LA GUERRA CIVIL ATENIENSE – Luciano Canfora

"La guerra civil ateniense" de Luciano Canfora

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LA GUERRA CIVIL ATENIENSE – Luciano Canfora

LA GUERRA CIVIL ATENIENSE – Luciano Canfora

Una vez se hicieron con el control de la ciudad, no tuvieron ninguna consideración con nadie, y mataron a los que destacaban por su riqueza, linaje o reputación, con el fin de quitarse de encima el miedo y de arrebatarles las riquezas. Y en poco tiempo acabaron al menos con 1.500.
Aristóteles, Constitución de los atenienses, 35,4.

«No mucho después de estos acontecimientos» es la conocida frase con la que Jenofonte inicia sus Helénicas. Así, in media res, el ateniense recoge el testigo de la Historia de la guerra del Peloponeso de Tucídides y la continúa en el punto exacto en que este la dejó, tras la batalla de Cinosema del 411 a.C. De modo parecido, in media res, el filólogo italiano Luciano Canfora comienza su libro dedicado a un breve, brevísimo período de la historia de Atenas, pero intenso y controvertido como pocos.

El año 404-03 a.C. no existe en el calendario ateniense: la ciudad decidió eliminarlo, borrarlo de sus registros. Se lo llamó el año del «no-gobierno», el año sin arconte (eso es lo que significa literalmente ἀναρχία –anarquía–). Fue el año en que ascendió al poder un grupo de personas que sometieron Atenas a un régimen de terror como nunca se había conocido antes, el cual desencadenó de forma inevitable un conflicto civil. En su libro La guerra civil ateniense, el ya octogenario Luciano Canfora describe al detalle la historia de dicho conflicto con su estilo habitual incisivo y pormenorizado, sometiendo las fuentes a un escrutinio agudo y exhaustivo, y llegando a conclusiones escrupulosamente argumentadas. Sin embargo, contar lo que sucedió en Atenas en esos pocos meses es una excusa: lo que el lúcido filólogo italiano se propone en esta obra es desmenuzar el papel que jugó en aquellos hechos el autor del relato más conocido de los mismos: el ateniense Jenofonte.

Como ya expuso Canfora en El misterio Tucídides, Jenofonte llevó a cabo la conclusión de la historia que comenzó Tucídides sobre la guerra entre Esparta y Atenas: introdujo un preámbulo al inicio del libro V de la historia tucidídea, y redactó el final de la guerra, que duró hasta el año 404 a.C., utilizando las notas del propio Tucídides (cuya muerte le había impedido acabar él mismo su obra). Esas notas son la base que sustenta los libros I y II de sus Helénicas, obra que Jenofonte decidió prolongar más allá del fin de la guerra, hasta el 362 a.C. Y es en el libro II donde Jenofonte relata el conflicto que sumió Atenas en el caos, y por el que Canfora se interesa en La guerra civil ateniense. No es Jenofonte el único autor que nos ha proporcionado información sobre el período: los oradores Lisias, Andócides e Isócrates fueron testigos de los hechos y aparecen alusiones en algunos de sus discursos; se pueden encontrar también veladas referencias en los diálogos del también coetáneo Platón, y en especial en su Séptima Carta; y autores posteriores como Aristóteles, Diodoro o Teopompo ofrecen datos con los que acabar de completar un escenario histórico que, sin embargo, sigue sometido a debate.

Canfora indaga en todas esas fuentes con su habitual y prodigiosa agudeza, descubriendo de dónde emanan, cuál es su orientación (a quién o a qué favorecen o atacan) y por tanto, por qué en unas se mencionan sucesos que en otras se omiten. Pero en especial se centra en el libro II de las Helénicas, en cuyas páginas Jenofonte ofrece un relato detallado de los meses que transcurrieron desde el fin de la guerra hasta la caída de los Treinta.

Los hechos son los siguientes: tras la derrota ateniense en la guerra contra Esparta en 404 a.C., y bajo la supervisión del general espartano Lisandro, se derruyen los Muros Largos y la fortificación del puerto del Pireo. Atenas es obligada a conservar tan solo una decena de barcos (tal vez doce), a readmitir en la ciudad a los exiliados atenienses (oligarcas que en el pasado fueron expulsados por atentar contra el régimen democrático) y a aliarse con Esparta (a compartir amigos y enemigos). Se constituye un gobierno formado por treinta individuos, muchos de ellos aquellos oligarcas retornados y que aún añoran el gobierno que siete años atrás impusieron en Atenas, durante el cual la democracia quedó abolida. Los Treinta comienzan ejerciendo el poder con moderación aunque con mano dura, pero enseguida dan paso a ejecuciones masivas: son ejecutados sobre todo ciudadanos ricos cuyos bienes son expropiados, metecos (extranjeros residentes en Atenas) cuyas propiedades siguen el mismo destino, y en general cualquiera que no sea simpatizante del nuevo régimen. Se inicia entonces una resistencia civil liderada por Trasíbulo que acaba derrotando el régimen, y la intervención del rey espartano Pausanias favorece el consenso y el acuerdo general entre ambos bandos. Finalmente, Atenas recupera el gobierno democrático y se establece una amnistía bajo cuyo manto deben cicatrizar las heridas de unos y otros.

En los ocho meses que duró todo (tres meses según algunas fuentes), los Treinta llevaron a la muerte a muchísimas personas. Aristóteles informa de 1.500 víctimas, lo cual hace un promedio de más de 6 muertos al día. El principal motivo era la confiscación de bienes; no había acusaciones, no había ni siquiera juicios: solo ejecuciones. Y esto en una ciudad, Atenas, atormentada por el hambre, la miseria y el desánimo, que acababa de perder una guerra de casi 30 años de duración contra Esparta. El principal causante de semejante régimen de terror fue Critias, líder de los Treinta. Su compañero en el gobierno Terámenes fue eliminado con rapidez cuando se mostró reticente a las matanzas indiscriminadas. Y fue tras la muerte de Terámenes cuando los asesinatos arreciaron.

La masa de ciudadanos de Atenas, las clases populares, eran partidarias de un régimen democrático. ¿Cómo se sostuvo entonces el gobierno tiránico oligarca de Critias y los Treinta? Un apoyo importante provenía de las eterías que existían en Atenas, especie de hermandades de ciudadanos partidarios de la oligarquía, simpatizantes con Esparta y detractores contumaces de la democracia. Otro puntal destacable que ayudaba a mantener el régimen de terror eran los hiparcos, los caballeros o jinetes, un grupo social potente y enérgico, hombres ricos (como ricos eran las víctimas de los Treinta, pero los hiparcos estaban en la lista de los Tres Mil ciudadanos que merecían vivir) y armados que perpetraron graves crímenes. Un grupo temible e implacable al cual pertenecía Jenofonte.

La tesis de Canfora es que Jenofonte participó, o como mínimo estuvo en el bando de los que provocaron el caos en Atenas. Un bando que a la postre fue el de los perdedores, pues al final fueron los demócratas quienes se alzaron con el poder. Y esa fue, precisamente, la razón de que Jenofonte escribiera lo que escribió y de que lo hiciera de la forma en que lo hizo: a modo de justificación, para minimizar su papel en lo sucedido. Según Canfora, el libro II de las Helénicas es con toda claridad un diario de guerra de la caballería ateniense. En él se omite mencionar las matanzas de los ciudadanos ricos (que conocemos por otras fuentes) y se cita a menudo a los hiparcos, cosa lógica al ser Jenofonte uno de sus integrantes; sin embargo, su participación en los hechos descritos se diluye puesto que él nunca aparece mencionado, y en cambio sí se mencionan otros nombres.

Tras el conflicto hubo más matanzas: los vencedores acabaron con los restos de los Treinta que se habían refugiado en Eleusis y con sus simpatizantes. Dice Canfora que Jenofonte temió esas represalias y por eso huyó: aceptó una propuesta de viajar a Persia y alistarse en la expedición que estaba organizando Ciro, hermano del Gran Rey. La marcha de Jenofonte hizo que su condena le encontrara lejos de la ciudad: Atenas le condenó al exilio y Jenofonte jamás pudo regresar. Hubo de instalarse en las tierras que con amabilidad sus amigos espartanos le concedieron en Escilunte, en el Peloponeso. Fue allí donde comenzó a escribir su exculpación, dándole la forma de diario de guerra e incluyéndolo en el relato de la guerra peloponesia que Tucídides había dejado inacabado.

El libro de Canfora aborda otros muchos temas adyacentes a la cuestión central, y todos ellos son tratados con el mismo rigor y la misma profundidad de análisis: el papel importantísimo de Terámenes (condenado a beber cicuta y cuya figura Jenofonte ensalza y justifica), Alcibíades (cuyo asesinato Jenofonte no menciona), la situación de Sócrates en aquel momento histórico (partidario de Terámenes y opositor, en la medida de sus posibilidades, al régimen de los Treinta), la del ambicioso Lisandro y la de su rey Pausanias, la de Platón (quien pudo haber formado parte del gobierno de los Treinta al ser su madre prima del mismísimo Critias), la obra de Teopompo (historiador del siglo IV a.C. quien seguramente detectó la parcialidad de Jenofonte y quiso enmendarlo escribiendo él mismo la historia de los hechos)…

La guerra civil ateniense fue escrito en 2013 y ya era hora de que se volcara a nuestro idioma. Tras su lectura, solo cabe incluirlo entre el grupo de obras imprescindibles para comprender el período histórico que protagonizaron los Treinta. El libro se ha de leer, si se quiere obtener todo el jugo posible, con calma y tomando notas, y teniendo a mano principalmente las Helénicas de Jenofonte; como la mayoría de los que escribe Canfora, es un texto exigente, quizá más que su otra obra El mundo de Atenas, y no apto (o al menos con dificultad) para los desconocedores del período. Esto, que puede echar para atrás a muchos lectores, supondrá un aliciente para otros tantos: se trata de una lectura apasionante, una investigación a través de las fuentes, las menciones, las omisiones, los hechos y las palabras, que va más allá de lo que en general ofrece un libro corriente. Mayor nivel de exigencia, mayor premio.

*****

Luciano Canfora, La guerra civil ateniense. Traducción de Helena Aguilà Ruzola. Madrid, Gredos, 2025, 350 páginas.

6 Comentarios

  1. Espero que caiga pronto, Canfora siempre es un seguro.

  2. De los que le he leído, este es uno de sus mejores libros. Exigente, pero tampoco vayamos a pensar que hay que ser doctor en Historia griega (¿existe eso?) para entender lo que dice. Simplemente estar un poco puesto en el contexto,

  3. Interesante libro, espero en el futuro leerlo.

    En relación al contexto hay el precedente de la stasis sucedido en Argos en el 417 (derrota militar, golpe oligárquico, contragolpe,…), sobre el que recomiendo el artículo de César Fornis. Aunque no sé si existe algún libro que trate el tema.

  4. Libros no sé si hay, pero la tesis doctoral del propio César Fornis, Aproximación a la historia social de Corinto y Argos, que ya tiene sus buenos 30 años, dedica algún capítulo a la stasis de Argos.
    Episodios de conflicto social interno hubo bastantes en el seno de las polis griegas. En la misma Atenas podría considerarse sin gran esfuerzo lo sucedido en el 411 a.C. como una stasis, preludio de hecho de lo que sucedió 7 años más tarde, y que Canfora analiza con su brillantez acostumbrada en El mundo de Atenas. Y por esos mundos griegos, lo sucedido en Corcira a comienzos de la guerra del Peloponeso, relatado con gran dramatismo por Tucídides, es un claro ejemplo de stasis. En Elis, en la península peloponesia, también sucedió hacia el 420 a.C. algo parecido a una stasis, un enfrentamiento entre ciudadanos demócratas y oligarcas, que a la postre desembocó, al final de la guerra peloponesia y a consecuencia de la intervención espartana, en la caída del régimen democrático de la ciudad. Con ello Esparta se sacó una espina clavada durante décadas, ya que Elis constituía una democracia en pleno Peloponeso, el coto privado de los espartanos.

  5. Griego, deje de reseñar cosas de griegos para hacerme leer cosas de griegos.

  6. Así es la vida…

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