«–Si pudiera usted convencerse –insiste el guía– de que la guerra no está perdida… podría permanecer en el cargo… –Usted sabe que no puedo convencerme de tal cosa. La guerra está perdida. –Si creyera usted que la guerra aún puede ganarse… Si pudiera al menos creerlo, entonces todo estaría bien. –No puedo, ni aun poniendo todo de mi parte». Albert Speer nació en Mannheim en 1905, así que la Segunda...[Leer más]
No quiero hacer un daño irreparable a su vida. Me queda todavía el suficiente entendimiento racional para suplicarle –a despecho de mis deseos, de mi esperanza, de mi sincero amor– que piense antes y después. Si mediante alguna clase de invención se puede hacer satisfactoriamente, de suerte que después pueda usted vivir como quiere, en ese caso, si eso es posible, no es cosa para escribir. No hay ...[Leer más]
«Si he podido aportar algo a las matemáticas es por lo difíciles que me han parecido siempre. Todo lo que leía o lo que me contaban se antojaba imposible de entender. Entonces me preguntaba si no podría simplificarse de algún modo… ¡y la mayoría de las veces así era!». Ya es toda una tradición consolidada en esta casa (me temo que la culpa es de un servidor) la de comentar y reseñar libros ...[Leer más]
Mi pregunta es, por tanto, la siguiente: ¿qué función cumple la violencia en los textos en los que el monoteísmo bíblico relata y rememora su propia formación, así como su victoria? Se advertirá que no pregunto “¿por qué el monoteísmo se impuso de manera tan violenta?”, sino “¿por qué su victoria es presentada y rememorada en el lenguaje de la violencia?” Partimos de la premisa siguiente: ningún t...[Leer más]
Conquisté la ciudad. Abatí a 800 tropas de combate con la espada y les corté la cabeza. Capturé vivos a muchos soldados. Al resto los quemé. Me llevé valiosos tributos. Levanté un montículo de hombres vivos y de cabezas ante su puerta. Empalé en estacas a 700 soldados ante su puerta. Arrasé, destruí y convertí la ciudad en una colina de escombros. Quemé a sus muchachos y muchachas adolescentes. As...[Leer más]
Una vez se hicieron con el control de la ciudad, no tuvieron ninguna consideración con nadie, y mataron a los que destacaban por su riqueza, linaje o reputación, con el fin de quitarse de encima el miedo y de arrebatarles las riquezas. Y en poco tiempo acabaron al menos con 1.500. Aristóteles, Constitución de los atenienses, 35,4. «No mucho después de estos acontecimientos» es la conocida frase co...[Leer más]
Ni siquiera podía permitirse tener miedo. Patch sintió el roce de una mano. Dio un respingo. No estaba solo. Thriller habemus. Pero no, esta novela en realidad no es un thriller. Da igual, dejemos a un lado las etiquetas. De hecho y ya puestos, dejemos a un lado unas cuantas cosas más: preparémonos para suspender los sentidos, ajustar las válvulas lectoras a lo que requiere este tipo de novelas, n...[Leer más]