¡TIERRA, TIERRA! - Sándor Márai
4 de Julio de 2008
“No se puede discutir con fanáticos,
y todavía menos, si para colmo son estúpidos”
S. Márai
Sándor Márai (Kassa, 1900 -San Diego, 1989), es un escritor húngaro redescubierto en la Europa occidental a finales del siglo XX y sobre todo en los primeros años del XXI, autor de novelas, ensayos, artículos, etc. Aunque en otra parte ya he hablado sobre este escritor, diré, para los que no conozcan su obra, que Márai se enmarca dentro de un estilo elegante, centroeuropeo, burgués, muy en la línea de su contemporáneo Stefan Zweig, y sus novelas están centradas en personajes que reflexionan sobre sí mismos o sobre su pasado, la acción suele ser lenta y a veces casi inexistente, pero se crea un espacio, un aire propio, un mundo que es lo que hace de un escritor que se le recuerde por ello.
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Mientras el Imperio Otomano espera la rendición de Viena en los últimos días del asedio, en Roma se declara un posible brote de peste en una posada, el Donzello. Dicha posada es puesta en cuarentena dejando atrapados en su interior a los clientes, al dueño y a su ayudante, el mozo que narra toda la aventura, recogiéndola en un diario. A partir de aquí comienza a desarrollarse toda la intriga, acción y misterio propia de una novela de detectives ubicada en pleno siglo XVII, pero también comienza la desesperación por parte del lector, el cual llega a sentirse como los personajes del Donzello: atrapado y sin salida, ante una lectura que avanza lentamente, desviándose con tramas e historias secundarias.
Es curioso, pero al verlo anunciado en internet (30 páginas distintas con la misma información: La de la contraportada) me hice una imagen totalmente equivocada del libro. Como supongo que por aquello de compartir los mismos procesos cerebrales otros habrán llegado a mi misma conclusión, voy a describir la novela a la vez que elimino mis propios errores de juicio respecto a la misma.
Las primeras impresiones siempre tienen su importancia. Si son certeras, las menos, siempre quedan en el recuerdo pero si no lo son, siempre es más satisfactorio sorprender que decepcionar.
Seguro que alguien, al ver esta breve reseña, sonríe un poco y piensa, “¡Otro de la Guerra de la Independencia!, ¡a ver si variamos, hombre…!”. Seguramente tendrá razon, en parte debido a que, incluso desde antes del 2 de Mayo, estamos sufriendo una sobresaturación de este tema. Pero, por otro lado, hemos de verlo de la siguiente manera: durante mucho tiempo este tema ha estado arrinconado en el olvido, por una simple frase…”Ahora no toca”. Desgraciadamente, actuamos con las citas históricas a rachas, cuando se acerca un centenario, una festividad nacional o local, un homenaje… Por eso ahora es el tiempo, el poco tiempo que tenemos, para reivindicar un hecho de tan gran magnitud que cambió el destino de España en el devenir del tiempo y lo marcó para convertirse en identidad propia. Sí, es otro libro más de la Guerra de la Independencia, pero sí, es un libro para recordar nuestras raíces.
“El arte es sobre todo un estado del alma”. Marc Chagall.
A medida que leía este libro, recordaba la famosa serie de la BBC “Yo, Claudio”, que tan buenos momento me hizo pasar. Si el lector no permaneció indiferente mientras en la pantalla un inspiradísimo Derek Jacobi nos hacía sufrir en las carnes del pobre Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico las vicisitudes de una parte de la dinastía Julio-Claudia, está de suerte. Porque la lectura de “Césares” le proporcionará una experiencia tan agradable como la que proporcionó a los aficionados a la novela histórica aquella famosa serie de televisión.
Como dice el subtítulo del libro, este narra la historia del “primer combate del día D”. El 6 de Junio de 1944, poco después de las 00:00, 181 hombres dirigidos por John Howard comenzaron un combate para tomar un puente (en realidad dos) sobre el canal de Caen. Del éxito de esta acción dependía en cierta medida el posterior desembarco (desembarco de Normandía), que comenzó un poco más tarde.
El libro de Robin Lane Fox, afamado historiador británico, de quien recientemente Crítica ha publicado
Cuando en la mañana de Reyes abrí el envoltorio y me encontré con Tierra Firme, de Matilde Asensi, noté frío por la espalda, y cerca estuve de sufrir un mareo.
Alterno la lectura de dos novelas, adquiridas el mismo día en la misma librería de viejo: ‘Una cuestión personal’, del Premio Nobel japonés Kenzaburo Oé, y la novela histórica ‘Nevaba’, obra del escritor francés Patrick Rambaud (de quien nada sabía hasta entonces). El primer libro me generaba gran expectativa, por el prestigio del autor y la fama del título. El segundo era una adquisición casi fortuita; portada atractiva, tapas gruesas, un excelente estado salvo algún deterioro sufrido por la sobrecubierta. El tema pintaba bien: la campaña de Napoleón en Rusia, novelada en menos de 300 páginas. No siendo caro, acabé por depositarlo en la bolsa de compras junto con el de Oé.
Vayamos por partes.
Almudena de Arteaga, descendiente de la princesa de Éboli, se dedicaba a la abogacía antes de escribir este super-ventas traducido a 4 idiomas y pasar a los anales como literata de éxito, o lo que es lo mismo, antes vivía de pobres litigantes y ahora de nosotros, pobres lectores.
Para quien haya podido quedar perplejo tras la lectura del precedente título me apresuro a aclarar, aunque por obvio no sería necesario, que las Memorias de Godoy las escribió Godoy, no Enrique Rúspoli. No obstante, lo transcribo tal como figura en el lomo del libro, si bien la portada es más esclarecedora y disipa cualquier duda por cuanto detalla: «Memorias de Godoy. Estudio preliminar y edición de Enrique Rúspoli. Primera edición abreviada de Memorias críticas y apologéticas para la historia del reinado del Señor D. Carlos IV de Borbón».










