DESDE HACE DOS MIL AÑOS / CÓMO ME CONVERTÍ EN HÚLIGAN – Mihail Sebastian

Puntuación: 7.5
Lo más bueno: Visión de primera mano del antisemitismo en la Europa de entreguerras.
Lo que relata es lejano pero suena tan cercano…
Lo menos bueno: como novela puede resultar algo lenta .

«—¿Dos mil años? ¿Cree que hay algo de esos dos mil años en el sionismo? ¿Cree que los chicos de Jabotinsky, que llevan botas, hacen el saludo militar, montan en bicicleta los sábados y saben decir en hebreo “dame un cigarrillo” “vamos al fútbol”, cree que esos muchachos tienen algo en común con nuestros dos mil años de sangre? Dos mil años de hogueras, de naufragios, de vida errante llegan hasta nosotros a través de la historia del gueto».

La historia de esta novela es como mínimo curiosa. La acción se desarrolla en la Rumanía de entreguerras, un país inmerso desde hace mucho en un antisemitismo galopante. Su autor, un joven escritor rumano y judío llamado Mihail Sebastian, pseudónimo de Iosif Hechter, la publicó en 1934 precedida de un prólogo claramente antisemita escrito por su mentor el intelectual Nae Ionescu. Y fue entonces cuando estalló la polémica.

Al igual que ha hecho la editorial Impedimenta situando en primer lugar la novela y tras ella el prólogo, vamos primero con Desde hace dos mil años y luego comentaremos la disputa que se generó tras su publicación. Se trata de una «novela de tesis», podríamos decir: escrita simulando ser un diario, la historia abarca los años de juventud y madurez de un joven judío rumano desde la universidad hasta que empieza a trabajar como arquitecto. La época es la década de los años 20 y principios de los 30 del siglo pasado, el lugar es Bucarest y el ambiente es el mismo, más congestionado si cabe, que se respiraba en toda Europa en aquellos tiempos: el antisemitismo, en mayor o menor grado, está a la orden del día («Antisemitas no son solo los rumanos. Antisemitas son los alemanes, los húngaros, los griegos, los franceses, los americanos…») e impregna todos los aspectos de la vida del protagonista. Se trata de un joven tímido, falto de iniciativa, reflexivo y contradictorio. Recibe burlas y agresiones de sus compañeros por el hecho de ser judío, y sin embargo él, y seguramente la sociedad en general, lo acepta con toda naturalidad.

A través de las reflexiones del protagonista y de las conversaciones con amigos, conocemos cómo se vivía en la Rumanía de entonces la cuestión judía. Por un lado, el antisemitismo estaba extendido en todos los niveles de la sociedad; por dar un dato: los judíos no gozaron de ciudadanía plena en el país hasta la aprobación de la constitución de 1923, hecho que provocó una oleada de disturbios estudiantiles antisemitas. Por otro lado, el judaísmo no era un bloque monolítico: había quienes se apoyaban en el yidis, la lengua propia de los judíos de raíces europeas, frente a los que sabían hablar hebreo. Había a quienes les repugnaba el movimiento sionista, y entre los miembros del sionismo había quienes a su vez sentían menosprecio por los judíos que no compartían sus ideas. Como bien se indica en la introducción a la novela, el clima general era de crispación política y social, en plena efervescencia de las ideologías revolucionarias de extrema derecha y de extrema izquierda. Un clima cuya herencia ya tuvimos ocasión de conocer en la reseña de El hombre nuevo de Grigore Dumitrescu.

La novela avanza conforme lo hace la vida del protagonista, a lo largo de la cual le acompañan diversos personajes, amigos o conocidos. Y gracias a los diálogos que mantiene con ellos, a veces frívolos pero casi siempre profundos y reflexivos, aunque recubiertos de juvenil banalidad, nos hacemos cargo de la atmósfera que se respiraba en Bucarest de los años 20. Dice el protagonista en una ocasión: «nunca he hablado con alguien sin preguntarme, con aprensión, si sabe o no sabe que soy judío y si, sabiéndolo me lo perdona o no». Él vive el antisemitismo de modo natural, casi cordial; exactamente como lo hacen también, en el otro lado de la balanza, algunos de sus amigos antisemitas. Con ellos conversa sobre la cuestión con toda franqueza:

—Mira, yo conozco dos clases de antisemitas. Los antisemitas porque sí y los antisemitas con argumentos. Con los primeros puedo entenderme, porque entre ellos y yo todo está claro. Con los otros, sin embargo, es más difícil.
—¿Porque te resulta difícil responderles?
—No. Porque es inútil responderles.

La novela relata también otras vivencias del protagonista: amoríos, estudios, su trabajo como arquitecto; pero todas ellas poseen el barniz del antisemitismo que las envuelve y ensucia. En las últimas páginas hay un diálogo clarificador entre dos amigos, el protagonista judío y un antisemita, que define cuál es la postura de unos y otros frente a la cuestión judía.

La novela se publicó en 1934, y tres años antes el autor había pedido a su mentor, un intelectual llamado Nae Ionescu, que escribiera un prólogo para la obra. Mihail Sebastian, con veintitantos años, trabajaba como periodista en la revista que dirigía Ionescu, y se sentía fascinado por él. Hasta el punto de no ver que sus tendencias derechistas podían ir en su contra, como así fue. Ionescu escribió un prólogo de 20 páginas en el que, con tono sosegado y reflexivo, explicaba la lógica e incluso la necesidad de la existencia del antisemitismo.

El judío es ante todo judío, no rumano o cualquier otra cosa; por tanto, el judío es un extranjero en todas partes. La situación natural del pueblo judío es la de sufrir (esto lo toma Ionescu de una cita extraída de la propia novela: «Judá debe sufrir»), y por tanto el odio que se siente hacia todo judío no es un odio particular o individual, sino que forma parte de su condición natural: ser odiados, sufrir. Estos y otros argumentos en los que no hace falta abundar, expuestos con calma y en virtud de un cierto sentido de la lógica, precedieron a la novela cuando se publicó en 1934. Sebastián leyó previamente el prólogo y tuvo la oportunidad de no publicarlo. Pero lo hizo.

Tras su publicación, Desde hace dos mil años recibió ataques de ambos bandos: judío y no judío. La novela fue tildada por unos de «novela antisemita» y por otros de «novela judía». Mihail Sebastian no tardó en contestar a las invectivas y diatribas de unos y otros, en una serie de respuestas que recogió y publicó en 1935 bajo el título de Cómo me convertí en húligan (como se indica en la edición de Impedimenta, el término «húligan» significa gamberro, vándalo, pero en Rumanía fue adoptando progresivamente el matiz de persona antisocial, antisistema, elemento subversivo). En  ese breve texto, unas cien páginas, Sebastian daba la réplica al prólogo de quien por entonces ya se había convertido en teórico del antisemitismo, Nea Ionescu. Es aleccionador y revelador leer esas páginas. Uno de los argumentos de su defensa es el de que sus agresores judíos usan citas sacadas de contexto para calificar su novela de antisemita. En cuanto a su mentor, Sebastian alega que en 1931 no tenía nada de extraño ni provocador solicitarle un prólogo para una novela judía, pero obviamente la situación cambió a los pocos años. En cualquier caso, y respondiendo a la pregunta de por qué de todos modos lo publicó conociendo su contenido, Sebastian responde así:

Contra ese prólogo me quedaba una sola venganza, que era, al mismo tiempo, una obligación: publicarlo. Lo he publicado.

Leer Desde hace dos mil años, seguido del polémico prólogo y de su repuesta, Cómo me convertí en húligan, es hacer todo un ejercicio de historia, que se añade al placer literario de  disfrutar de una novela escrita hace casi cien años y que refleja un modo de escribir, de pensar y de vivir, muy alejados de los actuales en muchos aspectos. Los lectores de mente inquieta sin duda disfrutarán con esta lectura de un autor tal vez poco conocido en nuestro país, pero que en Rumanía goza de gran predicación, que murió en 1945, con apenas 37 años, atropellado accidentalmente por un camión, semanas antes de conocer el final de la Segunda Guerra Mundial.

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Mihail Sebastian, Desde hace dos mil años / Cómo me convertí en húligan. Traducción y edición de Marian Ochoa de Eribe. Madrid, editorial Impedimenta, 2025, 380 páginas.

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