido cine, icono religioso, espectáculo popular y, paradójicamente, una gran desconocida como novela.
Porque sí: Ben-Hur es mucho más que Charlton Heston con mirada de granito, cuadrigas y banda sonora grandilocuente.
Lewis Wallace publicó esta novela en 1880, y durante décadas fue el libro más leído en Estados Unidos después de la Biblia. No es un dato menor. Wallace —militar, político, diplomático— no pretendía escribir una novela histórica al uso, sino una épica moral, una historia de redención, venganza y fe ambientada en el mundo romano del siglo I. Y lo hizo con una ambición desmedida, casi decimonónica, que hoy puede descolocar… pero también fascinar.
Desde el punto de vista histórico, Ben-Hur no es una novela especialmente innovadora, pero sí eficaz. Wallace construye un Mediterráneo romano reconocible, funcional, pensado para sostener la narración y no para exhibir arqueología. Roma es poder, ley y maquinaria; Judea, memoria, identidad y herida abierta. Entre ambas fuerzas se mueve Judá Ben-Hur, un personaje que encarna el conflicto entre el orgullo personal y la transformación interior.
El antagonista, Messala, es quizá uno de los grandes aciertos del libro: no un villano plano, sino el producto lógico de Roma, de su concepción del honor, del éxito y del dominio. Su enfrentamiento con Ben-Hur no es solo personal, sino ideológico, y la novela gana profundidad.
Uno de los grandes riesgos de Ben-Hur —y uno de sus mayores logros— es la presencia de Jesucristo como personaje indirecto. Wallace tuvo la inteligencia narrativa de no ponerle voz, de no convertirlo en protagonista, de dejarlo siempre en el margen… y precisamente por eso su figura lo impregna todo.
La novela no es tanto «sobre» Cristo como sobre el efecto de su mensaje en quienes lo rodean. Ben-Hur comienza la historia impulsado por la venganza, y la termina comprendiendo algo que va más allá del castigo y la reparación. El arco es claro, incluso previsible, pero está narrado con convicción y honestidad.
Pero… ¿ha envejecido Ben-Hur?
Sí… y no.
Ha envejecido en su estilo, en ciertos diálogos grandilocuentes, en una moral explícita que hoy puede resultar demasiado subrayada. Pero no en su ambición, en su capacidad para contar una gran historia ni en su sentido del espectáculo literario. La famosa carrera de cuadrigas, por ejemplo, sigue siendo una lección de ritmo narrativo más de un siglo después.
Además, leída con ojos actuales, Ben-Hur ofrece algo cada vez más raro: una novela que cree en lo que cuenta, sin cinismo, sin ironía, sin miedo a tomarse en serio a sí misma.
Ben-Hur no es una obra perfecta, ni falta que le hace. Es una novela monumental, hija de su tiempo, pero también sorprendentemente viva. Leerla hoy es reencontrarse con una forma de narrar que ya no se estila, pero que recuerda por qué la literatura histórica puede ser algo más que reconstrucción: puede ser mito, reflexión y aventura a la vez.
Y eso, al final, es lo que convierte a Ben-Hur en un clásico de verdad.
Balbo
Me lo volví a leer hace poco tiempo y me volvió a encantar. Y estoy de acuerdo en que es un libro que va más allá de sus páginas, que trasciende las palabras de Lewis Wallace y se hace carne en el propio Charlton Heston y su eterno antagonista Messala. Novela hagiográfica de los tiempos de los Jesucristo pero que toca un montón de temas, desde el religioso hasta el histórico. No es perfecta pero si necesaria. Aunque no estoy de acuerdo en lo que dices que la bso de Rozsa es «grandilocuente». Yo diría que es maestra, su tema principal es icónico, historia del cine y su tema de amor inolvidable. La tengo en un doble cd y de vez en cuando me la pongo.
¡Que recuerdo las portadas de esos libros de Bruguera! Cuando era chico tenía unos cuantos de las portadas marrones, además de otros más chicos de color pero con la portada amarilla y las mismas ilustraciones más pequeñas. Los leía una y otra vez. Junto con los tebeos juveniles ilustrados, creo que debieron de ser mis primeros acercamientos a los clásicos de la literatura.
Saludetes ;-)
Farsalia
¿Ha envejecido Ben-Hur? Desde luego, casi 150 años no pasan en balde; pero como los buenos vinos, y como los clásicos literarios que tienen fondo, se mantiene bien. Quizá a los lectores de hoy, con menos paciencia, se les hagan bola muchos capítulos, pero eso no es un demérito de la novela, sino de que (muchos de) los lectores de hoy no son como los de hace unas generaciones. Pero, por ejemplo, la historia de Baltasar, que le cuenta a Judá, necesita su tiempo para ser contada. Y otros capítulos. Y qué decir del detalle de la carrera de cuadrigas: tenemos en la cabeza la secuencia del filme, pero leer esas sensaciones, el esfuerzo de los caballos, las vueltas que se van sucediendo, no tiene precio. El filme de 1959, cómo no, ha dejado imágenes muy poderosas en nuestro imaginario; pero en el mío particular sigue quedando el recuerdo de esa marca de la lezna en los oídos de los antiguos esclavos como Simónides, las palabras de Ilderim a sus caballos (Alderabán, Altair, Antares y Rigel), el terror de las mazmorras con los leprosos,…
La novela es larga y el filme comprime mucho de su tercio final, que con Jesús de Nazaret como personaje presente pero silencioso (como en el filme) se adentra en la conversión de Judá en alguien que ha dejado mucho de su pasado atrás y, a diferencia de otros personajes (Messala, Iras), mira el presente de otra manera. Es larga esa parte, y es para muy creyentes (como el propio Wallace); pero si en nuestra infancia, los que ya peinamos bastantes canas, «soportamos» la catequesis, no debería resultar duro; y si a uno le gusta la historia sagrada…
En fin, Ben-Hur es de esas novelas que perduran en el tiempo. Recuerdo las veces que releí muchos de sus capítulos cuando era apenas un muchacho, en aquella edición de best-sellers de Planeta en bolsillo de los años ochenta; o volver a ella cuando Edhasa la recuperó ya hace unos lustros. Novelón de otros tiempos y para otros lectores, pero hoy en día sigue siendo una gran muestra de lo más clásico del género.
Iñigo
Buff, años hace que lo leí, y no tengo un recuerdo ni claramente positivo ni claramente negativo… Ahora mismo, sin duda, me quedo con la película, y no volvería a hincarle el diente a la novela, aunque me parece siempre interesante que se reseñen estos clásicos imperecederos.
Valeria
Ben-Hur fue la primera película que recuerdo haber visto en un cine. Es historia de mi vida, y su banda sonora parte de la mía. Recuerdo que de jovencita leí la novela, pero me pareció demasiado densa en algunos momentos, y eso me entristeció un poco, porque esperaba disfrutarla igual que aquella película y me resultó un poco decepcionante. Un libro viejo y pequeño de tapas rojas con una letra minúscula y una traducción mejorable que aún conservo. Tal vez si la releyese hoy (en otra edición) tendría otras sensaciones. Seguro que la novela se ha hecho mayor, porque, como los mayores, habla de cosas que ya no le interesan a los jóvenes lectores, y porque, te interesen o no, la lectura exige. Pero adoro esta historia ancianita, que en su día pobló de sueños mi vida y de alguna que otra pesadilla mi infancia.